Donostia tiembla por sus cenizas

Donostia recordó ayer el trágico asalto del 31 de Agosto de 1813 a manos de tropas anglo-portuguesas, que dejó asesinados, heridos, violaciones y saqueos, además de una ciudad arrasada que, sin embargo, supo renacer de sus cenizas.

Un reportaje de Arantzazu Zabaleta. Fotografía Iker Azurmendi - Sábado, 1 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Soldados por todas partes, escopetas, disparos, cañones, explosiones, un hospital de campaña... El Boulevard intentó recrear ayer lo que padecieron hace 205 años los donostiarras en sus propias casas. Tras años de ocupación a manos de soldados franceses, las tropas anglo-portuguesas sitiaron la ciudad en junio de 1813 y la atacaron hasta que el 31 de agosto lograron abrir una brecha en los muros que la protegían para penetrar en Donostia. Los franceses huyeron al castillo de La Mota y dejaron a los ciudadanos a su suerte. Así empezaron los seis días más largos y negros de la ciudad, que acabaron con miles de asesinados, heridos, violaciones, saqueos y una ciudad arrasada envuelta en llamas que perdió la mitad de su población.

205 años después, Donostia volvió a recordar ayer a sus antepasados con la recreación de la fatal batalla y con el apagado en señal de luto, ya por la noche, de todas las luces de la calle 31 de Agosto, que sobrevivió al incendio (simplemente debido a que en ella se alojaron los mandos británicos). Lejos de ser una celebración (aunque el tiempo, el ambiente veraniego y la afluencia de turistas invitaran a ello), los actos de ayer pretenden ser un ejercicio de memoria histórica y ayudar a los donostiarras a conocer la página más oscura de su historia.

Los actos arrancaron por la tarde, cuando las fuerzas anglo-portuguesas de Wellington que, en teoría, venían a liberar la ciudad del ejército napoleónico, se acercaron desde las inmediaciones del Kursaal. Los tambores empezaron a retumbar también por la Parte Vieja, con el desfile que arrancó desde Zuloaga y acabó en el quiosco del Boulevard.

“La destrucción de nuestra ciudad no es para celebrar, pero sí para recordar”, insistió desde allí el alcalde, Eneko Goia, que añadió que el 31 de agosto sí debe servir para homenajear a los donostiarras que decidieron levantarse de sus cenizas y reconstruir su ciudad. El alcalde, acompañado de concejales del Gobierno y de la oposición, realizó la tradicional ofrenda floral a los fallecidos en la Puerta de Tierra (inicio de San Jerónimo). El himno antiguo de la ciudad, la Marcha de San Sebastián, el disparo de un cañón y varias descargas hicieron temblar a algunas manos que, entre la multitud congregada, se alzaban con sus móviles para grabar el acto.

Asalto a La Bretxa

De nuevo los tambores dirigieron a los miles de espectadores (donostiarras, guipuzcoanos y también muchos turistas) al entorno de La Bretxa. Tras ellos desfilaban las tropas escocesas y portuguesas que llenaron de humo el Boulevard. Ya frente a La Bretxa la batalla, los disparos y las peleas cuerpo a cuerpo entre soldados recrearon el momento del asalto a la muralla. Los gritos de júbilo acompañaron a las tropas aliadas al entrar en la Parte Vieja, mientras el humo negro y el olor a quemado dejaban claro que la ciudad caía y empezaba a arder.

Los actos continuaron con la recreación de la toma del castillo y con el apagón de la calle 31 de Agosto al anochecer. La luz de las antorchas iluminó el paseo ceremonial en señal de luto y los coros Santa Cecilia y Gaztelupe pusieron voz a la marcha por los fallecidos en 1813.

El antiguo himno de la ciudad volvió a sonar en recuerdo a la Donostia que sufrió el asedio en el acto más solemne y emotivo del día, en el que, de nuevo, miles de personas se amontonaron en las esquinas de la calle para recordar el episodio más trágico de la historia de la ciudad, que vuelve a temblar al mirar atrás.