Txomin estrenará en octubre su central de calor para 1.500 pisos

Un técnico contempla el interior de la instalación.
La central de calor de Txomin, en plena zona en obras.
La arquitecta Larzabal y el concejal Gasco, rodeados de técnicos, ayer.

La instalación tiene un coste de 2,8 millones de euros, con ayudas europeas Las antiguas viviendas del barrio también quedarán conectadas al sistema

Carolina Alonso Gorka Estrada - Miércoles, 29 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

donostia - La central de agua caliente y calefacción del barrio de Txomin que funcionará de modo ecológico, gracias a biomasa compuesta de astillas forestales, está ya lista para entrar en funcionamiento, tras las primeras pruebas llevadas a cabo de modo satisfactorio a principios del presente mes de agosto. La instalación está preparada para dar servicio a 1.500 familias: las de los 900 de los pisos que se construyen actualmente en Txomin, las de las 156 viejas viviendas del barrio -que serán rehabilitadas y conectadas a la nueva red de agua caliente y calefacción- y las que se construirán en el futuro, una vez derribada la actual cárcel.

Está previsto que el nuevo sistema más ecológico empiece a funcionar en octubre con la entrega de las primeras 60 viviendas, correspondientes antiguos vecinos realojados en el barrio y nuevos residentes en la zona.

La instalación, que será gestionada por la UTE compuesta por Ferrovial Servicios y Tecnocontrol Servicios, ha sido diseñada por la arquitecta donostiarra Izaskun Larzabal. Responsables de las empresas encargadas de la central y el concejal responsable de Fomento de San Sebastián, Ernesto Gasco, mostraron ayer las nuevas instalaciones a los medios de comunicación.

La central, que ha sido denominada District Heating, será la mayor de sus características de Euskadi ya que solo existe una instalación similar en Bizkaia, limitada a unas 200 viviendas, según explicaron los responsables municipales. La central donostiarra también podría ser la mayor de la Península en cuanto a utilización de biomasa de astillas, según añadieron.

En concreto, los fragmentos de madera que servirán para calentar el agua del barrio tienen que tener una procedencia forestal de, como máximo, 250 kilómetros de distancia de la capital guipuzcoana. El edificio de generación de energía cuenta con dos depósitos de biomasa y otros dos de gas para caso de avería o por si surgen picos de consumo durante el invierno.

Ernesto Gasco mostró su satisfacción por la implantación del sistema en el “ecobarrio de Txomin” y recordó que “los sistemas de calefacción centralizada presentan grandes ventajas desde el punto de vista ecológico y permiten reducciones superiores al 80% las emisiones de C02”. Aunque la calefacción es central para todo el barrio -las nuevas viviendas carecen de los calentadores habituales- cada uno de los pisos pagará en función de su uso particular de agua caliente y calefacción. Esta última estará disponible en todo momento del año, no solo en temporada de invierno.

Los ahorros económicos que se suele conseguir por medio de este tipo de centrales, muy frecuentes en los países nórdicos, oscilan entre el 10 y el 15% del precio convencional. Además, según explicaron los técnicos, las instalaciones cuentan con una garantía total de mantenimiento y reposición sin límite de tiempo, lo que garantiza que los usuarios no tengan que hacer frente a gastos extraordinarios en caso de averías.

casi sin emisiones El District Heating de Txomin está dividido en dos partes. El módulo técnico cuenta con un depósito de 440 metros cúbicos para las astillas forestales, dos calderas de biomasa, otros dos calderas de gas natural y dos acumuladores de energía, además de un sistema que elimina los restos de madera del humo y logra que a la atmósfera casi no salgan emisiones nocivas. Según explicó el gerente de la UTE, Pedro Sanz, en todo caso saldrá vapor de agua por la mañana. El aislamiento acústico de los elementos de la maquinaria impedirá ruidos molestos al exterior, según añadió.

Gasco, por su parte, recordó que la instalación ha costado 2,8 millones de euros, de los que casi 800.000 han sido aportados por la Unión Europea en el marco de su programa Replicate, del que también forman parte Florencia y Bristol. Otro millón de euros procede de la aportación de la propia empresa que gestionará la instalación en sus primeros quince años.

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