150 años amueblando la ciudad

María Olga Pérez Muga e Iñaki Eceiza, en su tienda de la calle Elkano 9.
Fachada de Muebles Eceiza, fundada en 1868.

Muebles Eceiza, fundada en 1868, celebra su siglo y medio de vida trabajando y dando cada vez una atención más personalizada.

Un reportaje de Carolina Alonso. Fotografía Iker Azurmendi - Domingo, 2 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Lo que empezó hace siglo y medio como un negocio familiar de construcción y venta de muebles de calidad ha pasado por distintas etapas y se dirige actualmente no solo a la venta de enseres de catálogo sino, también, a la rehabilitación de muebles antiguos, reparación de los dañados, tapizado de sofás y sillas, dorados y toda clase de trabajos destinados a dotar de nueva vida a los muebles del hogar. “Tenemos una red de ebanistas, tapiceros y barnizadores que trabajan con nosotros, pero la verdad es que cada vez quedan menos”, se lamenta María Olga, que trabaja en compañía de su hijo Iñaki Eceiza.

El negocio de mueblería no ha cambiado de ubicación desde 1924, aunque tuvo que interrumpir su actividad por los avatares de la Guerra Civil. De hecho, la familia tuvo que huir a Francia y el régimen instaló una imprenta en el local de la calle Elkano, donde estaba y está la tienda, en el que se llegó a imprimir la revista infantil de la Falange Tradicionalista Flechas y Pelayos, así como el periódico deportivo Marca. Los Eceiza, no sin dificultades, pudieron recuperar posteriormente la mueblería.

La tienda primitiva se había fundado en 1868 en la Parte Vieja, según todos los indicios, como una ebanistería. Posteriormente, tuvo sus talleres en la calle Gloria de Gros y en el Alto de Errondo. La exposición estuvo en la plaza del Buen Pastor, antes de pasar a la calle Elkano, donde se vendían los muebles de lujo que se fabricaban para la aristocracia que llegaba a Donostia y para los exiliados con posibles que elegían la ciudad huyendo de los países que tomaban parte en la Primera Guerra Mundial.

En la actualidad, según explica María Olga, el principal cliente es el donostiarra, aunque también el del resto de Gipuzkoa y el francés, “que es muy exigente y entiende mucho de muebles”. Los extranjeros de visita por Donostia, dice, entran en la tienda como si lo hicieran en un museo y piden permiso para hacer fotografías. Especialmente los norteamericanos, los australianos y los neozelandeses, en cuyos países no abundan los comercios con historia.

Otros que disfrutan de la contemplación del local, con su boiserie en las paredes, la escalera y las vigas originales, son los niños. “Hace poco estaba un crío diciéndole a su madre Qué casa más bonita y ella le contestó que era una tienda”, recuerda la comerciante, que a veces se ha encontrado niños dentro del establecimiento mirando hacia todos los lados. “Les llama mucho la atención”, señala.

María Olga, que no ha pisado nunca un Ikea, confía en que el aniversario de este año sea la antesala de nuevas etapas positivas para su tienda, ahora que la moda vintage ha hecho mejorar “algo” el interés por el mueble de estilo clásico y fabricado con calidad.

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