Pólvora y sonrisas en el día grande

Hondarribia vibró ayer con gran emoción en la celebración de su Alarde, con el que se rememora la resistencia al asedio francés de 1638 y se renueva el voto a su patrona, la Virgen de Guadalupe, en un día espléndido y radiante.

Un reportaje de Jon Guezala Fotografía Javi Colmenero - Domingo, 9 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 09:54h.

Aunque la llegada de septiembre en Gipuzkoa suele ser más bien un presagio de lluvia, los hondarribiarras pudieron disfrutar ayer del día grande de sus fiestas patronales con unas condiciones climatológicas estupendas.

Las 21 compañías y unidades que conforman el batallón del Alarde tradicional se reunieron, como lo hacen anualmente, en los jardines de Gernikako Arbola tras recoger, excepto la Escuadra de Hacheros, a sus respectivas cantineras. A las 8.55 horas, el burgomaestre, Iñaki Sagarzazu, dio la orden al cornetín y los aproximadamente 5.000 hombres y las 20 cantineras partieron hacia Arma Plaza, pasando por una calle Mayor que se deshizo en loas y aplausos. En este primer tramo del recorrido, el público, mayormente femenino, se entregó principalmente a las jóvenes mujeres que protagonizan el día, que se mostraron muy conmovidas.

Idritza Olaziregi, cantinera de la compañía Jaizubia, confesó haberse “emocionado muchísimo al cruzar el arco de Santa María. Había un montón de gente aplaudiéndome y vitoreándome, sobre todo mis amigas, que estaban como locas por verme”.

Una vez la tropa entera estuvo reunida en la plaza, los 21 mandos de las unidades y la Escuadra de Hacheros acompañaron a la compañía Arkoll hasta el pórtico de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y del Manzano, donde se recogió la bandera de la ciudad que más tarde sería depositada en la ermita de Saindua.

De vuelta en la plaza, el burgomaestre ordenó tres descargas de infantería y salvas de artillería y, aunque las dos primeras fueron impecables, algunos soldados apretaron el gatillo antes de tiempo en la tercera, lo que ocasionó algún abucheo por parte del público.

 Ya en la bajada hacia Saindua, todas la compañías de infantería realizaron una descarga más frente a la parroquia, llenando la calle Mayor del característico humo con olor a pólvora de las escopetas del Alarde. Todas las unidades fueron llegando una a una a la ermita, donde sus capitanes saludaron al burgomaestre y ordenaron a sus respectivas tropas una última descarga de fusilería antes de romper filas y poner rumbo a Guadalupe.

Pero antes de partir, el burgomaestre dedicó las siguientes palabras a NOTICIAS DE GIPUZKOA:“Hoy estamos viviendo un buen Alarde, la climatología nos está acompañando y no hemos tenido ningún incidente. Además, se cumplen 380 años del cumplimiento del voto a la Virgen, por lo que la celebración es especial”.

misa de renovación Tras el ascenso a Guadalupe, su santuario albergó la misa con la que los hondarribiarras renovaron el voto a su patrona en agradecimiento por la liberación del cerco francés que asedió las murallas de la villa durante 69 días en 1638.

A mediodía, después del oficio religioso en el santuario, el alcalde de Hondarribia, Txomin Sagarzazu, destacó la buena labor de los “organizadores del Alarde, que todos los años buscan ofrecer la mejor versión de la festividad y se nota en todos los aspectos”.

Por la tarde, el Alarde se retomó desde la ermita de Saindua y el batallón se dirigió hacia las calles de la Marina, para culminar la jornada en Arma Plaza, cuando el burgomaestre dio la orden de romper filas y las compañías descendieron la calle Mayor al son del Zapatero