Colaboración

Oportunidades

Por Javier Otazu Ojer - Jueves, 30 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

el verano va terminando, y es inevitable preguntar si realmente lo hemos aprovechado o no. Es algo consustancial al ser humano: ¿hemos dejado perder alguna oportunidad? Un antiguo ministro israelí de Exteriores argumentaba que “estos palestinos no pierden la oportunidad de dejar pasar una oportunidad”. Se trata de abandonar el contexto histórico de la frase y valorar su significado. ¿Nos pasa eso muchas veces?

Sí. Lo que ocurre es que no somos conscientes de ello al estar completamente ensimismados en nuestro mundo;aquel que construimos de acuerdo a nuestros prejuicios para usarlo como un modelo que usaremos para ajustarlo a la realidad. Los humanos somos así: en lugar de adecuar la realidad a nuestra persona hacemos lo contrario.

Esta idea se entiende fácilmente en retrospectiva. Una de las críticas más acertadas que ha recibido el gobierno del PP presidido por Rajoy que disfrutó de mayoría absoluta ha sido no tomar medidas que hoy en día nos habrían venido muy bien. Opciones a nivel jurídico, sanitario, educativo, cultural o administrativas hay innumerables. ¿Qué se hizo? La reforma laboral. Siempre se mantendrá el eterno debate acerca de si se creó más empleo a cambio de una mayor precariedad para el trabajador. Son debates que no tienen fin, como el relacionado entre la seguridad y la libertad. Pero la realidad es la que es, y para el actual gobierno del PSOE ha sido, por ejemplo, más prioritario el asunto del traslado de la tumba de Franco que derogar esta reforma (cosa que había prometido por activa y pasiva). ¿Ha sido debido a que, pese a todo, la situación de los trabajadores ha mejorado? ¿O una vez que se plantea subir el techo de gasto se piensa que no podemos contrariar más a Bruselas? No lo sé;simplemente ha sido así.

¿Qué oportunidades puede perder el gobierno de Sánchez? No muchas. El problema de aritmética parlamentaria y de estrategia electoralista por parte de los partidos que apoyaron la moción de censura le han dejado sin margen de maniobra. Por lo tanto, ¿cuál es la solución? Tomar medidas que contenten a la mayor parte de los partidos, aunque no sea lo prioritario a corto plazo. Lo importante es hacer algo. Una de las oportunidades más importantes que estamos perdiendo es el arreglo del sistema educativo, pero eso no tiene solución posible. Nunca se hará. El partido que está en el gobierno dirá que ellos han sido los únicos en crear consenso en años gracias a su “capacidad de diálogo”. La oposición no va a permitir semejante rédito electoral al gobernante. No nos gustan las personas cerradas, y la palabra diálogo está de moda. Por desgracia, no se comprende que hay cuestiones que no se pueden arreglar con diálogo. Si dentro de una pareja un lado desea la separación y el otro seguir juntos, no existe arreglo posible.

Dice el proverbio chino que no vuelven ni la palabra dada, ni la flecha lanzada ni la oportunidad perdida. En el primer caso, los riesgos han aumentado: con la tecnología de hoy nos pueden grabar desde cualquier cámara oculta. Eso sí, tenemos la costumbre de grabarnos a nosotros mismos en las redes sociales. La huella digital hace que eso sea semejante a un tatuaje: una vez hecho cualquiera lo borra, ¿no? En el segundo caso, debemos tener en cuenta que hoy en día no se lanzan muchas flechas. Las técnicas armamentísticas han mejorado una barbaridad: nada como matar al mínimo coste. Faltan avances como asesinar por raza o dejar los edificios en pie (el triste intento de la bomba de neutrones) pero todo se andará. Pero se puede hacer una analogía en asuntos delicados como descuidos en trabajos de riesgo o al volante. En acciones banales como cruzar un paso de cebra con el coche llegamos a poner en riesgo nuestra vida y la de los demás.

Por último, volvamos a la oportunidad perdida. Nada hay peor que el desconsuelo producido por haber elegido una carrera profesional equivocada (sin meditarlo suficientemente), una vida matrimonial desdichada (por inercia) o un vicio que nos ha arrastrado de continuo (aunque la lista es muy larga podría empezar desde las típicas drogas hasta cualquier tipo de adicción negativa). Por eso, bueno es saber las cosas de las que se arrepienten más a menudo. La lista, no necesariamente en este orden, sería aproximadamente la siguiente: Uno, no arriesgarse. Dos, no haber visto crecer a los hijos (la sensación de haberlos educado mal es algo que perdura para siempre). Tres, estar preocupados de tonterías sin fijarnos en lo importante.

¿Lo importante? ¿Qué es?

Sé lo que no es: ver la televisión muchas horas, comprar el Ferrari más caro o ganar más dinero que las personas que están en nuestro entorno. Si buscamos lo que es, debemos ir a un sitio lejano y desconocido. Nuestro interior. Buen viaje. Profesor de Economía de la UNED de Tudela