Terrible Artola

Mikel Larunbe e Iñaki Artola celebran el triunfo sobre Danel Elezkano y Beñat Rezusta en Lekeitio. (Juan Lazkano)

El delantero de Alegia completa una actuación inmensa en la final del Torneo San Antolín de Lekeitio y guía a Larunbe ante Elezkano II-Rezusta

Igor G. Vico - Jueves, 6 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Lekeitio - “Espero que se vea en el futuro a un mejor Iñaki Artola, pero creo que sí, que este es el mejor”, dice el delantero alegiarra. Lo expresa con el barco que le acredita como campeón del Torneo San Antolín-Memorial Akarregi de Lekeitio. Además, el faro como mejor pelotari de la feria vizcaina le adorna el alma en busca de una metáfora. Artola fue guía en la final, tal y como lo fue en la semifinal. Artola se lució en el frontón Santi Brouard en dos partidos de compromiso, peleando a la contra, con dos actuaciones de manista gigante. Es su momento. Está de dulce. Iñaki empezó el verano con buenas sensaciones y lo está terminando tirando la puerta abajo. Se lo merece. Ayer en la final hizo un envite soberbio, a la altura de las figuras más rutilantes del panorama. Lo hizo todo bien: mostró chispa, confianza, explosividad, defensa y grandes dotes de mando. Pidió galones. ¡Más madera!

Artola está encontrando su mejor versión, una que marca la diferencia en el frontón tanto en las dotes rematadoras como en las del trabajo. Artola no huye de la fábrica. Lekeitio encontró las mil caras del alegiarra: la del puntillero, el poderoso, el que marca las distancias y, sobre todo, el que no teme echarse el partido sobre la espalda. Con más valor al tratarse de un duelo ante una combinación que pide guerra y frente a un zaguero como Beñat Rezusta. El bergararra tuvo algún fallo que otro, pero incomodó a sus contrincantes. Hasta que emergió Iñaki. Todopoderoso. Su juego transmite alegría. Está terrible. Puro fuego.

Danel Elezkano y el zurdo de Bergara tuvieron que capear el temporal Artola como pudieron. Incluso, estuvieron a punto de llevarse el gato al agua. Mikel Larunbe asomó con sensaciones contrapuestas desde los primeros compases y vivió una penitencia que acabó con sabor a gloria. El galdakoztarra alternó zurdazos de altura y dominio con escapadas y errores. Artola trabajó para frenarlo con brío en el despliegue. Otorgó confianza a su guardaespaldas. Se sacrificó el alegiarra en pos del triunfo. La moneda salió cara.

Los de Aspe, por contra, remaron con cordura, formando un dueto clásico, pero les faltó colmillo. Si bien en la semifinal Elezkano II se creció y fue el desnivel del encuentro, los focos no le señalaron ayer en la suerte del matador. Entre la defensa de Artola y sus problemas en ataque, el choque, que fue de cara tras la igualada a ocho, se le escapó entre las manos. No tuvo oportunidades de gozar. La pólvora se le mojó. Mal negocio. Sobre todo, porque Rezusta estaba rayando por encima de Larunbe. Pese a ello, el alegiarra se lanzó al rescate y rascó su nombre en el frontón largo de Lekeitio en un golpe de autoridad a contrapelo, de los que marcan. Un zarpazo. Aquí estoy yo.

El protagonismo absoluto de Artola fue una constante que definió la final de la feria vizcaina. Abrió su festival rematador con una cortada al ancho y una parada al txoko. Le cruje el estómago como una manada de pitbulls. Tiene hambre. Mucha hambre de victoria. Ambición. Los azules dominaron el inicio. Pero la solidez en la zaga colorada acabó por desnortar el marcador de su lado. Tras la igualada a cuatro, Elezkano II y Rezusta crecieron. El bergararra, mandón, se proclamó emperador en Lekeitio. Quiso dejar su nombre en la cancha. Empataron a siete y a ocho. Se lanzaron hasta el 11-8 y después, al 16-13. El zurdo regaló un sotamano estratosférico por el camino (15-13). Con la diferencia, Artola se puso a carburar con agresividad y sentimiento. Impuso su monólogo hasta el 18-22. Terrible.

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