A vueltas con los nombres de las calles de Donostia

Por Josu Tellabide Azkolain - Domingo, 26 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

La memoria y la cultura son, entre otros factores, más los que hacen que un pueblo se reconozca como tal. Si analizamos las calles de Donostia, veremos que de ninguna manera nos muestra que es una ciudad progresista y que posea una cultura que le corresponda. El catálogo de las calles de Donostia es conservador y, en algunos casos, reaccionario. No lo analizaremos solo desde un punto de vista cultural, sino de una forma general.

Al comienzo del siglo XVI, cuando los comuneros de Castilla se rebelaron contra el emperador Carlos V, un cronista de la ciudad de Burgos dijo: “Aquí, en Burgos, todo se hace al gusto de los poderosos”. Por supuesto, la ciudad se posicionó a favor del emperador. Hoy, como entonces, en Donostia ocurre lo mismo: “Aquí se hace al gusto de los ricos”. La cultura, la historia y el relato se gestionan al gusto de los burgueses ricos.

Al comienzo del siglo XIX, dicen, desaparecieron los absolutistas y aparecieron los liberales, pero lo que ocurrió fue que los absolutistas se convirtieron en liberales. Desapareció la dictadura y vino la democracia, pero lo que sucedió fue que los partidarios de la dictadura se convirtieron en demócratas. Los que mandan siempre son los mismos: negociantes, empresarios, promotores o financieros. Ellos deciden y sus servidores, sean militares, gestores, políticos o periodistas, cumplen lo que se les ordena. Ellos eran y son los dueños de casi todos los medios y ellos son los que ponen los nombres de las calles. La gente cree que vive en democracia y que decide con libertad y no se da cuenta que es el poder que está detrás y que lo componen unos pocos ricos que son los que deciden todo.

La enfermedad viene de lejos. José María Collado, oligarca donostiarra, creó en 1820 la sociedad patriótica de San Sebastián o también llamada Tertulia constitucional La Balandra. También fundó un periódico llamado El liberal guipuzcoano. Esta asociación era fervientemente española. También son llamativos los apellidos de los miembros de esta asociación: General Echague, Berminghan, Fermín Lasala, Eustasio Amilibia, Joaquín Calbetón, los hermanos Brunet, Anton de Luzuriaga, Elías Legarda, Joaquín Ferrer, etc. Estos fueron los que quitaron el nombre de Plaza Berria o Plaza Nueva y pusieron el nombre de Plaza de la Constitución (1820). No existe en el Ayuntamiento ningún escrito que cerciore, pero eran ellos los que mandaban. El nombre de Puiuelo tenía cinco siglos de antigüedad. Pues a esa calle le pusieron el nombre de Fermín Calbetón (1919), que era el hijo Joaquín Calbetón.

El abogado José Múgica, hijo del historiador Serapio Múgica, fue uno de los fundadores de El Diario Vasco (1934), continuador ideológico de El liberal guipuzcoano. A este abogado los fascistas le nombraron alcalde en 1936. En 1950 escribió en un texto, Carlistas moderados y progresistas, que la tertulia la Balandra se había convertido en un poderoso grupo de presión y que en este grupo se decidían todos los negocios y la política de Donostia.

Al parecer este grupo tuvo enorme influencia a la hora de difundir entre la población las ideas del liberalismo. Eran fervientes detractores de los fueros y en 1840 promovieron y fomentaron sus ideas entre la población donostiarra. Fue este año cuando le pidieron a Madrid que Donostia se anexionara a Nafarroa, pues Nafarroa estaba sin fueros y Gipuzkoa continuaba con los fueros.

También el general Castaños, uno de los responsables de la masacre de 1813, está unido a estos personajes. María Dolores, hija de Elías Legarda, se casó en 1859 con un familiar de Castaños en 1878, compraron la casa solariega de Aiete y construyeron el actual palacio. Tal y como aparece en el libro de M.A. Barcenilla y de González de Garai Jauntxoak, burgesak eta foruak en 1984.

En la época actual ha habido pocos cambios. Al parecer, los antiguos “liberales” se han convertido en “autonomistas” y, aunque siguen mandando, procuran guardar las formas… mientras los políticos que gestionan la Administración aparentan darle importancia a la historia popular. Siempre sin hacer enfadar a los oligarcas, pues en caso contrario sus negocios irían a pique.

En la ciudad de Xixon, que es mucho más progresista que Donostia, tienen una calle con el nombre de Carlos Marx y también otra que se llama Jose Martí, el héroe de la independencia de Cuba.

En Barcelona, Antonio López, marqués de Comillas y gran oligarca de Cataluña y que es el santo de los financieros de hoy y que fue traficante de miles de esclavos, tenía una plaza y un monumento y lo quitaron. Del mismo modo que quitaron los nombres de los reyes borbones, que han desaparecieron del callejero.

Sin ir tan lejos aquí, en Euskal Herria, en Durango, la calle y la escuela que llevaban el nombre de Fray Juan de Zumarraga las han quitado. ¿Quién era ese personaje? Era un hijo de Durango que al comienzo del siglo XVI fue cabeza de la inquisición en Nueva España (México) en la época de la invasión y conquista. También fue el primer obispo de Ciudad de México. En el pleno que se celebro en 19 de diciembre de 2017, cuando se decidió quitar el nombre, la concejala del PSE Pilar Ruiz dijo: “En desagravio a las mujeres perseguidas y a las fundadas sospechas que hay de que Fray Juan de Zumarraga atentó contra la cultura y costumbres de los indígenas. Fue un inquisidor activo en la caza de brujas”. Todos los partidos políticos aceptaron. Solo el PP se abstuvo. A los pueblos y a su historia se le debe respeto. Estos pueblos son más dignos y progresistas que Donostia. Donostia tiene opciones para cambiar muchos nombres. ¿Pero cuándo nuestros políticos gestionarán estos cambios? Ahí queda la pregunta.

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