Puñetazo a Kelderman

Nacer Bouhanni (Cofidis) obtuvo una victoria sin paliativos en San Javier. (Foto: Efe)

Bouhanni vence al esprint en una etapa con caída y abanicos que penalizan al holandés y a Pinot

César Ortuzar - Viernes, 31 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

donostia - Nacer Bouhanni es ciclista, pero tiene alma de boxeador. Fajador. Ni un paso atrás. En guardia. Una caída en el Tour de Yorkshire le pudo costar la vida. Aunque grogui, se puso en pie. El traumatismo craneoencefálico que padeció le afectó la vista, pero supo ganarse el regreso al ring de la velocidad para soltar un directo a la victoria en San Javier. A Bouhanni se le conoce por su espíritu de combate y sus malas pulgas. Se perdió el Tour y los Juegos Olímpicos de 2016 porque se rompió la mano en una pelea con clientes del hotel donde se hospedaba su equipo. Es su estilo. Bouhanni se abrió paso en el ciclismo a puñetazos y ayer venció con una mano atada a la espalda. Un directo suyo desfiguró a todos sus rivales en el esprint. Ni Van Poppel ni Viviani pudieron resistir su gancho. También quedó marcado Wilco Kelderman, que besó la lona. “Ha sido una etapa muy agitada debido al viento de cola lateral. Al paso por un pueblo se produjo una caída, logré frenar, pero lamentablemente Teunissen se cayó. Continué rodando pero mi rueda trasera me estaba frenando. Después del cambio de bicicleta ya había perdido un minuto más o menos. Estoy decepcionado”, dijo lacónico Kelderman. Thibaut Pinot también hincó la rodilla. En el cuadrilátero del viento, el púgil con mayor pegada que se conoce, Kelderman y Pinot perdieron 1:44 respecto al resto de favoritos. Eolo es un peso pesado que dejó trémulas las piernas del holandés, penalizado por una avería mecánica cuando se puso en marcha el ventilador, y acható la ambición del francés, los dos atrapados en el juego de manos del viento, que esperaba con la navaja abierta en un callejón oscuro. Paradójicamente, en La Unión llegó la ruptura. Las palabras y sus malabares. Y los bolardos.

Una fila de ellos apareció en el espinazo del recorrido, a modo de columna vertebral, tras una curva. Ahí se partió la Vuelta para Kelderman y Pinot. En la caída, que atrapó a Campenaerts, Felline, Teunissen y Leezer, entró en pánico el pelotón, de repente alocado, en estampida. Un fotograma después irrumpió el viento juguetón y el Sky y el Bora se apuntaron a la diversión. Metieron el turbo y lo que había sido un balneario se convirtió en una cascada de nervios que amputó el pelotón. Por delante se arremolinaron los favoritos. Miradas de recuento. Faltaban Kelderman y Pinot. El holandés, varado en la cuneta, atascado por una avería mecánica. Aislado en una isla sin Robinson se quedó Pinot. En su equipo cuidaban de Molard, el líder de la carrera, aunque Pinot es el jefe. La herida se agrandó de inmediato. El Sky y los equipos de los esprinters echaron sal. Se lame Kelderman las penas y traga bilis Pinot, que recibieron una tunda tremenda. Bajaron la guardia y les despacharon sin piedad. Ambos se alejan del liderato.

Richie Porte, otra víctima anterior, se rehabilitó con una fuga. Descatalogado en Caminito del Rey, con la salud ovillada desde que mordiera el asfalto en el Tour, Porte tenía el aspecto de los penitentes y el discurso del dolor y el jadeo a causa de una gastroenteritis. Un campeón sonado. En un día planificado para el esprint, en el tránsito entre Andalucía y Murcia, el australiano izó el orgullo. Se largó con Maté y Cubero. Los tres compartieron un cuchitril con vistas a la nada entre el bochorno que prensa la piel de los corredores, fustigados por el sol perpetuo. Con la fuga controlada por el mando a distancia de los equipos de los velocistas, se trataba de despejar el calor. Sagan se enfrió la nuca con bolsas de hielo para no derretirse como la plantilla de agentes de la Policía Local de Puerto Mazarrón. La organización se vio obligada a retirar el paso por la localidad murciana porque no había efectivos suficientes para cuidar de la carrera. Eran necesarios catorce policías locales para asegurar el paso, pero no había tantos trabajando en el municipio. 20 de los agentes de la Policía se encuentran de baja por incapacidad temporal. A la carrera no le quedó otra que alterar el trazado. Agosto y el trabajo nunca casaron bien. Material de primera para Berlanga. A modo de Bienvenido Mister Marshallcontinuó el pelotón.

caída y viento Amortizado el desempeño de Porte, Maté y Cubero, tras atravesar Cartagena, Quick-Step, Groupama y Trek se personaron para encauzar un esprint hasta que apareció un bolardo en mitad de la carretera y se alteró todo. Nada era lo que parecía. En La Unión se deshilachó la carrera. Campenaerts, Felline, Teunissen y Leezer se estamparon. “He esquivado el pivote de milagro”, dijo Pello Bilbao, que se preguntaba qué demonios hacían aquellos pivotes en medio de la carretera. Al pelotón, que silbaba, se le cortó la respiración. Se alteró el biorritmo. Todo saltó por los aires a falta de 20 kilómetros. Los favoritos se miraron. La mayoría se palpó y se reconoció en el espejo que rompió el Sky con un acelerón. Ion Izagirre, Kwiatkowski, Buchmann, Quintana, Simon Yates, Valverde, Molard..., se cosieron en el primer grupo, donde no dejaron pasar la oportunidad de hacer daño. No había hilo para Kelderman, cortado por una caída, y deshojado por el viento. Como Pinot, que se extravió entre las rachas de viento porque estaba mal colocado. A los dos solo les quedó perseguir con las sirenas encendidas. El primer grupo, que volaba, arrancó el retrovisor. De cuajo. Kelderman, refugiado en el Sunweb, se dejó el alma, pero no le alcanzó. Perdió 1:44 en meta, donde Bouhanni, malencarado, con esa mirada pugilística que gasta, noqueó a Viviani y Van Poppel. El puñetazo llegó directo a la mandíbula de Kelderman y Pinot, noqueados.

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