Exhumados en Lizarrusti los restos de un vecino de Olaberria asesinado en 1936

Todo apunta a que es el cadáver de Marcelo Lasa Ceberio, fusilado al poco de iniciarse la Guerra civil, cuando tenía 17 años

Nerea Mazkiaran - Lunes, 3 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

etxarri aranatz - El pasado 25 de agosto se cumplieron 82 años del asesinato en el puerto de Lizarrusti de Marcelo Lasa Ceberio, un joven de 17 años de Olaberria, según diferentes testimonios. Precisamente, los recuerdos de un vecino de Lizarrabengoa, Patxi Lacunza, hicieron posible ayer que un equipo de Aranzadi exhumara los restos de este joven, a falta de su identificación a través del banco de ADN del Gobierno de Navarra y en los laboratorios de la empresa pública Nasertic.

Junto al cadáver se encontraron tres casquillos de bala de dos fusiles Oviedo, otro del tiro de gracia y un par de alpargatas blancas, las mismas que recordaba Patxi Lacunza, entonces un niño de seis años. “Estaba pescando en el río con su padre y su tío cuando escuchó unos disparos. Salió a la carretera y no había nadie. Entonces subió un montículo y vio a dos personas que tenían a otra persona muerta. Le dijeron que se largase y no mirase”, relataba ayer José Ángel Munduate, sobrino del joven asesinado. “Mi familia era nacionalista, solían ir al batzoki. Se ve que a algunos no les gustaba. Creo que pensaron en matar a unos pocos para acobardar al resto”. Además, sabían quiénes podrían ser los asesinos, dos jóvenes de Olaberria y Ataun.

La búsqueda de los restos de su tío era una cuenta pendiente que tenía la familia. “Siempre estábamos con que le íbamos a ir buscar pero Lizarrusti es muy grande y no sabíamos por dónde empezar”, recordaba Munduate. Hasta que hace dos años y medio un conocido les llevó una fotocopia de la página de un libro, El pueblo vasco frente a la cruzada franquista,una publicación de 1961 del clero vasco. “Se decía que un joven de 17 años de Olaberria fue fusilado entre la fábrica de Quifosa y las cadenas de Navarra, sobre la carretera”. Así, comenzaron a preguntar entre los vecinos de Lizarragabengoa, la localidad más cercana, donde dieron con familiares de Patxi Lacunza, que en la actualidad vive en Urretxu. Con su testimonio, se pusieron en contacto con Aranzadi, que acudió el sábado a realizar una prospección, localizar el terreno y proceder a la exhumación. “Hoy es un día de alegría pero también de pena por los que no están, sobre todo el tío Ángel, que era su hermano menor y que vivió con nosotros hasta su muerte en 2013”.

También habló de sentimientos contradictorios la consejera de Relaciones Ciudadanas e Institucionales, Ana Ollo, que acudió a la exhumación acompañada de Josemi Gastón, director del Instituto Navarro de la Memoria. Asimismo, estuvo presente la alcaldesa de Etxarri Aranatz, Eneka Maiz. “Hoy es un día en el que experimentamos una mezcla entre tristeza y satisfacción por lo que supone avanzar en esa reparación a las familias que llevan más de 80 años esperando y tristeza por ver los episodios de violencia que hace más de 80 años azotaron a esta tierra”, lamentó Ollo.

TESTIGOS Ollo destacó la importancia de la colaboración ciudadana. “Esas personas que hasta ahora no habían hablado y han empezado a contar son muy importantes”. Asimismo, explicó que los dos principales hitos que está impulsando el Gobierno de Navarra son las exhumaciones a través de un convenio con Aranzadi y el banco de ADN gestionado por una empresa pública. “Es importante que familiares de los desaparecidos dejen sus restos. Los descendientes directos van desapareciendo y cada vez es más difícil el rastreo”.

La intervención se enmarca en el Programa de Exhumaciones del Gobierno de Navarra desarrollado a través de la de la Dirección General de Paz, Convivencia y Derechos Humanos, uno de los compromisos prioritarios en las políticas públicas de memoria y derechos humanos. El programa, que se ejecuta por medio de un convenio con la Sociedad de Ciencias Aranzadi, ha permitido, hasta la fecha, la recuperación de 75 cuerpos. Además, 21 personas han sido identificadas y devueltas a sus familiares en actos de reparación institucional, privados o públicos, según ha sido el deseo de las familias.