Mesa de Redacción

Árboles

Por Harri Fernández - Martes, 11 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

jerónimo Melrinho era un pastor que no sabía ni leer ni escribir y, sin embargo, para su nieto era el hombre “más sabio” que conoció en su vida. Un día, entrado ya en edad, antes de marchar hacia el hospital, caminó con tristeza por sus terrenos y abrazó, uno a uno, todos los árboles que allí, ajenos a lo que ocurría, continuaban su ciclo. Lloró con cada nuevo abrazo;sabía que era la última vez que los iba a ver. Años después el nieto de aquel pastor analfabeto recibió el Nobel de Literatura y no dudó en alabar a sus abuelos, a aquellos que más le enseñaron, pues tenían el conocimiento de lo importante. El galardón le sirvió también para plantar algo que solo ha podido florecer 20 años después. Y es que en uno de sus discursos, José Saramago sembró la semilla de la Carta Universal de los Deberes y Obligaciones de las Personas, que será presentada hoy en Donostia (San Telmo, 19.00 horas), por Pilar del Río, presidenta de la Fundación Saramago y viuda del escritor, que recoge y desarrolla la premisa de aquel, por la que los derechos humanos no pueden garantizarse si a las personas no se les exigen -nos exigimos- ciertas obligaciones. Sería como abrazar un árbol podrido por dentro, sin raíces que lo sostengan y alimenten, y llorar, no por la pena de no volver a ver crecer algo bello, sino lamentarse por algo que nunca estuvo sano.

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