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El nudo de la Vuelta

El norteamericano Ben King logró su segundo triunfo en La Covatilla tras soportar la persecución de Mollema. (EFE)

BEN KING REPITE EN LA COVATILLA,DONDE SIMON YATES SE HACE CON ELLIDERATO Y EL RESTO DE FAVORITOSSE APRETUJAN ANTES DEL DESCANSO 

César Ortuzar - Lunes, 3 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 10:52h.

DONOSTIA – A Ben King, el cuerpo le demanda aire, lo come a bocados, sentado, derrengado contra las vallas después de conquistar La Covatilla. Vapuleado por el esfuerzo, apenas se sostiene el norteamericano, la imagen del sufrimiento. No es capaz de beber aunque esté seco, derruido. Por fuera y por dentro. Llora de emoción, pero también de puro esfuerzo, en su agonía, la que le provocó la persecución inmisericorde de Bauke Mollema, que empujó al límite a King. Intentó sonreír el norteamericano que venció a la bulimia de joven pero le salió una mueca de quebranto. Jadeaba. Era su idioma. Tartamudeó su respiración, entrecortada, abrasada por un esfuerzo sobrehumano. Después giró la cabeza, que no tenía marco, difuminado, y sintió la arcada. El ácido láctico incrustado en el paladar. El sabor del triunfo era el de la sangre, sudor y lágrimas. “Nunca en mi vida había sufrido tanto como en el ascenso a La Covatilla. Todavía tengo un poco de confusión en la mente, pero estoy seguro de que pronto me daré cuenta de que he conseguido un auténtico logro”. King venció sonado. Salvado por la campana.

Las campanas llamaban a la primera gran cumbre de la Vuelta, apretadísima entre los nobles, los movimientos fueron cautos en una carrera incandescente, que palpita al rojo vivo porque todo está amontonado en una amalgama de voluntades. Nadie quiso deshilacharse en una cima rapada por el viento, que sin embargo, resolvió que Nairo Quintana manda respecto a Valverde en el Movistar;que Simon Yates trincó el liderato por un segundo sobre el murciano, al que le faltó un cambio de marcha;que Kruijswijk y Bennet no bromean;que Superman López ondea la capa;que Buchmann tiene frescura;que Urán sigue con jerarquía y que Ion Izagirre, hambriento, tiene la ambición intacta. “Ya veremos hasta dónde podemos llegar. De momento me estoy sintiendo muy bien”, expuso el guizpuzcoano, quinto en la general, a solo 17 segundos de Yates. “Me faltó un poquito en los últimos 500 metros”, analizó Izagirre, que se dejó algo de miga. Los favoritos se concentran en menos de un minuto, agolpados en el ascensor de la carrera, que frena hoy antes de elevarse hacia el norte. Apenas hay aire entre los candidatos al triunfo final encadenados, cuando la Vuelta encauza su primer día de descanso tras una travesía por el desierto. Entre Yates, el primero, y Bennett, el décimo discurren apenas 48 segundos. Un agobio.

“Al final he estado un poco justo pero bien, estamos todos muy igualados”, expuso Valverde, al que Simon Yates le birló el maillot rojo, que se le escurrió a Rudy Molard en las rampas de La Covatilla. El francés peleó cada pulgada con la despensa del orgullo, pero la subida le enterró. Era su sino. El británico manda ahora, pero las diferencias son tan magras que todo tiene cierto aire de provisionalidad. “No esperaba ser líder y ahora no sé muy bien cuál es el plan”, analizó Yates, el que fuera líder durante el 90% del Giro. La Vuelta va prieta, envasada al vacío. Se le ven los andamios. Es un edificio por construir, con el esqueleto visible. Todo está por resolver, pero en el Sky, el equipo de los cálculos y los planos, palidecieron el test. Kwiatkowski y De la Cruz, mudaron. Perdieron el paso ambos en La Covatilla, la mesa de autopsias de la Vuelta. El catalán evidenció señales de debilidad cuando el grupo aún era numeroso. Trató de encolarse, pero no logró adherirse a los mejores. Aunque Castroviejo anunció tambores de guerra en la aproximación al puerto, los líderes del Sky estuvieron más cerca del infierno que del cielo, que tocó King en su lucha titánica contra la gravedad y el tozudo Mollema.

DE CANDELARIO A LA GLORIA La candidatura triunfal de Ben King surgio entre entre el adoquinado del Candelario. Allí, un paso estrecho y bello, pereció el entusiasmo y el esfuerzo de Aritz Bagüés (Euskadi-Murias). Entre las piedras se descascarilló la fuga. Enfilado el gran grupo hacia La Covatilla con la aceleración del Astana, Rafal Majka estiró los cuellos para que Buchmann se expresara, pero el alemán se refugió en el anonimato en cuando fue consciente de la singladura que esperaba. Sepp Kuss realizó aspavientos y dispuso el ventilador para el despegue de Kruijswijk y Bennett, los colmillos del Lotto NL, un equipo con mucho colmillo. Quintana, en su minimalismo, jugó al camuflaje. Mediada la ascensión, el colombiano resbaló hacia posiciones más traseras, como si qusiera decir que no era su día. Se parapetó en Richard Carapaz para protegerse del viento que rasgaba la escalada penosa a la cima. Nadie creyó a Quintana, que luce el barniz brillante de los buenos días. “A estas alturas de la carrera no nos preocupamos, porque seguramente más adelante atacaremos para recuperar”, determinó el colombiano.

Quintana se activó cuando Keldermann, al que vapuleo un pinchazo y el viento días atrás, aceleró en el tramo final de una subida donde todos esperaban a que alguien fallara por inercia. Nadie quería arriesgar más de la cuenta por eso de no saber cómo respondera el organismo en una jornada con dos puertos antes del coloso. En los arrabales del último kilómetro, que es una distancia de seguridad, Miguel Ángel López también batió sus alas, pero a su capa se la llevó el viento. Quintana encauzó el intento de ambos, aunque no le dio continuidad, consciente de que no había mucho que cosechar. Los ataques tuvieron un punto de timidez y bastante dogueo. En ese ecosistema, Ion Izagirre se movió con solvencia y rastreó los movimientos. Solo a 500 metros le escaseó el turbo al guipuzcoano y perdió seis segundos con Miguel Ángel López y Quintana. A Valverde, el reprís de Almadén y Caminito del Rey, no le visitó y perdió 24 segundos con su compañero. Bennet y Kruijswijk se dejaron ese tiempo. De la Cruz penalizó 52 segundos y Kwiatkowski más de dos minutos. Ellos se alejaron del nudo que gobierna la Vuelta.

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