La magia del cine llega a los suburbios de Nairobi

Adultos y niños del suburbio de Kibera, el mayor de Kenia, disfrutan de una noche de cine. (Foto: Efe)

El Festival Slum Film proyecta en las zonas más desfavorecidas de la capital kenianauna veintena de películas grabadas en diferentes asentamientos informalesde todo el mundo y busca a su vez realizadores con talento en barrios marginales. 

Un reportaje de Patricia Martínez - Viernes, 31 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 10:57h.

Llevar el cine de “los sin voz, de los nadie, de los más pobres” a las áreas más favorecidas de Kenia, pero sobre todo, a las mismas entrañas de sus numerosos suburbios es el principal objetivo del Slum Film Festival, iniciativa que estos días se celebra en Nairobi.

“Son numerosos los realizadores con talento que existen en los barrios marginales y el hecho de que nadie llegue a ellos nos parece importante”, explica a Efe el comisario de este festival, Tony Gachoki: “Se trata de una oportunidad única para que todo ese talento bruto llegue ahí fuera”.

Con ese propósito, alrededor de una veintena de películas grabadas en diferentes asentamientos informales de todo el mundo –en los que se estima que ya vive el 24% de la población global, según ONU Hábitat– se están exhibiendo estos días tanto en los suburbios de Nairobi como en sus principales instituciones culturales.

Albin, once años, no le quita el ojo a la gran pantalla que desde las siete de la tarde, cuando la sombra y la oscuridad se adueñan de las callejuelas del inmenso laberinto de Kibera, le ha traído el cine hasta la puerta de su casa. Se trata de una sesión múltiple, al aire libre y gratuita, en la que los más pequeños se acomodan sin pesar en el embarrado suelo mientras los adultos permanecen de pie;todos atentos a los subtítulos en inglés que les acercan realidades del otro lado de mundo, o de su propio vecindario.

“Mira, esa es mi calle, ahí detrás vivo yo”, exclama Albin señalando uno de los fotogramas del cortometraje keniano Not now (Ahora no), uno de los nominados en esta edición 2018.

Laura Nayere, oriunda de Kibera y graduada en retransmisión televisiva por la Universidad de Nairobi, es la mente pensante detrás de este cortometraje documental, que aborda el uso de anticonceptivos entre las adolescentes de Kibera.

En el “gueto”, como lo denominan muchos de sus residentes, los problemas son incontables: ausencia de un sistema de saneamiento público, hacinamiento, delincuencia, falta de educación sexual y, capitaneando todos ellos, miseria. “Comer tres veces al día es una bendición”, recuerda Nayere.

A sus ojos, muchas jóvenes son seducidas a tener sexo, incluso, sufren abusos sexuales, sin contar con ningún tipo de información sobre cómo, cuándo y por qué usar anticonceptivos. “Quiero que las adolescentes levanten la voz y hablen sobre ello aunque se trate de un tabú moral”, manifiesta la cineasta.

Se estima que una de cada cuatro adolescentes de Kibera (entre 15 y 19 años) ha pasado por un embarazo prematuro, según la ONG Witness, lo que se traduce en una alta tasa de abandono escolar (30%) y en una imparable transmisión de VIH de madre a hijo, con más de 50.000 bebés infectados cada año en Kenia.

Al igual que este trabajo, muchas otras de las películas nominadas ponen el foco en temas sociales: “Hablan de justicia o injusticia, según como quieras llamarlo, de derechos humanos o de igualdad de género, pero también de amor, camaradería y lealtad”, enumera Gachoki. “Me gustan estas películas porque son educacionales e informativas, y actividades como esta nos unen e inspiran a intentar cosas nuevas”, expresa a Efe Slavey, un joven rapero de 27 años, que ha acudido al festival por recomendación de un amigo cinematógrafo.

Poco después, el medio centenar de niños que rodea el proyector, desperdigados por el suelo a escasos metros de la pantalla, se ríen al unísono, al tiempo que dura el corto iraní: Are you volleyball?! (¡¿Eres voleibol?!);en el que niños refugiados árabes juegan un cómico partido contra un grupo de soldados fronterizos. Durante esos catorce minutos parecen olvidarlo todo: el ajetreo de los vendedores que se ha ido acallando con la noche, la suciedad que les rodea y ensucia sus pies, el hambre que ha ido ganando terreno en sus estómagos, e incluso, el sueño. Gracias a la magia del cine, solo se escuchan las risas.

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