Quousque tandem...!

Diálogo sindical

Por Carlos Etxeberri - Domingo, 9 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 08:41h.

En los últimos días estamos viendo por parte de los líderes políticos apelaciones al diálogo y a ensanchar con otros adversarios acuerdos alcanzados con anterioridad con otras formaciones en aras a conseguir el mayor consenso en un nuevo estatuto para este país que supere el actual marco jurídico-político conforme a las necesidades planteadas por la mayoría de la ciudadanía vasca.Son llamamientos al diálogo y a la búsqueda del acuerdo y consenso entre diferentes para que este país siga transitando por la vía del progreso y desarrollo que tiene mucho que ver con la necesidad de continuar con una situación de estabilidad política e institucional y que es la base para que los proyectos de futuro se diseñen de manera sólida y eficiente.

Mientras en política se habla en términos de diálogo, en el mundo sindical esta palabra se ha convertido en tabú, salvo que se coincida con la estrategia del sindicato mayoritario que basa su actuación en la confrontación a todos los niveles.

Curiosamente, la situación resulta paradójica cuando la apuesta que hoy se está haciendo por el nuevo estatuto vasco y el ambiente de diálogo y acuerdo que existe entre los partidos políticos, bien podrían tener su origen en la unidad de acción que los sindicatos ELA y LAB, a cuyo frente se encontraban Joxe Elorrieta y Rafa Diez Usabiaga, respectivamente, impulsaron hace 20 años y que sirvió para poner patas arriba el status quo político de aquel momento.

En primer lugar, la escenificación en clave de liderazgo de los sindicatos abertzales como agentes sociales de primer nivel por su gran poder de movilización entre los vascos frente la desunión y el enfrentamiento en la que se encontraban los partidos políticos tuvo como primera consecuencia la proclamación, –por vez primera y de manera pública–, de que el estatuto de Gernika estaba muerto no ya por su incumplimiento, sino porque ya no servía a las aspiraciones de los vascos.

En segundo lugar, la unidad de acción ELA-LAB sirvió de elemento tractor para forjar el Pacto de Lizarra-Garazi, –que tuvo lugar el 12 de septiembre de 1998–, en donde, por primera vez desde hacía mucho tiempo, todas las formaciones políticas abertzales se reunieron en torno a una mesa para sentar las bases de un proceso de diálogo y negociación que trajera la paz a este país. Ese acuerdo tuvo como primer resultado la proclamación por parte de ETA de una tregua que solo duró un año y que se truncó con las acusaciones de la organización terrorista al PNV y EA de que buscaban más terminar con su actividad que luchar por el soberanismo vasco.

Con estos mimbres históricos y teniendo en cuenta la situación actual en la que se encuentran los sindicatos abertzales, se entiende como una reflexión lógica y congruente la afirmación del exsecretario general de LAB y hoy, responsable de Orientación Estratégica de Sortu, Rafa Diez Usabiaga, de que el sindicalismo abertzale no existe ya como sujeto político.

Y esa pérdida de influencia política tiene una causa que es la actitud que desde hace mucho tiempo, sobre todo desde la llegada a la secretaria general de ELA de Txiki Muñoz, mantiene este sindicato como mero observador y analista crítico de las políticas de las instituciones, sin que exista “una praxis coherente tanto en términos políticos, como en el plano sindical y social”, según Rafa Diez Usabiaga.

Si en estos 20 años y con unos dirigentes sindicales comprometidos con plantear soluciones a la situación que vivía el país, la unidad de acción entre ELA y LAB no ha podido materializarse, a pesar de los múltiples intentos que han producido en el camino, hoy esa alianza se antoja como imposible dada la divergencia que existe entre las dos organizaciones, no ya en términos estratégicos y tácticos en el ámbito político, sino en la negociación colectiva, sobre todo a la hora de la utilización de la huelga como instrumento de presión por parte de los trabajadores.

ELA sigue empeñada en la confrontación sindical y social con el Gobierno Vasco y el PNV, que le está costando la ausencia de una interlocución con este partido no ya en el ámbito de Euskadi, sino en aquellas cuestiones que se discuten en Madrid y que afectan al marco laboral vasco, mientras que LAB ha alcanzado acuerdos en educación pública con el Ejecutivo de Urkullu que sirvieron para desconvocar una huelga en el sector en la pasada primavera y participó de manera crítica, para después de levantarse, en la mesa sobre la brecha salarial convocada por Gasteiz.

Según ELA estas decisiones tienen que ver con el acercamiento que existe entre EH Bildu y el PNV y que ha dado lugar al acuerdo de bases para un nuevo estatuto vasco, donde la existencia de una unidad de acción sindical podría chocar en la clave de interpelación continua que proclama el sindicato de Muñoz.

desencuentros Sin embargo la manera de entender la utilización y la eficacia de la huelga como elemento de presión en la negociación colectiva y de reivindicación en la mejora de las condiciones laborales de los trabajadores ha sido el último punto de fricción de un intento de unidad sindical que no ha podido cuajar por la diferente forma de entender la acción sindical de las dos centrales. El descuelgue de LAB de la huelga de educación pública y el no apoyo a la del sector de residencias de Bizkaia, de la que ELA hizo bandera, han sido las dos gotas de agua que han desbordado un vaso de desencuentros que vienen produciéndose de manera intermitente desde hace 20 años. Es un quiero y no puedo que no solo no lleva a ningún lugar, sino que está debilitando la fuerza del movimiento sindical abertzale como agente social de este país.

No puede ser que ELA fije la acción estratégica con LAB en basar la negociación colectiva en la celebración de huelgas sin importar la realidad de cada sector y las circunstancias en las que se encuentran sus trabajadores y de acusar a la central de Garbiñe Aramburu de desmarcarse de esa estrategia, cuando su utilización debe estar medida, ya que es el último recurso de presión que disponen los asalariados.

El fracaso de algunas huelgas como la que hace algo más de una década se registró en la empresa Pferd Rüggeberg (Caballito) de Gasteiz, que ha sido la más larga en la historia de este país con una duración de casi dos años, gracias a la caja de resistencia de ELA, y el efecto que ha tenido la crisis entre los trabajadores con un aumento de la precariedad y una pérdida del poder adquisitivo de los salarios, requiere de otros planteamientos que tienen que ver con una mayor eficiencia y eficacia. La huelga no puede ser un fin en sí misma.

También la actuación de los sindicatos no solo debe circunscribirse a la negociación colectiva, sino también están obligados a hacer propuestas para responder a los grandes cambios que en el mundo laboral van a registrarse en muy corto plazo de tiempo como consecuencia de la revolución tecnológica y digital que ya se está empezando a producir en las empresas. La globalización y la existencia de Internet están originando ya de facto un cambio en conceptos como la jornada laboral y su desarrollo en un solo lugar físico, mientras que el desarrollo de la inteligencia artificial no solo va a provocar la desaparición de algunos empleos que hoy conocemos por otros nuevos, sino que va a tener un efecto directo en todo el entramado legal, en particular, el referente al mundo laboral. Y en este terreno no se conoce, al menos públicamente, preocupación y respuesta por parte del mundo sindical.

La celebración de las elecciones sindicales, en cuyo arranque existe un periodo concentrado que comienza este mes de septiembre y concluye en diciembre, no es el mejor escenario para que el ambiente en el mundo sindical abertzale se tranquilice, sino todo lo contrario porque cada una de las organizaciones están en la disputa de los votos que le otorguen mayor representatividad y presencia en los centros de trabajo. Aunque el mapa electoral no sufra muchas variaciones, sin embargo, la consolidación de las posiciones aventura que el futuro de las relaciones entre los sindicatos abertzales no será muy diferente a las que en este momento estamos viendo. A la espera. l