Patrick Alfaya director de la quincena musical

“Ofrecer espectáculos como ‘Adio’ con Kukai en Arantzazu es dar vida al país”

Mikel Larunbe e Iñaki Artola celebran el triunfo sobre Danel Elezkano y Beñat Rezusta en Lekeitio.

La Quincena Musical acabó este fin de semana con un aumento de 37.000 espectadores. Su director, Patrick Alfaya, se muestra satisfecho con la edición

Harri Fernández Iker Azurmendi - Jueves, 6 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

donostia - ¿Qué valoración hace de esta 79ª edición de la Quincena Musical?

-Se han celebrado 93 eventos. No he visto todos, sería imposible, pero sí que habré estado en la mitad. De todos ellos saco una valoración positiva. Siempre hay cosas que mejorar, sobre todo, en cuestiones de producción propia de la Quincena. En clave interna siempre piensas que quizá un concierto debería haber sido en otro sitio, o que a un músico le tenías que haber pedido otra cosa... El público, por su parte, ha sido juez de todo ello y creo que saca una valoración positiva. Los números son claros. Es cierto que el festival tiene 79 años y en este tiempo han venido diferentes generaciones de público. Será porque confían en la calidad del festival.

Hablamos de un aumento de hasta 37.000 espectadores.

-Hablar de cifras no me gusta mucho, porque puede ser que el próximo año no se cumpla la previsión. Además, la Quincena produce conciertos fuera de Donostia en espacios que varían mucho, sobre todo, en el Ciclo de Órgano, que es el segundo por cantidad de gente que asiste. Si eliges cuatro o cinco iglesias muy grandes metes a cientos de personas, si otro año recurres a espacios más íntimos, los números bajan en 2.000 o 3.000 personas.

En cualquier caso, la gente responde.

-Crecemos y la gente sigue viniendo. Estamos en la provincia más pequeña del Estado. En un lugar con una gran intensidad cultural, pero con no mucha población. Donostia, con 180.000 habitantes, tiene la Quincena, el Orfeón Donostiarra, la programación de Kursaal, además de teatro y otras mil cosas...

El arraigo de la propia Quincena es un motor de atracción, así como la tradición coral del territorio.

-No he hecho un estudio científico, pero algún día se debería hacer. Aquí todo el mundo tiene alguien cercano que canta en un coro, ha cantado o cantará. Eso la gente lo mama, por decirlo de alguna manera.

Volviendo a las cifras, el Kursaal se ha llenado en seis ocasiones con propuestas tan diferentes como ‘La creación’ de La Fura dels Baus o ‘Amoria’ de las hermanas Labèque.

-Ha sido una edición con propuestas bastante diferentes. Eso ha supuesto que haya público variado. A la primera función de La Creación fue mucho abonado de la Quincena, pero el segundo día era un público absolutamente distinto. Esto nos ocurre mucho con el ballet. El segundo día el público es diferente y tiene mucho peso femenino, aunque creo que es algo general. Los hombres recelan más de las propuestas culturales. Lo mismo ocurrió en Amoria, había muchos clásicos del festival pero también mucho público que igual no vino tanto buscando a las Labèque y a Carlos Mena, como a Thierry Biscary. Eso está muy bien. Da la posibilidad de salir de un contexto clásico, que es lo que es este festival, y aunar esos públicos, abrir a la gente otras expresiones culturales. Permite que el más clásico pueda ver que hay vida más allá y que el que esté más interesado a otras expresiones musicales se acerque también a la clásica.

El Ciclo de Música Antigua en Santa Teresa ha vuelto a rozar el lleno.

-En eso la Quincena está muy mal acostumbrada (ríe). El Ciclo de Música Antigua, los conciertos de San Telmo y dos citas del Victoria Eugenia se han llenado, también con un concierto como puede ser el de Jordi Savall y Carlos Nuñez con música diferente. Digo que estamos mal acostumbrados porque el público suele acudir de forma fiel. Estoy muy contento con ello, pero es algo histórico y de la labor que se ha llevado a cabo en estos 79 años. Los directores anteriores hicieron un muy buen trabajo. José Antonio Echenique fue el que abrió el festival hacia el territorio. Yo lo he ido expandiendo y quiero reforzar la propuesta hacia otros lugares. El público francés nos interesa, a la Quincena y a Donostia, no solo desde el punto de vista turístico, sino porque espero que algún día tengamos una Europa más unida y sólida, en la que las fronteras pesen menos. Hay que ser consciente, con todos los respetos, de que de aquí a Burdeos no hay otra gran ciudad. Lo lógico es que se mire a Donostia.

¿Cuánto público extranjero puede tener la Quincena Musical?

-No lo sé. No me atrevo a decirlo. Este año nos ha llamado la atención que en algunos conciertos ha habido más gente procedente del Estado francés, por ejemplo, en el concierto de Amoria o en el de Alexandre Tharaud en el Victoria Eugenia.

Han hecho una apuesta por intentar traer a un público más joven.

-He tenido la sensación de que en ciertos conciertos había un público más joven, pero es algo muy difícil de saber porque no puedes saber qué perfil de espectador compra la entrada por Internet. Tengo muy claro que la renovación del público de la clásica ocurre a partir de la madurez, a partir de los cuarenta y muchos años. Es muy raro que alguien se incorpore a la música clásica en la adolescencia o en la veintena. Se han cambiado muchas veces los formatos de los conciertos y ninguna ha funcionado. A los norteamericanos les encantaba en su día el rock sinfónico, pero cuando hablo de esto no hablo de ELO, me refiero al rock sinfónico hecho con una sinfónica. Lo otro no tiene ni pies ni cabeza. Quien quiere ver a Metallica se va a ver a Metallica de verdad.

Uno de los hitos del festival ha sido la representación de ‘La italiana de Argel’, una coproducción de la propia Quincena.

-Me gustaría producir más. A veces ópera y otras veces otros espectáculos. La ópera es cara de producir, aunque en esta ocasión nos ha salido igual que alquilar. Si nos juntamos con tres o cuatro teatros, existe un interés y encontramos un director de escena que nos interese a todos, hacerlo de vez en cuando es algo que está bien. Ofrecer Adio con Kukai en Arantzazu es dar vida al país. Es poder trabajar con ellos y que puedan proponer obras y puedan moverlas. Desde que estoy siempre he intentado que las orquestas hagan dos conciertos. Que puedan interpretar dos programas diferentes les permite demostrar sus cualidades de una manera más amplia. Además, nos permite que trabajen con un coro el segundo día que actúan. Tenemos que intentar generar sinergías que permitan, en un futuro, a ese coro salir.

¿Por ejemplo?

-El Orfeón Donostiarra ya tiene un nombre pero en los últimos años ha trabajado con orquestas con las que no lo había hecho con anterioridad en el marco de la Quincena. Estas le han invitado al extranjero para hacer giras. La semilla se plantó aquí y para mí eso es importante. Otro ejemplo es el de Amoria y el Coro Easo. Conseguimos que la coral actuase con el director de orquesta británico John Eliot Gardiner en La Pasión Según San Mateo.Le gustó el coro y se los llevó al concierto en Santander. Unos años después les habló a las hermanas Labèque del Easo, lo que ha provocado que graben con ellas y acaben de gira. Esa es la función del festival. Juntar una orquesta y un coro local no es una producción propia pero sí es generar una chispa que puede tener recorrido. El problema que tenemos para producir son los espacios, no somos un teatro, no tenemos una casa.

‘La italiana de Argel’ vuelve a Buenos Aires.

-Vuelve a Buenos Aires, sí, y en un principio se la queda allí. Si se quisiera volver a hacerla no habría demasiado problema. Por desgracia, mover una producción como esta en barco con tiempo cuesta poco dinero. Casi cuesta más moverla por la península que por mar. Digo por desgracia porque el gasto de combustible de esos barcos es brutal y estamos envenenando al mundo.

Han producido un espectáculo infantil, ‘Itsasotik eskolara’, que ha excedido lo musical, abordando lo social y lo ecológico.

-Ha sido, para mí, lo más bonito de todo el festival. La hemos financiado nosotros, pero es una producción que pertenece a esos niños y niñas que trabajaron durante semanas y semanas para sacarla adelante. Cuando planteé la idea puse encima de la mesa que tenía que tener una vinculación con la ecología. Desde el principio la directora de escena, Mafalda Saloio, se mostró encantada, al igual que Gorka Miranda, director del Easo. Ellos han sido los que desarrollaron la idea. Hablaron con Emaús para conseguir los elementos reciclados, pero esta organización fue aún más lejos con la implicación total de las personas, que ayudaron a construir gran parte de la escenografía y del vestuario. Para los niños y niñas también fue una experiencia muy enriquecedora el hecho de estar con esa parte de la sociedad con la que no se suele convivir.

Antes hablaba de Adio, de Kukai, que fue un espectáculo muy espiritual, muy adecuado para ese entorno, el santuario de Arantzazu.

-Arantzazu es un lugar muy especial con una fuerza impresionante. Ha sido la primera vez que hemos llevado la danza al santuario, pero era una ambición que tenía hace tiempo. No encontraba ni cómo ni con quién. Reunido con Jon Maya se nos ocurrió hacerlo en Arantzazu. Nos ha planteado muchos problemas porque la danza necesita representarse sobre un escenario. En medio se encuentra el inmenso altar de mármol que dificulta mucho las maniobras. Ha salido bien y creo que el público estuvo contento. Fue un espectáculo que mereció la pena.

Han anunciado que en 2019 vendrá la Filarmónica de Londres, con Juanjo Mena, y representarán la ópera ‘Madame Butterfly’.

-Cerraremos con Juanjo Mena y Javier Perianes, haremos los cinco conciertos de Beethoven y traeremos Madame Butterfly, que posiblemente no será una producción nuestra, sino que será alquilada. Hay muchas versiones muy bonitas de esta ópera. Tenemos dos o tres en mente. Hay veces que dices, esta producción es tan buena que para qué me voy a poner a hacer una. Lo bueno de Madame Butterflyes que creo que hay varias producciones muy interesantes que caben en el Kursaal y que no plantearían grandes problemas de espacio.

¿Se habían interesado por ella con anterioridad?

-La intentamos hacer hace unos dos años, pero el Teatro Real la había programado. Antes de aquí, se representa en el Festival de verano de San Lorenzo de El Escorial, y estos no querían entrar en conflicto.

¿Qué le atrae de esta obra?

-Puccini es uno de los grandes compositores de ópera. Sabe tratar muy bien el drama humano y su forma de escribir ópera, no solo musicalmente, sino también a la hora de construir los personajes, consigue trasladar la obra a la realidad. Intenta enmarcarla en el día a día. Madame Butterfly es una ópera que a todo el mundo le gusta y estoy seguro que funcionará. Creo que será un éxito.

Habla de tener que ajustar la ópera al Kursaal. ¿Le faltan a Donostia infraestructuras culturales?

-Creo que no. Donostia es una ciudad de 180.000 habitantes que tiene una oferta cultural muy buena. ¿Cuántas ciudades de este tamaño tienen una oferta como esta? Tiene una orquesta, tres festivales, tiene una temporada de teatro, Tabakalera, San Telmo... Donostia en estos momentos tiene una oferta adecuada o, incluso, un poco amplia para lo que es. No voy a ser yo quien diga dónde hay que cortar. ¿Infraestructuras? Siempre puede haber mejoras. El Kursaal es un lugar magnífico para hacer conciertos. Tiene una acústica y una visibilidad muy buenas. Tiene 1.800 butacas. Alguno dirá que para una ciudad de este tamaño es muy grande. A nosotros y a otros agentes nos funciona bien.

Para ópera presenta problemas.

-El foso no es muy grande y en ciertos repertorios no nos cabe la orquesta. Lo que ocurre es que el Kursaal no fue pensado como un teatro de ópera. ¿Hace falta un teatro de ópera en Donostia? Yo digo rotundamente que no. La gente no es consciente de lo que cuesta mantener todo eso. ¿Después de puesto en marcha, quién mantiene una programación de temporada? ¿Quién pone millones y millones de euros para mantenerlo? Hace años que el resto de Europa descubrió que había que mover a los públicos. Tenemos Bilbao cerca con la Abao y es la Diputación quien pone unos autobuses a disposición de los ciudadanos para poder ir a la Abao. Yo creo que eso no tiene nada de malo. No es degradar a Donostia, es demostrar sentido común. Además ahora también está la oferta del cine. Cada vez más gente ve ópera a través del cine. ¿Eso tiene que sustituir a la ópera en directo? Ojalá no. Pero se puede vivir perfectamente con Bilbao cerca o con Burdeos.

Opus Lírica, que apuesta por una temporada anual de ópera en Donostia, ha anunciado una situación complicada y ha denunciado la falta de apoyo institucional.

-Siento mucho que tengan una situación económica así, pero también hay que pensar por qué el público no está yendo a ver todas estas funciones de Opus Lírica. No entro en la calidad. Igual estamos sobredimensionando la ciudad pidiendo una temporada. Igual Opus Lírica debería hacer un solo título al año. Tenemos la tendencia, todos los humanos, a la ambición, al uno más. Donostia nunca ha tenido una temporada de ópera, por lo que, si quieres llenar, la oferta que debes hacer es limitada. La gente no conoce muchos títulos. Habrá un 5% al que le despierte el interés un nuevo título, pero a la mayoría irá a ver Rigoletto, La bohème, La flauta mágica, La traviata... Los títulos que ya conocen. Llega un momento en el que no puedes estar repitiendo obras. En cambio, si haces una al año sí te permite dilatar mucho en el tiempo esa repetición. Opus Lírica ha sido quien lo ha puesto en marcha, pero en los diez años que llevo aquí han venido varias asociaciones y empresas para tantear mi opinión sobre una temporada de ópera en Donostia. Yo siempre les he dicho que hacer algo así en una ciudad como esta es complejo. No sé si da para tanto.

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