Mesa de Redacción

‘Baso erdiya’

Por Arantxa Lopetegi - Jueves, 6 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Curiosa es la forma en la que, de repente, hay un interruptor que te enciende una bombilla en el armario de los recuerdos. A una hora de esas en la que tomar alcohol parece que está reservado para algunos gremios muy madrugadores, escuché la voz de una mujer que pedía “tortilla pintxoa eta baso erdiya”. Algo se me movió muy adentro. “Perdone, no me aclaro muy bien con el euskera, ¿qué es baso erdiya?”, le preguntó el camarero. La respuesta no podía ser otra, “pues ¿qué va a ser? Medio vaso”. Y continuó la conversación, “¿y de qué?”. “Pues de vino”, no daba crédito la mujer ante tanta pregunta estúpida. Cuando se le sirvió el baso erdiya nada mejoró. “Jexus, txiko, erdiya esan dizut”, le habían servido un liso. Como anécdota no tiene más valor que el de evidenciar que hay quien sigue con el baso erdiya. Pero a mí algo se me revolvió. Y es que nuestros recuerdos son como esos cajones donde vas guardando cosas, una capa tras otra, hasta que te decides a hacer orden y sale esa carta que se quedó debajo del todo y de la que no te acordabas. Ese baso erdiya funcionó como una máquina del tiempo en la que me vi de la mano de mi aitona de txikiteo. Yo no quería ir, pero mi madre me lo pedía porque a él le hacía ilusión. Empiezo a entenderle.