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Las urgencias médicas suben en verano hasta un 50%

Imagen de un simulacro realizado por un helicóptero en la Bahía de La Concha, en Donostia.

Las vacaciones pueden empañarse con dolencias de traumatología o de oído que llenan las consultas Los problemas de estómago y piel son también afecciones frecuentes

“Las picaduras de medusas hay que lavarlas con agua de mar, nunca con agua dulce” “Tras la picadura de un insecto hay que aplicar frío, y nunca recurrir al amoniaco o al alcohol”

C. Lago - Lunes, 27 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Donostia - Hay dolencias para todos los gustos. Gastroenteritis, deshidratación, hongos, depresión, infecciones urinarias y vaginales, fracturas y esguinces se sitúan entre las patologías que disparan las urgencias durante la época estival. Eso sin contar las temidas picaduras. En verano los servicios médicos desarrollan un ritmo frenético porque las consultas por emergencias se incrementan hasta en un 50%, según la plataforma online Top Doctors. Y todo porque las vacaciones suponen un paréntesis en la rutina que implica salir más, comer y beber de forma diferente, y una serie de cambios sustanciales de mentalidad, de actividad física, y sexual. Hasta el punto de que los veraneantes se permiten ciertas licencias que pueden llegar a tener serias consecuencias sanitarias.

Los niños y los ancianos son perfiles especialmente vulnerables y susceptibles de contraer patologías gastrointestinales durante los meses de verano. Las toxiinfecciones alimentarias se producen en la mayoría de las ocasiones por la rotura de la cadena de frío en la conservación de alimentos. También son frecuentes los problemas de deshidratación. Para evitar este tipo de trastornos, se aconseja “beber agua, comer con moderación y de forma variada, controlar la medicación habitual y no abusar del alcohol”.

A nivel ginecológico, las infecciones vaginales y urinarias son afecciones comunes. Los centros de ginecología y obstetricia pueden llegar a experimentar un incremento de hasta el 30% en el número de urgencias. Pero las incidencias también se producen a nivel psicológico, ya que la desconexión vacacional puede derivar en un mayor número de consultas, como señala la doctora Silvia Saskyn.

Los damnificados del verano Uno de los grandes damnificados por el verano es el oído. Así, las urgencias otológicas aumenten hasta un 30% durante esta época, sobre todo en las zonas de costa. De hecho, el estrés físico y psíquico al que en muchas ocasiones se ve sometido nuestro cuerpo puede propiciar la aparición de problemas vestibulares (vértigo) durante el verano. La piel es otra de las problemáticas. La mayor exposición al sol puede generar diferentes erupciones agudas como la sudamina, hongos, alergias solares o brotes de lupus cutáneos.

Y es que hasta las vacaciones más idílicas pueden empañarse por pequeños enemigos como medusas o peces venenosos, que con un simple roce provocan reacciones y dolores intensos ante los que hay que actuar de forma rápida y acertada y no dejarse guiar por creencias populares.

Además de los mosquitos, son especialmente peligrosas las picaduras de abejas y avispas. Pero ¿qué hay que hacer si pican? En declaraciones a la agencia Efe, el responsable del Programa de Servicios Preventivos de Emergencias de Cruz Roja, Carlos Urkia, asegura que hay que calmar el dolor y disminuir la inflamación. Para ello, hay que aplicar frío con un compresa escurrida o hielo envuelto y es conveniente lavar la zona con agua y jabón. Urkia hace hincapié en que no se debe utilizar amoniaco, ni alcohol porque al principio van bien para reducir la hinchazón, pero hacen que el dolor aumente al penetrar en la minúscula herida que ha provocado la picadura. “Tampoco hay que utilizar saliva, barro o cualquier otro producto casero para evitar una posible infección”, destaca el experto.

Obviamente, no todas las picaduras se tratan igual. Las de las medusas, que son otro de los enemigos a temer, hay que lavarlas con agua de mar, nunca con agua dulce, porque agravaría el dolor, según subraya la dermatóloga Rosa Taberner, desde la Academia Española de Dermatología y Venereología. Se recomienda también aplicar frío, pero si lo único que tenemos a mano es hielo, no hay que ponerlo directamente sobre la piel porque es agua dulce y sería contraproducente. “En estos casos el vinagre con agua también puede ser un aliado”, indica Taberner.

El frío debe aplicarse durante unos 15 minutos y hay que extraer los posibles restos que estén adheridos a la piel con la ayuda de unos guantes. “Hay que raspar cuidadosamente la zona con, por ejemplo, una tarjeta de crédito”, añade Urkia. Si se ha tenido la mala suerte de pisar un erizo de mar y las espinas se quedan clavadas en la piel, lo mejor es no tocarlas para evitar que se rompan y acudir al puesto de socorro más próximo o a un centro de salud.

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