Karen Sanders catedrática de la universidad de St. Mary de Londres

“Es bueno tener cierta desconfianza hacia las estructuras de poder”

Sanders, experta en Política y Comunicación, aboga por adoptar un populismo positivo que acerque las instituciones a las preocupaciones reales de la sociedad

Iraitz Astarloa - Viernes, 7 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

donostia - Ha tenido la oportunidad de conocer el modelo de gobernanza que propone la Diputación de Gipuzkoa a través de Etorkizuna Eraikiz. ¿Qué opinión le merece?

-Están haciendo un trabajo innovador, realmente necesario y tengo muchísima admiración por la labor que se está realizando aquí. Es la segunda vez que tomo contacto con este proyecto y lo que me agrada mucho es ver la humildad de decir: Queremos aprender de nuestros fracasos. Eso es muy importante, porque cuando tienes un modelo nuevo siempre va a haber cosas que no funcionan y hay que tener una actitud de aprendizaje y realmente estudiar los fracasos y aprender de ellos. Pero en el mundo actual, el sistema político que está tan en cuestión y en crisis, no ir por los derroteros que ha tomado la Diputación de Gipuzkoa me parece un error.

¿Cuáles son los puntos fuertes de esta apuesta?

-He dicho uno: que están queriendo aprender de las cosas que no funcionan, no ser complaciente con la labor que están realizando. Están haciendo un proyecto con el que quieren acercarse a los ciudadanos, no que diga a los ciudadanos: Ven a nosotros. Y están tocando puntos neurálgicos de la sociedad guipuzcoana y vasca, tales como ciberseguridad, envejecimiento, etcétera.

Participación de la ciudadanía en la agenda política, gestión transparente, permanente rendición de cuentas... son algunos de los ingredientes para tratar de recuperar la confianza ciudadana en las instituciones. ¿Es suficiente?

-A veces se adoptan formas de entender la relación con el ciudadano que para mí son excesivamente racionalistas. Es decir, el ciudadano hoy en día tiene muchas demandas sobre su tiempo, tiene muchas opciones de ocio y si quieres acercarte al ciudadano, tienes que entender su lógica y su modo de comunicar preferido, que puede ser con un fuerte contenido emocional, no ir con las pautas a veces excesivamente preconcebidas desde la Administración pública. Entender dónde está el ciudadano y cuáles son sus inquietudes y qué les inspira y les hace conectar.

Usted ha hablado de que en tiempos de populismo hay que escuchar a la ciudadanía.

-En España se ha hablado de populismo en términos de desaprobación, como si fuera algo que está mal. Pero el populismo tiene sus peligros y también sus aciertos. Utiliza un lenguaje muy asequible para el ciudadano, formas de presentarse atractivas, nombra temas que realmente preocupan a los ciudadanos, que a veces piensan que los políticos tradicionales no quieren tocar... El proyecto tiene que incorporar todo este tipo de reflexión. A veces se trata a los ciudadanos como si fueran homopolíticos, cuando es un ser humano.

¿En qué punto está la relación entre la ciudadanía y la clase política?

-Todos los sondeos del mundo occidental hablan de desencanto, de sospecha. Y eso se ve en las votaciones que hemos tenido en Reino Unido con el Brexit, o con Trump en Estados Unidos. Hay un sentimiento de que existe una clase política profesional que no sabe de qué va la vida, que vive en su mundo, en su burbuja, y a veces hay algo de razón en eso. La relación es complicada. Claramente hay una desconfianza en la llamada elite, que incluye a los políticos, pero también a las organizaciones mediáticas, los jefes de grandes empresas... El 75% de la población no se fía de estas personas y hay mucho trabajo por hacer.

¿Estamos a tiempo de evitar el divorcio?

-Creo que tampoco hay que dramatizar demasiado. Es bueno tener una cierta desconfianza hacia las estructuras de poder. Pero una desconfianza que hace que las personas sean llamadas a opciones políticas excluyentes, que hacen chivos expiatorios de grupos sociales como estamos viendo en algunos países de Europa con populismos de derechas, ese sería para mí el peligro. Que nos encerramos en visiones muy parciales de la realidad en la que vivimos que nos llevan los que saben manipularnos mejor a opciones que recalcan lo peor del ser humano.

En este auge de los populismos, ¿qué papel juegan las redes sociales?

-La lógica mediática de la rapidez, la simplificación, la personificación, es una lógica que es absolutamente inevitable asumir en la política. Y ahí es donde se ve el éxito del populismo, que está caracterizado por la personificación, la simplificación de la complejidad, la inmediatez... Solo hay que ver cómo Trump utiliza sus tuits para ver que hay una sintonía entre estos fenómenos. Sería absurdo que la política y las administraciones públicas no adopten estas fortalezas del populismo. Se puede pensar que es como corromper la racionalidad de la democracia tradicional, pero creo que se pueden coger ventajas de esto. En Inglaterra están enseñando a los diplomáticos a utilizar Twitter y tener voz real para conectar con la ciudadanía y responder a sus inquietudes. Como todo, depende de cómo se utiliza y para qué se utiliza, puede ser muy bueno o negativo.

¿Están la sociedad y la clase política preparadas para esta revolución digital?

-Creo que hay una falta de coordenadas para saber a qué atenerte, qué te puedes y no te puedes creer. Es muy importante que en los colegios se haga mucho más con respecto a la alfabetización cívica. Cómo fundamentar la verdad de lo que se está leyendo. Haría falta tener mucha más formación para entender el mundo en el que estamos, tener discernimiento y herramientas para no ser manipulados.

¿Es la educación la forma de combatir los populismos?

-No creo que haya que frenarlo, sino entenderlo y ver cuáles son los gérmenes negativos, que te pueden llevar por caminos de exclusión, y cuáles son los puntos positivos. Un punto positivo es hablar en lenguaje claro y positivo para el ciudadano, entender el lugar de la emoción en la comunicación, el escenario, la estética... Los populismos entienden eso. No estaría de más que los políticos tradicionales fueran más populistas.

En esta revolución en las formas de hacer política están en auge las consultas ciudadanas. Pero, ¿cómo se puede gestionar esta oportunidad sin crear falsas expectativas?

-Hay que estructurar muy bien las consultas y saber bien qué quieres tener. Eso significa una cuidadosa preparación de la consulta en cuanto a las preguntas que haces, cuál va a ser la respuesta al resultado de la misma... Tienen que estar muy bien preparadas y pensar muy bien el fin porque si no solo se genera frustración. Y entonces es cuando la gente piensa: Si estoy diciendo verdades incómodas para ti, no quieres responderme. Eso lleva a la frustración y la noción de que los únicos que hablan de lo que me preocupa son los populistas.

¿Hay voluntad en la clase política de revolucionar la forma de hacer las cosas?

-En Gipuzkoa, desde luego lo veo. Hay verdadera ilusión y están realmente comprometidos en la tarea de cambiar la forma de hacer la política. Hay hábitos muy profundos y arraigados en las personas que han trabajado mucho en política. Hemos conocido una experiencia de consulta en Dinamarca y el comentario más repetido era que los políticos hablaban demasiado en las sesiones. Eso son hábitos de la clase política. Tienen que demostrar la capacidad real de escucha que tienen y saber que los temas que tienen pensados pueden ser cambiados de verdad. Lo tienen que demostrar. En teoría está, pero hay que ver la práctica.

¿Dónde se están llevando a cabo modelos de gobernanza punteros?

-Hay experiencias muy interesantes en Nueva Zelanda, donde se está haciendo muy bien el cambio de paradigma. Algunas partes de EEUU, Dinamarca... Hay muchas experiencias ahora, es algo que está cogiendo una fuerza considerable.

¿Cree que la revolución política no tiene vuelta atrás?

-Hay un cierto paralelismo entre la evolución de lo analógico a lo digital. Estamos en un mundo interconectado, interactivo, de Big Data... De la misma forma que las empresas están muy encima de lo que nosotros queremos, interactuando, diciendo que los mercados son conversaciones, la política tiene que adaptarse, si no sería un bicho raro en este mundo en el que estamos. Pero para eso necesitamos experimentar y paciencia, explicar muy bien qué queremos hacer para no despertar falsas expectativas y tener muy bien programado lo que se quiere conseguir y explicarlo, porque si no estás condenado a frustrar y reafirmar que todo es un ejercicio de marketing.