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“Futuro negro” tras medio siglo

Una redera cose las redes de un barco en el puerto de Getaria en compañía de un pescador, ayer.

Cuando los barcos pesqueros partían del puerto de Getaria, nadie se acordaba de las rederas que hacían posible su labor. De día o de noche, ellas llevan toda la vida realizando esta imprescindible tarea, a pesar de su incierto porvenir

Reportaje y fotografía de Nagore Odriozola - Miércoles, 12 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Hasta 40 eran las mujeres que antaño formaban el grupo de trabajo de las rederas de Getaria. Sin su labor, los 26 barcos de la localidad que hace décadas faenaban no tendrían cómo hacerlo. Sin redes en óptimas condiciones no es posible pescar. Así de simple. Resulta curioso cómo una tarea tan imprescindible haya pasado tan desapercibida durante toda la vida. “Ahora parece que estamos de moda”, bromean dos de las 16 que hoy en día continúan en activo en la denominada Escuela de Rederas,un local que, por cierto, no cumple hoy en día funciones de escuela.“Nadie viene a aprender aquí. Nosotras hemos aprendido en casa y enseñamos también en casa. ¿Quién iba a dedicarse a dar clases aquí?”, comentan de forma retórica las presentes.

Y es que, con las condiciones laborales en las que estas mujeres deben cumplir su función (son autónomas y es un oficio que no garantiza unas determinadas horas de trabajo, ya que depende de los barcos que van llegando y sus necesidades), ninguna se podría permitir el lujo de simplemente venir a aprender. “No es un trabajo difícil, en realidad. Pero hay que saber hacerlo bien y para ello hay que echarle horas”, comenta una mujer sin dejar de empalmar la cuerda a la red. “Nosotras aquí estaríamos dispuestas a hacer el seguimiento de cualquiera que se nos una, pero la realidad es que nadie quiere ya dedicar su vida a este oficio”, se lamenta otra. Todas coinciden en que el futuro de las rederas es “bastante negro” y se preguntan a quién le interesa que este oficio siga siendo posible. Quizás se debería empezar a replantear la estructura “desde abajo, no construir la casa por el tejado”, sugieren.

Las cuatro mujeres presentes en la lonja se concentran todas en una única red. Al parecer, se trata de una auténtica “reliquia” que nació junto al barco Irigoien en el año 1992. Uno de los hermanos continúa con sus labores de pescador en esta embarcación y, por tanto, las cuatro hermanas rederas siguen con sus respectivas tareas. “Mientras la familia siga involucrada, aquí seguiremos”, afirma una de ellas mientras señala la enorme red que tiene en sus manos. “Mide 300 brazas (alrededor de 500 metros), y no mantiene ningún trozo original”, comenta. El trabajo realizado sobre ella es más que notable. Tras 50 años ejerciendo el oficio, una de las hermanas recuerda sus inicios. “Tenía 14 años y al terminar la escuela empecé con esto porque no había nada más que hacer”, comenta y añade: “Lo cierto es que después de tantos años, ahora que estoy jubilada, lo sigo viviendo casi como el primer día”. La pasión que se percibe en sus palabras es realmente llamativa, pues salta a la vista que se trata de un oficio de considerable exigencia física.

Ahora trabajan, si no hay ninguna urgencia, siete horas y media al día pero han llegado a trabajar hasta 12. “Tuvimos que regularlo porque era insostenible”, afirman y ponen sobre la mesa el futuro incierto del oficio: “Llegará un día en el que por mucho que trabajemos hasta en domingo, no habrá manos suficientes para tanta labor”. “Aquí hemos solido llorar mucho de impotencia, porque faltan manos, pero la satisfacción de ver un barco partir sigue siendo indescriptible”, concluyen.

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