Mesa de Redacción

¡Qué prisas!

Por Arantxa Lopetegi - Jueves, 11 de Octubre de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Todos los años me pasa lo mismo y no aprendo, siempre me llevo el mismo berrinche. Hace unos días entré a hacer la compra al supermercado y me lo encontré lleno de turrones (el duro, el blando, los de chocolate y los de colorines, que creo que no gustan a nadie) y de calendarios de Adviento. Todos los años protesto por el empeño que tienen las marcas por intentar acelerar el paso del tiempo, que ya va rápido sin necesidad de ayuda. Y no hay año en el que cuando colocan los primeros abrigos y las botas forradas de borreguito no me den ganas de entrar en la tienda y enseñarles que el termómetro marca 25 grados y que no hay necesidad de amargar al personal, que el invierno llega sin necesidad de invocarlo como chamanes de la moda. Pero ayer la vida me demostró, una vez más, que si no quieres taza, te tocará taza y media. Paseaba por la ciudad cuando me encontré con un animado grupo de turistas cuya guía, en vez de usar el socorrido paraguas para hacerse notar, llevaba un precioso peluche de un muñeco de nieve que movía con gracia para que le siguieran. A punto estuve de arrancárselo. Luego me serené y, como entre los turistas había muchos de rasgos asiáticos, pensé que igual funcionaban con el calendario chino. Un consuelo fácil.