A por ellos

Asieritos somos

Por Mikel Recalde - Viernes, 24 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

“Asieritos somos y en el camino nos encontraremos”. No se puede ser más ingenioso, certero y, en este caso, cariñoso que el departamento de comunicación del Leganés. Sé que no es la primera vez que me refiero a ellos con tanta admiración, pero es que llevan años bordándolo con los carteles que anuncian los encuentros que se disputan en Butarque (el de ayer con la foto de Garitano rememorando película Volver, también sublime). En Primera han encontrado un altavoz mediático que no tuvieron cuando comenzaron a promover este tipo de iniciativas para intentar que la afición acudiera en Segunda B. No les ha ido nada mal. El club no ha parado de crecer y, además, lo ha hecho siempre partiendo de la naturalidad y la humildad, siendo siempre conscientes de dónde venían después de estar vagando por la división de bronce con el agravante de que su vecino, el Getafe, había ascendido a los cielos y se había asentado en Primera. Para los que no conozcan la ubicación de ambas localidades madrileñas, que por cierto tienen casi la misma población que Donostia, cuando vaya a comenzar el encuentro de los blanquiazules, desde Butarque, que se encuentra en una pequeña colina, se podrán divisar a lo lejos los focos del Coliséum Alfonso Pérez Muñoz, donde acabará de jugar el Eibar, en este doble duelo del sur de Madrid contra los guipuzcoanos. Palabra de un becario que se ha comido muchas visitas a ambos escenarios en sus tiempos mozos. Aunque en mi época, después de los gigantes de la ciudad, el que mandaba en esa tribu era mi querido Rayito.

Rayo, Getafe y Leganés han seguido caminos distintos para ingresar en la elite. Los vallecanos, con una historia superior, han solido tener presidentes variopintos que, sinceramente, nunca han encajado con la idiosincrasia del barrio y sus gentes. El Getafe, cuyo estadio estaba siempre a reventar la primera vez que ascendió, está dirigido por un máximo accionista que hace y deshace a su gusto y casi siempre buscando el negocio. Y luego está el Leganés. El club pepinero se encuentra en manos de una familia que tiene la inmensa fortuna de que sus componentes que trabajan en el club son competentes y, sobre todo, respetan al máximo las tradicionales señas de identidad de una institución a la que no se le caen los anillos cuando recuerda que es en Segunda B donde ha pasado la mayor parte de su vida.

Así, sabiendo quién eres, de dónde vienes y hacia dónde pretendes ir, todo resulta mucho más sencillo. Lo que seguro no sabían cuando se reunieron una tarde en la Plaza Mayor con un entrenador mientras hacían un casting para encontrar a un líder que les asentara en la tercera categoría para intentar abordar el deseado ascenso, es que habían dado con la persona ideal. Pocas veces un club puede decir que ha dado de forma tan categórica y rotunda en plena diana. El técnico era Asier Garitano, claro.

En su primer año subió al equipo a Segunda. En el segundo, lo mantuvo sin problemas. En el tercero, lo ascendió a Primera. Y en los dos siguientes, logró que compitiera y sobreviviera en la elite sin pasar ningún apuro. Si nosotros hemos puesto un busto al añorado Alberto Ormaetxea, que condujo a nuestra Real a ganar sus dos Ligas, no me quiero ni imaginar lo que deberían hacer para homenajear como merece el de Bergara en la tranquila localidad madrileña. Esta noche no tardaremos en comprobarlo.

No es fácil ser profeta en tu tierra. Garitano ya lo sabe. Solo en pretemporada seguro que ya ha percibido más dudas en el entorno txuri-urdin de las que sintió en su glorioso lustro en Leganés (quizá por eso estaba tan a la defensiva ayer en su rueda de prensa). Qué le vamos a hacer, somos así. Yo incluido. Quiero creer que es comprensible, que cuando un club ha vivido su esplendor en la hierba, el resto de su existencia irremediablemente le sabe a poco. O no le termina de llenar. Pero es justo destacar que si el Leganés se convirtió en una institución admirada y elogiada por todo el fútbol español fue sobre todo gracias a Garitano y a esa normalidad que le caracteriza y que le engrandece. Normalidad y naturalidad, dos virtudes extraordinarias, infravaloradas en un mundo egoísta, resultadista y cortoplacista como se ha convertido el negocio del fútbol. El año pasado nos tirábamos de los pelos porque nos desesperaba el estéril y aburrido tiki-taca mal entendido y pedíamos la cabeza de Eusebio porque era un desastre tácticamente. “Es bonito jugar así, pero no vale para nada”. Hemos fichado al que está considerado como el técnico que mejor lee los partidos del actual panorama liguero, que nos cambió tres veces de esquema en su estadio para acabar imponiéndose al innegociable estilo de aquella Real, y ahora lamentamos de que ya no lo hacemos tan bonito.

Cruyff, que era todo lo contrario a normal o corriente, solía repetir una frase que por lógica raya lo absurdo: “Jugar al fútbol consiste en darle el balón a un jugador que lleva tu camiseta”. Seguro que Garitano se abona a esta máxima. Todo es mucho más fácil de lo que parece y ya está todo inventado. Así que en este deporte, que no lo olvidemos, se basa en errores, en el que hoy en día impera una igualdad abrumadora, estoy convencido de que la Real ha dado en el clavo con un entrenador que, como en Vila-real, es capaz de decidir los duelos que parecen jugarse a cara o cruz. Al menos eso creíamos el año pasado. Pero no es así, los decantan los profesionales cualificados. Y si no, pregunten esta noche en Butarque cuántos duelos ha vencido el Leganés en los últimos años como lo hizo la Real en Vila-real. Estamos en buenas manos. Asieritos somos.