Lujosas suites gatunas

Con distintas estancias, Gatosphera es, desde el año 2010, uno de los treshoteles exclusivos para gatos ubicados en la Comunidad de Madrid.  

Un reportaje de Sol Carreras - Martes, 28 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 09:49h.

Camas con colchonetas refrescantes para el verano, servicio de cepillado y un hilo musical con jazz y chill out son algunos de los detalles que ofrece Gatosphera, un hotel destinado exclusivamente a gatos en San Agustín de Guadalix, Madrid, que cuenta con suites “de lujo” y jardín privado.

“Lo hemos hecho como un hotel”, explica la dueña de Gatosphera, Almudena Díaz-Miguel, que inauguró este negocio en 2010. Lo hizo animada por un amigo propietario de un centro de estancia para perros que le comentó que en la Comunidad de Madrid apenas había establecimientos de este tipo para gatos.

De hecho, en la actualidad en la región solo hay otros dos hoteles destinados exclusivamente a felinos: Gattopolis, en Guadarrama, y Los Lagos, en la carretera de Chinchón, que fue el pionero y lleva abierto desde 1992.

Díaz-Miguel analizó la oferta existente en países como EEUU, Italia, Francia e Inglaterra antes de poner en marcha Gatosphera, que se define como un “hotel felino cinco huellas ecológico y tranquilo”.

El hotel ocupa parte de una finca de tres hectáreas en la localidad madrileña de San Agustín del Guadalix, donde vive la empresaria acompañada de perros, caballos y gallinas y Marcelo, su gato. “Es el que mejor vive de todos”, bromea.

PARA TODOS LOS GUSTOS Gatosphera no junta a gatos de distintos dueños, ya que, como explica su propietaria, algunos de ellos son “dominantes” y no dejan comer a otros ejemplares. Las estancias más sencillas son las 20 habitaciones situadas en el módulo central de Gatosphera, que tienen suelo de madera y superficies a distintas alturas para que los gatos puedan disfrutar de los espacios en vertical.

La mejor opción para las “familias numerosas” son los bungalós, tres cabañas individuales de tres metros de largo por dos de ancho con vistas a la sierra madrileña.

Pero la opción preferida por la mayoría de los clientes son las 16 suites “de lujo” –pensadas para dos o más gatos, pueden ser usadas por uno solo–, con 1,70 metros de largo por 2,30 de ancho, que están decoradas con papel pintado, cuadros y muebles de colores.

Todas las habitaciones tienen calefacción, pero solo las estándar disponen de aire acondicionado, ya que los bungalós y la suites cuentan con un porche y un jardín privado algo más grande que el de la estándar para que los felinos puedan salir al exterior. Además, el hotel pone a disposición de los clientes que lo necesiten fuentes de agua, camas térmicas y colchonetas refrescantes. “Compramos todas las pijadas que vemos”, dice la dueña.

Para disfrutar de estas comodidades, los precios oscilan entre los 15 euros por noche de las habitaciones estándar y los 27 de las suites, ambos en temporada baja y sin IVA, donde se incluye el alojamiento, el servicio de cepillado y la comida, si bien los gastos de medicación o tratamientos veterinarios van aparte.

Gatosphera cuenta también con estancias polivalentes para cachorros y gatos con necesidades y cuidados especiales, como los mayores o los recién operados.

Durante el día, el hotel –que en agosto puede llegar a albergar a medio centenar de gatos– tiene un hilo con música clásica, chill out y jazz para crear un ambiente relajado. Aun así, los gatos más nerviosos pueden tomar flores de Bach previa consulta del dueño.

Para prestar una atención lo más personalizada posible, la empresa pide a los clientes que rellenen antes de entrar una ficha con detalles sobre la personalidad y los gustos de sus gatos.

REPITENMuchos de ellos vuelven a vivir la experiencia como Lida, que suele dejar en el hotel a sus cinco gatos cada vez que se va de vacaciones. “Son muy buenos profesionales, muy responsables y muy cariñosos con los gatos”, asegura en referencia a Díaz-Miguel y a los otros dos trabajadores fijos del centro, con el que colaboran tres veterinarios de San Agustín de Guadalix.

Ángeles también lleva a sus cinco gatas cuando tiene que pasar un tiempo fuera de casa. “Lo mejor es el entorno y las instalaciones”, cuenta. A pesar de ser un hotel “de lujo”, sus clientes gatunos no son demasiado caprichosos y solo los dueños de algunos de ellos han hecho peticiones muy concretas con la comida, como uno que alertó a la dueña de que si tenía problemas para comer tenía que probar a darle “yogur con mermelada de melocotón”.