Cartas a la Dirección

Vida y verdad

Miren Jone Azurza - Viernes, 31 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Son palabras tan serias que incluso atemorizan un tanto porque tal vez la mayoría de quienes poblamos la Tierra no nos planteamos en serio qué pueden significar en el mundo de hoy, y qué resultan ser para la inmensa mayoría de la humanidad actual, incluidos cada uno de nosotros. Si echamos una mirada a cualquiera de las latitudes terrestres, encontramos pocas sociedades regidas por una justicia fundada en la verdad. Muchos nos acomodamos sobre la peana de la mentira.

Estos graves pensamientos son fruto, en mi caso, de la lectura reciente de una biografía de la joven holandesa Etty Hillesum, interesante mujer de familia judía que fue víctima de la persecución nazi y murió gaseada en el campo de exterminio de Auschwitz, a los 28 años, en 1943, en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Buena pensadora, gran lectora, amante de la cultura y el arte, lo más serio de sus últimos cuatro años es el empeño con que, para ser ella misma, buscaba apasionadamente la verdad de la vida y, al dar con ella, no dejaba de adecuar su existencia al nuevo criterio y volver a plantearse su verdad de vida en cada situación nueva que se le presentara.

Vivió una evolución interna emocionante desde su exquisita cultura y una vida casi frívola, hasta la entrega al sacrificio de meterse en el tren de transporte de mercancías que la llevó al suplicio y a la muerte.

Fue el amor verdadero al prójimo, a toda persona incluso enemiga, lo que la sedujo hasta el final. Todo esto consta en algunas cartas y en el diario que fue escribiendo (1941-1943) durante su estancia en una barraca, desahogo que llegó a hacerla feliz porque, según iba escribiendo (once cuadernos), encontró la verdad más suya en el Dios que descubrió dentro de sí.

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