a rueda

El barranco de Viznar

de Miguel Usabiaga - Martes, 28 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

ya está aquí la Vuelta. Sus pedaladas llegan con un perfume agrio de regreso, el aroma pesado del fin de las vacaciones. Se acaba nuestro agosto, los felices amores de verano partieron;lo nuevo vuelve a ser rutina;el tiempo pleno, nuestro, soberano, sin alienación alguna, nos abandona;las noches traen un frescor que anuncia el cambio. Y en esa atmósfera de derrota, nuestros ciclistas se empeñan por recabar nuestra atención. Sigámosles, son el último eslabón para continuar disfrutando de unas migajas del gozo estival. Después de la Vuelta, se acabó. Quedará el Mundial, ya con el sol abatido, metido en lluvias y fríos, y las últimas clásicas italianas, que por algo son llamadas las carreras de las hojas muertas. La Vuelta es el último aferradero, el último salvavidas de nuestra libertad, del sueño acariciado aún reciente, y de su memoria.

Antes, cuando la Vuelta se disputaba en el centro de la primavera, carecía de estas resonancias, de esta capacidad de reflujo emocional. No se mezclaba con el verano. Era ajena a los amores, a los viajes, a la pereza estival. Ahora el compañero de los corredores es el calor, y en estos primeros días en Andalucía, ese es un compañero demoledor. Antaño, en la primavera, era al contrario, y era peor, pues era habitual verles sufrir bajo la lluvia helada o el granizo en cuanto enfrentaban las montañas del norte o de los Pirineos.

Por contra, la disputa en aquel tiempo tenía una ventaja, no aislaba al ciclismo en la burbuja individual del confort, frente al televisor;se mezclaba con la vida activa del país, y no era infrecuente que los niños salieran de la escuela para aplaudir en la carretera el paso de los ciclistas.

Las primeras señales de la prueba apuntan a una carrera muy disputada, sin ningún dominador claro. A los que su clase se lo podría permitir, Nibali o Porte, aún andan convalecientes de sus caídas en el Tour;y los siguientes en escena parecen muy igualados en cuanto a fuerzas y categoría. Quintana y Pinot podrían sobresalir, pero el colombiano quizá está demasiado turbado por su destino como ciclista;y el francés aún asustado del sobreesfuerzo en la etapa heroica de La Finestre, en el Giro, que le llevó al hospital desfallecido. Los hermanos Yates, agotados de sus esfuerzos en Giro y Tour;Valverde todavía muy fuerte pero quizá tiene su punto de mira en el Mundial, la pieza que le falta en su palmarés;Kwiatkowski, un portento de Este, pero enigmático, capaz de lo mejor pero también de desaparecer, como los corredores de aquellos parajes, y su triunfo en la Vuelta a Polonia creo que le restará motivación. Todos muy igualados, pero entre ellos, sin duda, estará el ganador.

El ciclismo cuenta con una virtud, tanto en el de carácter deportivo como en el de paseo o viajero, que es la de permitir recorrer los paisajes, los lugares, a una velocidad que nos permite disfrutarlos, analizarlos, interiorizarlos, una velocidad filosófica. Y el ciclismo de competición, al seguirlo, permite conectar el territorio, la historia, con las emociones de la gente. La Vuelta, voluntaria o involuntariamente, ha incluido en su recorrido algunos pasajes de gran significado en la memoria histórica de nuestro país, y merece la pena comentarlos. En la montaña asturiana, una etapa termina en la cima de Les Praeres, cerca de Pozo Funeres, lugar de implantación de la guerrilla comunista, y donde el franquismo masacró a decenas de sus colaboradores arrojándolos vivos en un pozo. Hablaremos más extensamente cuando la carrera se acerque allí. Y en estos primeros días, en Granada, los corredores llegarán a la sierra de la Alfaguara. En los últimos kilómetros, muy cerca de la meta, van a pasar por el pueblo de Alfacar, y al lado del barranco de Viznar. En este lugar se sospecha que fue enterrado, aunque aún no se hayan podido encontrar sus restos, nuestro insigne y universal poeta Federico García Lorca después de ser asesinado ilegalmente. El barranco de Viznar, un lugar en el que junto a él hay más de mil enterrados republicanos, también asesinados. Federico no habló de ciclismo, pero sí de las bicicletas. Supo ver la capacidad de éstas como símbolo de modernidad en aquellos tiempos. Tiene escrita una obra de teatro breve titulada La bicicleta de Buster Keaton, una obra magistral, surrealista, cargada de bondad, humor e ironía, y en la que dice: “La bicicleta de Buster Keaton no tiene el sillín de caramelo, ni los pedales de azúcar, como quisieran los hombres malos. Es una bicicleta como todas, pero empapada de inocencia. Adán y Eva correrían asustados si vieran un vaso lleno de agua, y acariciarían en cambio la bicicleta de Keaton”.

Esas son las bicicletas que necesita el ciclismo. La motivación es esencial para todo en la vida, decisiva para el asalto de las más altas metas en el ciclismo, y quizá, alguno de los corredores de la Vuelta, subiendo la sierra de Alfaguara, al lado de la tumba de Lorca, encuentre en él la más bella motivación para seguir adelante, para la victoria, para rendir un bello homenaje al poeta.

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