Cartas a la Dirección

Discípulos de Hayek

ASIER ECENARRO ARANCIBIA - Sábado, 25 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Recientemente el político español Albert Rivera señalaba, mediante un tuit, que para él era indecente el acto de colocar cruces amarillas en playas y lugares públicos por parte de independentistas catalanes. Hacía una comparación con las cruces del cementerio nacional de Arlington en Washington, estas sí, decentes para el líder de C’s. ¿Qué tienen en común Albert Rivera, Jose María Aznar, Mauricio Macri, Michel Temer, Margaret Thatcher o Ricardo Lagos? Su adoración a los EEUU y su admiración por los gurús economistas del neoliberalismo como Friedrich Von Hayek o Ludwig Von Mises. Este último afirmó en su obra que “el Estado omnipotente” en un mundo de libre comercio y democracia, esto es, en un mundo de estados liberal-capitalistas, no tendría incentivo para la guerra y la conquista.

Esa afirmación niega cínicamente la realidad de la guerra interimperialista y de la depredación de recursos a nivel intercontinental. El imperialismo, ya lo dejó escrito Lenin, es la fase superior del capitalismo. No vale aducir que la guerra se ha dado sobre todo, entre estados “democráticos” y estados “ canallas” (fascistas , totalitarios o fallidos) porque el capitalismo lleva en sí el germen de la guerra y el expolio a nivel planetario.

Los gobernantes discípulos de Hayek y Mises han provocado una auténtica devastación social en sus respectivos países, desde la periferia de Buenos Aires a los pueblos y ciudades de EEUU. Incluso un politólogo liberal norteamericano, Mark Lilla, ha escrito que “la mayoría de los estadounidenses reconoce ahora que la ciudad brillante en la colina de Ronald Reagan se ha convertido en localidades del interior minero con tiendas cerradas desde hace mucho, fábricas abandonadas e invadidas por los matorrales, ciudades donde el agua es imbebible y en donde familias subsisten con trabajos a tiempo parcial por los que les pagan el salario mínimo, y sin seguro médico”. Este sistema criminal, que genera millones y millones de excluidos, es el modelo de sociedad de muchos políticos, ellos mismos aupados al poder por el gran capital.