Una Tomatina bajo la bandera violeta

Más 20.000 personas participaron ayer en la localidad valenciana de Buñolen la guerra festiva y sin cuartel en la que se lanzan 145.000 kilos de tomate. Lareivindicación de la lucha contra la violencia machista se hizo patente todo el día. 

Un reportaje de Lucas Calabria - Jueves, 30 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 09:38h.

La Tomatina de Buñol, la batalla hortofrutícola más famosa del verano, llegó ayer a su cita un año más con 20.000 personas que durante una hora sucumbieron a una guerra festiva y sin cuartel en un río urbano de 145.000 kilos de tomate y bajo la bandera violeta de la lucha contra la violencia machista.

A falta del informe policial definitivo y de que se cerrara ayer por la tarde el protocolo de actuación, el Ayuntamiento valoró que no se registrara ningún incidente destacado ni contabilizado ninguna denuncia por agresión sexual.

Además del rojo, que por abundancia es el color protagonista en este día, el violeta supuso el aspecto diferencial de esta septuagenaria celebración, debido a la colocación de una serie de puntos de este color a los que las personas que sufrieran acoso podían acudir para denunciar y recibir apoyo psicológico.

Además, grupos de voluntarios y miembros de la organización lucieron camisetas moradas con el lema #NoEsNo desde los camiones cargados de tomates.

A las 10.57 horas sonó el primer petardo, que sirve para marcar el comienzo de la locura y dejar paso a los siete camiones colmados de tomates que tiñeron de rojo las calles de Buñol.

Entre las autoridades se encontraban la alcaldesa, Juncal Carrascosa, el presidente de la Diputación de Valencia, Toni Gaspar, y el portavoz de Compromís en el Congreso, Joan Baldoví, quien no dudó en subirse a uno de estos camiones para vivir la fiesta más intensamente y, según confesó después, se le pasó el tiempo “volando” entre tanta catarsis festiva.

“Lo he pasado genial, he disfrutado como un niño”, señaló el político valenciano, quien agradeció la oportunidad de vivir así la fiesta y sentirse como un buñolero más.

La precisión milimétrica, sobre todo para evitar atropellos, con la que avanzaron los camiones repletos de toneladas de tomates, contrastó con la anarquía imperante entre la muchedumbre.

Los vecinos también aportaron su granito de arena al desmadre general, ya que desde sus balcones arrojaron litros de agua sobre las cabezas de cuantos pasaban por debajo y que, en muchos casos, ni siquiera se percataban.

Tras 63 minutos de pura descarga de adrenalina, sonó el petardo que puso fin a los lanzamientos de tomate, pero que fue en balde a la hora de evitar que la gente chapoteara, se restregara por el suelo o continuara con la celebración, con la ropa ya irreconocible, mientras docenas de gafas de buceo y chanclas flotaban desperdigadas por la zona.

Otras autoridades menos habituales que asistieron fueron los embajadores de Lituania y Bangladés, que han acudido en representación de una comunidad internacional que, como cada edición, atrae a gente de Gran Bretaña, EEUU, Francia, Australia, India, Japón, Corea del Sur o Canadá, entre muchos otros lugares.

Estas personas pudieron acudir a este pueblo del interior de Valencia mucho más controladas que de costumbre, ya que no solo se regula su asistencia desde 2012, cuando casi se alcanzan los 50.000 asistentes, sino que además se han lanzado iniciativas específicas para ello.

A las 5.000 entradas gratuitas para los vecinos de Buñol, se suman otras 15.000 puestas a la venta para cualquiera, que estuvieron disponibles hasta última hora.

La Tomatina coincide con la fiesta del patrón de Buñol, San Luis Beltrán, y tiene su origen en el último miércoles de agosto en 1945, que también cayó en día 29, cuando un grupo de jóvenes buñolenses comenzó a lanzarse verduras durante una trifulca hasta que las autoridades intervinieron. A partir de ahí, los jóvenes decidieron organizar esta peculiar batalla de forma voluntaria cada año, hasta que en 1950 fue prohibida por las autoridades y en 1957, tras unas protestas de los vecinos del municipio, reinstaurada de forma oficial.