Pilar del Río Periodista, traductora y Presidenta de la Fundación Saramago

“Si el ser humano usa la razón y la conciencia, tendrá obligaciones”

Fotograma del documental ‘José y Pilar’, que muestra el lado personal de Saramago junto a Del Río.

La Declaración de Derechos Humanos “se escapaba de las manos ” y hacía falta un nuevo paso: Del Río explicará hoy en Donostia la ‘Carta de Deberes y Obligaciones’

Jurdan Arretxe - Martes, 11 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

donostia - La periodista y traductora Pilar del Río (Castril, Granada, 1950) preside la fundación del escritor portugués fallecido en 2010 José Saramago, con quien se casó en 1988. De la mano de Baketik y San Telmo Museoa, hoy a las 19.00 horas presenta en este enclave la Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de los Seres Humanos, que ya está en manos de la ONU.

¿Qué les lleva a presentar la Carta?

-La conciencia de que el documento más importante de nuestro tiempo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se nos estaba escapando de las manos. Tal vez los gobiernos, como sugirió José Saramago en su discurso del Nobel, no están haciendo lo que deben, porque no pueden o porque no quieren. Él se preguntó: ¿y los ciudadanos? Queremos asumir el deber de nuestros derechos.

¿Hace falta hoy más una Carta de Obligaciones que de Derechos?

-Claro. Los derechos pueden ser de los estados, son regulados… y aquí hablamos de los ciudadanos, que también tenemos derechos. El primero, exigir que se respeten y se cumplan todos los derechos: a vivir, a vivienda, a trabajo… Nosotros, los ciudadanos, tenemos la obligación de intervenir. Lo que enunciamos es la ética de la responsabilidad.

¿Esta Carta de Deberes es la fórmula para un mundo perfecto?

-No habría mundo perfecto nunca, pero si todos asumiéramos nuestras responsabilidades y deberes cívicos, el mundo no sería perfecto, pero sí más habitable y ameno. En esta Carta, la comisión redactora, las asambleas que se convocaron y participaron filósofos, activistas, historiadores, políticos… pensamos que en 1948 la Declaración era un documento necesario y útil, pero desde entonces se ha avanzado y hay deberes que no están contemplados.

¿Por ejemplo?

-El deber de cuidado, el que tenemos hombres y mujeres con nosotros mismos, con los animales y con el medioambiente. Esto depende de nosotros, no lo vamos a dejar en manos de las multinacionales, en manos de las mafias. El respeto a las políticas de género e igualdad también son importantísimos y en aquel momento no formaban parte de la agenda.

¿Episodios como la venta de armas a Arabia Saudí en un mundo complejo justifican más la Carta?

-Estoy profundamente indignada, porque los gobiernos de este Estado han dejado que sean los trabajadores, que necesitan ese salario para vivir, los que tomen la decisión, que será la peor: fabricar armas que matarán a familias porque ellos tienen que salvar las suyas. Nunca jamás un estado que cuida puede dejar esa decisión en manos de quien lo necesita. Esa reconversión se tenía que haber hecho ya. Dirán que la empresa solo puede fabricar eso. Pues mire usted, esa empresa no puede fabricar. Para eso está el Parlamento, ¿no?

¿Le recuerda este episodio a ‘Alabardas’, la novela póstuma e inconclusa de José Saramago?

-¡Por el amor de Dios!, es que contó eso: el honesto ciudadano que hace muy bien su trabajo, cumple con todas las normas, nunca se saltaría un semáforo, paga sus impuestos y no grita a sus vecinos, pero fabrica armas que van a matar a otras personas. Eso no se lo plantea, porque de algo hay que vivir. Siempre se puede utilizar el subterfugio de que son armas defensivas, que como todos sabemos, no matan...

15-M, 8-M, los pensionistas… ¿Qué está cambiando?

-El empoderamiento de los ciudadanos. Ahora tendría que salir en los obreros. Esos sindicatos tendrían que estar en la calle y yo quiero estar con ellos. No pueden ser solo los de Cádiz. Tienen que ser los de todas partes, saliendo y diciendo que cambien el modelo de fabricación. Los grupos que han tenido su representación política en el 15-M han sido denostados y ridiculizados hasta el extremo por los medios nacionales, y en las políticas de género, todo lo que pueden y un poco más.

¿Un ciudadano sin obligaciones deja de ser ciudadano?

-Sin obligaciones, sin solidaridad, sin conciencia ni razón no se considerará un ser humano completo, porque le falta el uso de las dos atribuciones que le distinguen de otros seres vivos: la razón y la conciencia. Si las usa, tendrá obligaciones.

Esta Carta de Deberes y Obligaciones surge del discurso del Nobel, que vuelve a estar presente con motivo de la publicación del sexto ‘Cuaderno de Lanzarote’. ¿Qué supuso encontrarlo?

-Me morí, me morí, de verdad. Entrar en mi ordenador, sola en casa, abrir y de pronto encontrarme lo que se estaba contando de aquí a veinte años… Fue una experiencia única y que no sé si se la deseo a otras personas. Una amiga de Portugal me decía en portugués “José está jugando contigo”...

Aquellos meses también llevan a Ricardo Viel a escribir ‘Un país levantado en alegría’, que verá la luz también en unas semanas. ¿Es más necesario aquel discurso?

-Era necesario y lo es ahora, es el discurso de un hombre que ve y que conoce su tiempo, un tiempo que ha producido un escritor capaz de expresarse y de expresarnos con lucidez, belleza, profundidad y desgarro. El libro de José Saramago es el día a día muy organizado hasta octubre (cuando se entregó el Nobel), y luego ya algunas entradas pero menos, porque la casa fue un caos. El de Ricardo refleja la vista de aquellos días desde fuera, de los ciudadanos, la alegría y el crecimiento que significó para tantas personas. El discurso es necesario, pero también lo es ver que la gente no solo se alegra por un partido de fútbol, sino que puede salir a la calle por miles de personas o llorar por un motivo cultural o de humanidad, porque sintió que aquel premio les competía. Hablo de Portugal, pero también de España, México, Brasil, Argentina o de los mejores. Gabriel García Márquez dijo que aquel premio era nuestro porque no diferenciaba entre la Península Ibérica y América. Somos lo mismo.

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