El beaterio

¡Ya no les quedan ceros!

Asier Illarramendi disputa un balón aéreo con el local Guido Carrillo durante el encuentro de ayer en Butarque. (Foto: Efe)

Por Iñaki de Mujika - Sábado, 25 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 08:53h.

El miércoles pasado estaba a las diez en punto de la mañana en la tienda de la Real, sita en la calle Elkano. Hay un banco para sentarse. Estaba ocupado por dos señoras. Intuí que esperaban a la apertura. Sonaba la hora en el reloj de la Diputación y se abrieron las puertas. Los tres íbamos al mismo sitio, a la planta de abajo. Ellas con la camiseta del hijo y del nieto. Querían ponerle su nombre y el número. La amable joven que nos atiende dice: “No quedan ceros, están agotados y esperamos que nos lleguen”. Eligieron el 1. Comprobé el proceso y en un plis plas se llevaron la camiseta.

La mía llevaba el nombre de Januzaj. Es de un chaval de pocos años que solo quiere la del belga, al que adora. Como cuando le regalaron la camiseta aún no estaban definidos los números oficiales, hubo que esperar a que se decidiera por el 11. “¿Te quedan unos?”, pregunté. Respuesta afirmativa. Manos a la obra y en un santiamén trabajo impecable. Como no puedo callarme, quise saber la razón de la falta de “ceros”. Intuía que el boom Mikel Oyarzabal estaba en la cresta de los motivos. “Sí, pero también la de Xabi Prieto, que se sigue vendiendo”. Sin contar, los que puedan elegir a Kevin que lleva el 20 desde que salió cedido Joseba Zaldua. A la vista de la realidad, es fácil concluir que las cosas no pasan por casualidad.

Comentamos otras curiosidades. Sobre todo, las decisiones herméticas de los niños. Ellos van con una idea clara. Saben de sobra lo que quieren. Unos eligen su nombre y el número del que aprecian y otros la camiseta entera de sus ídolos. Y aunque los padres y las madres les sugieran otra cosa, se mantienen firmes en sus convicciones. Agradezco el trato de la persona que me atendió. Muy amable. Y me apetece decirlo, porque como nos quejamos por todo… Subí a la primera planta o principal y allí estaba instalada una especie de locura, de gente comprando camisetas, pidiendo sudaderas, probándose no sé qué. Y eran las diez y diez de la mañana de un soleado día.

Ayer también eran las diez, pero de la noche. Viernes, día de San Bartolomé. Tocaba visita al antiguo feudo de nuestro técnico. En Leganés saben preparar los partidos con anuncios divertidos en donde se conjuntan creatividad y respeto. Alguien expuso la idea y alguien la plasmó en una frase simpática: “Asieritos somos y en el camino nos encontraremos”. Asier Garitano forma parte de la mejor historia de los pepineros. Con él lograron los ascensos y la permanencia en la mejor categoría del fútbol.

Anoche le pudo resultar extraño sentarse (poco) en el banquillo contrario. Supongo que por su cabeza pasaron los momentos más emocionantes de su trayectoria allí pero, como es un profesional como la copa de un pino, ahora defiende los colores de aquí y bastante tiene con sacar la nave adelante. El míster cerró esta semana Zubieta a cal y canto, posiblemente para que no le dieran mucho la murga y el equipo no perdiera un átomo de la necesaria concentración. Esa fue una de las virtudes en La Cerámica y esa actitud defensiva y coral sirvió para cerrar con éxito los noventa minutos de partido.

Ni tan mal!El míster repitió convocatoria, pero no equipo. Optó de salida por Zurutuza y Juanmi, precisamente los que se incorporaron al juego hace siete días sustituyendo a Merino y Rubén Pardo. Y el tercer cambio, con Elustondo de protagonista, se produjo antes de lo deseado por la lesión de Llorente. Justo hasta entonces la Real jugaba con brillo, marcaba dos goles, con sendas acciones formidables de Zaldua, y se adueñaba del cortijo. Zurutuza e Illarra nos ponían con sus remates en el camino de la alegría, pero… La acción en la que se rompió el central realista Diego Llorente enfrió el partido, nos atolondramos y perdimos el oremus. Desde ahí, hasta el final.

Llegamos al descanso enteros, aunque al poco de iniciarse el segundo tiempo, los locales apretaron con todo. Demasiado pronto recortaron desventaja como para no esperar un partido parecido al de Villarreal, pero con más minutos de trabajo impagable por salvar los muebles y tratar de sacar otros tres puntos. Lento el reloj fue haciendo camino hacia el final. Jugadas de susto en la zona de Rulli hasta que llegó el doblete de El Zhar, que premiaba el esfuerzo de los locales y castigaba la nula presencia ofensiva de los realistas en el área contraria. Otro punto fuera de casa que puede saber a poco tal y como empezaron las cosas. Si tuviera que poner notas por el juego del segundo tiempo, me pasaría lo mismo que en la tienda. Se me agotarían.

Apunte final: justo frente a la tienda txuri-urdin existe un santuario del queso. Confieso que a la salida, tras mirar el escaparate, entré sin miedo. El chico amable que atiende a los clientes me ganó pronto para su causa (no era muy difícil). Salí con una bolsa en la que había un pedacito de Reblochon (vaca Alta Saboya), otro de Brabander (cabra holandés) y un Altejó (vaca de Girona), más una mantequilla. Y a esta hora, cuando escribo que aún estoy sin cenar, me comería hasta el envoltorio. ¡Divinos de la muerte! l

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