Cartas a la Dirección

Pisar la realidad

JOXEAGUS ARRIETA - Viernes, 24 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 14:06h.

Es la eterna lucha entre el realismo y el idealismo. Siempre he pensado que la radicalidad pocas veces es realista, que es más bien fruto de la ensoñación o de soltar proclamas en el aire. Sin embargo, esto no quiere decir que debamos ser conformistas. El conformismo ante la injusticia es un defecto moral, pero la radicalidad en todo también. Exceso y defecto son malos. Lo que importa es el justo medio realista que no se deja llevar por extremos que solo se sostienen en el aire. Sin realismo podemos hacer grandes elucubraciones, pero muy difícilmente se arreglan los problemas. ¿Es posible arreglar el mundo sin arreglarnos a nosotros mismos? ¿Es posible alcanzar la paz universal sin estar en paz con nosotros mismos? ¿Es posible conseguir la justicia en la tierra sin ser nosotros justos en las relaciones con los demás? ¿Es posible obtener un mundo más ecológico sin seguir personalmente, en nuestra vida diaria, unas pautas ecológicas más adecuadas? ¿Es posible arreglar el problema del hambre sin ser capaces nosotros de llevar una vida personal más austera y solidaria? Necesitamos ser más realistas y plantar los pies en el suelo. Necesitamos más civismo, más ética social y, sin lugar a dudas, una economía más humana.

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