DESVEDA

Artesanía cinegética

Javier Abrizketa. (Foto: Facebook)

Javier Abrizketa ha convertido la caza, su gran pasión, en una forma de vida con diseños de todo tipo

Un reportaje de J. Zengotitabengoa - Viernes, 31 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

Comenzó a interesarse por la joyería desde que prácticamente cumplió la mayoría de edad. Su padre tenía un taller de mecánica y precisión y no tardó mucho en darse cuenta de que lo de las limas, las pinzas y las reparaciones se le daba bien. “Lo mamé desde pequeño, así que hice un curso gratuito que me confirmó que aquello podía ser lo mío”, destaca Javier Abrizketa.

Sus primeros pinitos fueron como joyero clásico con relojes, alianzas y otro tipo de artículos, pero quiso distinguirse y dar un paso más hacia su verdadera pasión. “Lo de la caza no es una enfermedad, pero casi. Me trae muy loco a pesar de que no hay más cazadores en la familia. Estoy convencido de que es algo con lo que se nace porque de siempre he sentido ese gusanillo. Empecé con una chimbera acudiendo donde los vecinos a que me enseñaran porque mi padre, con seis hijos, bastante hacía con trabajar”. Desde entonces, no ha parado. Ni de cazar ni de idear nuevos diseños en el taller que tiene en un municipio de Bizkaia. Tanto es así que, a sus 50 años, se ha convertido en uno de los artesanos cinegéticos más reconocidos. “No quiero hacer más alianzas ni sellos normalitos porque no me aportan. Hay joyeros clásicos muy buenos y seguramente más competitivos que yo”, afirma.

Lo suyo es otra cosa: cuchillos, grabados, llaveros, tallas de madera para trofeos, broches o colgantes con la caza como denominador común. “No somos muchos los que nos dedicamos a esto”, admite Abrizketa antes de reconocer que conocer “a la perfección” este mundo te da un plus que marca la diferencia. “Hay veces que ves que han confundido un ciervo con un corzo. O que han realizado un trofeo con una raza de perro que no es la que corresponde a esa competición”.

Las nuevas tecnologías también han aportado valor añadido a su trabajo. Hace ya unos años que decidió apostar por los volúmenes y los resultados han sido más que satisfactorios. “Todo empezó en 2007. Un amigo me hizo un encargo y no quedé del todo contento, así que fui a una feria y conocí la tecnología 3D. Me gasté un dineral en el primer programa, pero es algo que me ha cautivado por completo”, señala.

En esa búsqueda de la perfección y lo diferente, Abrizketa lleva un tiempo también combinando técnicas ancestrales, como la de la fundición en arena, con las impresoras 3D. “Me gusta innovar e ir probando cosas hasta que me convence lo que veo. Es lo bueno que tiene responsabilizarte de todos los pasos de la producción, desde concebir el diseño original, hasta utilizar diferentes técnicas para que el resultado final sea el mejor posible”.

Cuchillo Entre los encargos más curiosos que le han realizado, el artesano destaca un cuchillo con una hoja de 25 centímetros “que pensé que no iba a ser capaz de hacer de lo grande que era” o un colgante con una mujer desnuda: “No tenía ningún componente sexual ni nada, pero al ser una pieza pequeña que querían que quedara muy bien, me costó”.

En cuanto a su proyección como artesano, Abrizketa asegura que su clientela es bastante fiel y que no es habitual en las ferias cinegéticas. “A una o dos al año sí que voy, pero, sobre todo, a mantener el contacto con gente conocida y a estar al día de cómo va la temporada de caza”.

Secciones