“Sería bonito sacar a mi hermano del Valle de los Caídos y que volviera a Orio”

Juan Arruti y su hija Arantxa posan frente al caserío familiar junto a un libro de la historia de la Guerra Civil en Orio y un certificado del movimiento nacional otorgado a José María.
En el recuadro, una imagen antigua del oriotarra José María Arruti, fallecido el mismo día que acabó la Guerra Civil en Lleida.

Juan arruti relata a sus 95 años la historia de su hermano josé maría, fallecido en la guerra, enterrado en la localidad costera y llevado 20 años después al mausoleo

“En el valle había miles de nichos, cada uno con su nombre. En la J estaba mi hermano ”

Un reportaje de Ruth Gabilondo. Fotografía Iker Azurmendi - Domingo, 2 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

1 de abril de 1939. Cuatro jóvenes de Orio y un vizcaino celebraban en Ogern, Lleida, el fin de la Guerra Civil. “Estaban riendo sentados en una roca cuando cayó una bomba, rebotó enfrente y mató a mi hermano y al vizcaino”, relata Juan Arruti, que a sus 95 años exhibe una prodigiosa memoria, mientras se recuesta en su butaca del señorial caserío familiar Aldape de Orio.

Su hermano José María Arruti Lerchundi es uno de los 238 hombres fallecidos procedentes de Gipuzkoa que fueron enterrados en el Valle de los Caídos. Todos ellos fueron trasladados a San Lorenzo del Escorial en tres envíos diferentes (en marzo de 1959, en julio de 1962 y en mayo de 1963), según el listado al que tuvo acceso este periódico.

A Juan le gustaría recuperar sus restos, sacarlos de ese lugar y enterrarlos en el panteón familiar que él mismo construyó junto a otros tres hermanos. “Sería bonito que José Mari descansara allí también, pero nunca hemos llegado a un acuerdo con nadie para traerle”, afirma este hombre. A su edad, “poca capacidad” tiene: “Mi hija Rosa María sí está deseando poder hacer algo para traerle otra vez. ¡Cómo no me va a gustar que vuelva aquí!”, afirma.

Su hija mayor, Arantxa, es consciente de este último deseo de su padre y, aunque sabe que será “difícil”, le gustaría poder concedérselo. “Con la edad que tiene mi padre sería lo más que le podría pasar. Le haría mucha ilusión”, asegura.

A sus 95 años, Juan recuerda como si fuera ayer el día que José María partió a la guerra, donde luchó en el bando nacional, con tan solo 19 años. “A él le tocó ir. Entonces, no había quien dijera que no iba”. Juan tenía 14 años: “Yo me salvé de ir justo, justo. Un amigo mío, Juanito Loidi, que se llamaba igual que yo, se fue a la guerra y nada más llegar murió”, lamenta.

Desde el frente, José María mantenía a la familia informada. “Escribía muchas cartas. Cada quince días nos solía llegar alguna. A veces, si había tiroteos, tardaban algo más en llegar, pero escribía bastante”, explica Juan, que recuerda que en estas misivas que ya no conserva, su hermano contaba “historias de la guerra, quién se había muerto en combate”.

la triste noticia Toda la familia esperaba una nueva carta de José María, que tardaba más de lo habitual en llegar. “Como éramos caseros, mi padre fue a la feria de ganado de Zarautz. El cartero le vio y le dijo que creía que había una carta de su hijo. Mi padre y mi madre la estuvieron leyendo y lloraban por lo que contaba del frente”, rememora Juan. Esta sería la última misiva que recibiría la familia de José María.

Esa misma noche, el juez de Orio tocó la puerta del caserío Aldape. “Vengo con malas noticias. Ha llegado al Ayuntamiento que se ha muerto su hijo”. Con estas palabras anunció a la familia Arruti el fallecimiento de José María. De esa noche, Juan recuerda “lloros y lloros”. “Fue un horror”.

Pocos días después, José y Joaquín Loidi y Luciano Arregi, los tres oriotarras que estaban sentados junto a José María cuando cayó la bomba que acabó con su vida, informaron a la familia dónde le habían dado sepultura de la forma más digna posible. “Hicieron una caja, le enterraron en Ogern y le pusieron una cruz. Dejaron marcado el punto exacto”, relata este hombre.

Al poco tiempo, la familia Arruti logró traer los restos de José Mari a Orio, donde fueron enterrados. En la localidad costera permaneció durante 20 años, hasta que en 1959 “el párroco y los políticos de entonces vinieron diciendo que había que llevárselo al Valle de los Caídos”. Los padres de Juan, ya fuera por miedo, “engañados” o porque entonces no se vieron capaces de decir lo contrario, aceptaron. “Y allí está”, resume.

Visita al valle de los caídos Juan solo pudo ver una vez el nicho de su hermano en el Valle de los Caídos y fue hace más de 50 años. “Fui con el alcalde de Orio, que entonces era Jesús María Ayestaran, ya fallecido. Al principio no nos dejaban entrar, pero como el alcalde tenía amistades al final lo conseguimos”, explica. Bajaron unas escaleras y accedieron a un “pasillo muy largo”. En la J, estaba su hermano. “Había miles de nichos, cada uno con su nombre”.

A Juan, la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco le trae sin cuidado. Del Valle de los Caídos solo quiere recuperar el nicho de su hermano para que sus restos puedan descansar junto a la familia en Orio. Este es el último gran deseo de este hombre de 95 años.

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