DERBI (2-1)

Charles hurga en la desgracia realista

Anaitz Arbilla y Jon Bautista, en la jugada en la que los realistas reclamaron penalti por falta del defensor armero.
Los jugadores del Eibar celebran el gol de Charles mientras Zaldua se lamenta, anoche en Ipurua. (efe)

Un gol del delantero brasileño en el último minuto derrota a una pobre y deprimida Real que sufrió dos lesiones más

MIKEL RECALDE - Sábado, 1 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

El derbi se consumía camino de las clásicas tablas a la guipuzcoana cuando Charles, en el minuto 90, lo decantó a favor del Eibar. Los armeros quizá habían sido algo superiores en más fases del encuentro, pero la realidad es que en ese momento, pese a su dominio territorial, parecía que, de decantarse la balanza para algún lado, este podía ser para los visitantes gracias a sus inquietantes contras. Primera victoria para unos locales que, una vez más, confirmaron a su afición que están preparados para competir contra cualquiera, sobre todo en su agobiante guarida. Y primera derrota para una Real a la que le ha mirado un tuerto. No es normal que, mientras se cierra el mercado, se le lesionen otros dos jugadores (un delantero centro y un extremo, para más inri;esperemos que no sea castigo de Dios). Uno, Willian, lanzando un penalti, y el otro, Merquelanz, en su primer balón como futbolista del primer equipo cuando reaparecía de una operación del cruzado de la rodilla. Confiemos en que no, pero si se confirman los peores presagios, el club podría pedir una prórroga y de esta forma hacer por fin los deberes que su afición le reclama con el lógico enfado creciente por la acusación de que debió hacerlo en el plazo permitido.

Las sensaciones en la pizarra de ambos equipos fueron diametralmente opuestas. Mientras la Real comparecía al derbi con las buenas vibraciones que proporcionaban los cuatro puntos, a pesar del mal rato de la segunda parte en Leganés, el Eibar lo hacía con un rosco en su casillero de puntos y muchas urgencias. La consecuencia en la hoja de alineaciones fue que Garitano sacó al once con el que había ensayado a puerta abierta el martes, con las novedades de Aritz y Sangalli, y Mendilibar abogó por una pequeña revolución con los estrenos de Sergio Álvarez y Marc Cardona, además de arriesgar con el tocado Orellana.

La Real no tardó en acreditar que todavía está buscando reconocerse en los nuevos planes que propone su entrenador, en cambio el Eibar fue fiel a su idea, como suele repetir su míster: “No creo que los rivales necesiten mucho tiempo para analizar nuestro juego, porque siempre actuamos igual”. Estaba claro que, como manifestó Garitano, “los partidos en Ipurua siempre son distintos por sus dimensiones”. Esto suele provocar que cobre mucha más fuerza e influencia en un escenario así la máxima de que el fútbol es un deporte de errores.

Con la presión adelantada que proponían ambos equipos no tardaron en llegar los fallos. El primero, de Sergio Álvarez, que dejó un balón muerto que Willian José, en situación óptima, no consiguió sacar ni un mísero disparo a puerta. A los pocos segundos, le tocó el turno a Aritz, pero a Pere Milla se le fue la asistencia a Enrich. Eran los habituales despistes provocados por la tensión que se suelen generar en los albores de una intensa batalla. El Eibar pisó área primero, gracias a una salida brava y decidida, pero Orellana y Sergio no encontraron rematador a sus internadas hasta la línea de fondo tras aprovechar los espacios en los carriles centrales. Ojo, que esta era la forma en la que tenían preparado los locales hacer daño a su vecino y más tarde lo conseguirían.

Los goles La Real no jugaba a nada y lo que es peor, tampoco proponía en exceso pese a estar bien plantada. En su segundo acercamiento, el primero con el balón jugado, llegó su gol. Rulli pegó un pelotazo, Willian metió en largo a Oyarzabal, quien, en plena carrera, dejó solo a Juanmi. Tras recortar a Dmitrovic, cuando se disponía a marcar a puerta vacía, fue derribado por el portero. El reglamento dice ahora que no es tarjeta roja, pero lo cierto es que no parece muy justo, ya que el serbio le derribó cuando no tenía ni la más mínima opción de alcanzar la pelota. Pero se podrá discutir la justicia de la norma, no la aplicación de Sánchez Martínez, que, por lo visto, acertó.

Willian José marcó ajustando al máximo su disparo, pero se lesionó en el lanzamiento. Lo nunca visto: el año pasado Xabi Prieto también acabó de romperse en otro lanzamiento desde los once metros. Otra realada más para el Expediente X. Bautista entró al campo, lo que provocó que fueran siete de once los guipuzcoanos del lado txuri-urdin.

El tanto donostiarra llegó en una jugada aislada y tampoco modificó el transcurso de un duelo en el que mandaba más y se jugaba más a lo que quería el Eibar. Los armeros encontraron el empate en una buena combinación entre Pere Milla, que firmó una gran primera parte, Arbilla, que se coló sin oposición hasta la línea de fondo para asistir a Marc Cardona, que se benefició de la buena dejada de Enrich. ¿Y la defensa de la Real? Blanda, a la que rompieron con facilidad con una simple pared en la que Sangalli se despistó y cuando quiso darse cuenta Arbilla ya había puesto tierra de por medio.

Un espectacular disparo de Theo que rozó la escuadra y otro de Illarra en el rechace de una falta mal ejecutada por él mismo fueron otro oasis en una primera parte de color azulgrana. Eso sí, los eibartarras centraron mucho, pero generaron poco peligro. La lesión de Orellana también afectó a la continuidad de sus habituales oleadas con centros en ambas bandas que encierran a cualquier visitante que visite Ipurua.

En la segunda parte, el choque transcurría por los mismos derroteros. El Eibar dominando a una Real claramente replegada, quizá hasta demasiado, que buscaba las contras. En su mejor acción del encuentro, Zubeldia, que no para de crecer, abrió a la banda, Sangalli sirvió un centro con la rosca que aprendió de Xabi Prieto, y el cabezazo en plancha de Juanmi, con todo a su favor, lo salvó de forma milagrosa Dmitrovic. Las opciones armeras llegaron sobre todo a balón parado. Un despeje corto de Rulli estuvo a punto de aprovecharlo de volea José Ángel, pero se le marchó por encima del larguero.

La única acción polémica del duelo llegó en un servicio de Illarra al que no pudo llegar Bautista, entre otras cosas, porque le agarraron. Tampoco fue una acción flagrante, pero sí que dio la sensación de ser punible. Cuando todo parecía visto para sentencia, Merquelanz se lesionó en la rodilla en su primera intervención (en parte debido a un terreno de juego levantado y en muy malas condiciones, pero tranquilos que esto no lo escucharán más como sucedió con el de Valladolid) y, como ocurrió el viernes pasado en Leganés, con el disgusto en el cuerpo por la desgracia de ver llorar a un compañero, un centro magnífico de Jordán lo cabeceó a la red Charles al adelantarse a Moreno. Ipurua explotó de alegría mientras los seguidores realistas pensaban qué más le podía suceder a su equipo.

El Eibar podrá disfrutar de un plácido parón con el pecho hinchado por volver a imponerse a su hermano mayor guipuzcoano, que no sabe los que es vencer en su estadio desde que ascendió a Primera. Y la Real, esta triste Real sumida en una depresión que tiene desorientada a su gente después de una gestión más que desconcertante y decepcionante en el mercado, tendrá que pasar por el diván para superar esta crisis de los últimos minutos y esta fatalidad que amenaza por sepultar definitivamente la ilusión y las esperanzas de su bendita afición para esta temporada.

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