Colaboración

El diésel no es el problema

Por Gerardo Pérez - Miércoles, 22 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

transcurridas semanas desde que la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, sentenciase que “el diésel tiene los días contados”, nos encontramos en un buen momento para mirar con perspectiva y hacer un análisis de las consecuencias a medio plazo de tal manifestación.

En primer lugar, desde mi punto de vista, una matización o un poco más de información por parte del Gobierno hubieran contribuido a calmar los ánimos, por un lado, de los compradores, pero también del sector de la distribución y reparación de vehículos que, recordemos, emplea directamente a 162.000 personas y supone el 3% del PIB.

Sin embargo, no todo ha sido negativo durante este periodo. La situación establecida nos ha servido para clarificar a la opinión publica el estado de la movilidad en nuestro país. En primer lugar, explicar que el diésel se ha convertido en un chivo expiatorio, en una distracción. Porque, si lo que se pretende es conseguir que el aire de nuestras ciudades sea de mejor calidad, efectivamente los vehículos diésel deben tener los días contados… pero no los nuevos, que son eficientes y cumplen con los límites de emisiones establecidos desde la Unión Europea. Deben desaparecer los de más de diez años, responsables del 80% de esas emisiones. Una vez más, le corresponde a la Administración promover medidas para la renovación del parque, por el medio ambiente y por seguridad. Desde el sector, como siempre, apoyaremos con fuerza las iniciativas que vayan en esta dirección, pero con una premisa que no debemos olvidar: algunos de los propietarios de coches muy antiguos no pueden permitirse el cambio.

Actualmente no hay nadie en el mundo de la automoción que ponga en duda que vamos hacia una movilidad sostenible y descarbonizada, objetivo con el que estamos comprometidos, con constantes avances tecnológicos e inversiones millonarias en I+D por parte de la industria y de los concesionarios. Aunque de nada servirá medioambientalmente si, en primer lugar, no achatarramos los coches más antiguos. Este es el verdadero foco del problema, no el diésel limpio de última generación, del cual no podemos distraer la atención tanto el Gobierno, como fabricantes y concesionarios. Y es que, además, el futuro se prevé peor: según los datos que manejamos, en 2025, el 65% de los coches en circulación tendrá más de quince años si no hacemos nada.

Para alcanzar ese objetivo compartido por todos es necesaria la tecnología actual de combustión. A día de hoy, no hay una alternativa tecnológica real que sea capaz de llegar a la mayoría de los ciudadanos a corto plazo. En un futuro existirá, pero hay que darle tiempo y entender la oportunidad histórica que tenemos por delante como país. Nos encontramos ante un cambio de paradigma en la movilidad. La irrupción del vehículo autónomo y de las nuevas fórmulas de propulsión pueden suponer una revolución en nuestra economía, nuestra industria y nuestro comercio. Todo ello, si hay intenciones, liderazgo y voluntad política, como ya vemos que está ocurriendo en otros países de nuestro entorno.

El primer síntoma de liderazgo pasa por que el Gobierno trabaje de la mano del sector, transversalmente, para abordar de forma integral cómo llegar a la perseguida movilidad sostenible y, al mismo tiempo, aprovechar el abanico de oportunidades ante el que nos encontramos. No podemos ser cortoplacistas ni poner injustamente el foco en el diésel. No pongamos esa excusa, ampliemos el enfoque, pues tenemos capacidades de sobra.

En esta senda, podremos conseguir llegar a ser un gran país fabricante de estas tecnologías, a la par que contar con unas redes de concesionarios absolutamente comprometidas con la creación de riqueza local y empleo, y, en definitiva, con el crecimiento económico del país.

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