Editorial

Educar en la igualdad, la mejor prevención

Lo ocurrido en la Aste Nagusia de Donostia demuestra que la violencia machista es un problema estructural ante el que no caben recetas sencillas que, en cualquier caso, van más allá de un mero enfoque de seguridad

Martes, 21 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Eneko Goia realizó ayer el balance de la Semana Grande donostiarra bajo el impacto que han causado en la ciudad los graves y numerosos casos de violencia machista. Ocho sucesos que obligan a abrir un tiempo de reflexión para analizar lo ocurrido y ver de qué forma, desde el punto de vista de la organización de unas fiestas de la dimensión y alcance que tiene la Aste Nagusia, se puede contribuir a evitar la repetición de episodios de este tipo en ediciones futuras. Pese a que la primera tentación es reducir esta problemática a un asunto de seguridad, en la creencia de que la solución pasa por llenar el recinto festivo de vigilancia policial, hay que recordar que el año pasado, en unas circunstancias calcadas, solo hubo una denuncia por violencia machista. Es natural que lo ocurrido haya generado alarma, pero no conviene dejarse arrastrar por recetas sencillas ni extraer conclusiones definitivas que antes que otra cosa buscan erosionar al rival político con el riesgo de quebrar el trabajo y el compromiso unitarios que en el combate de la violencia machista se viene desarrollando en Donostia, Gipuzkoa y Euskadi desde las instituciones y la sociedad civil. La atenta observación de los casos que han sacudido a la Aste Nagusia son la mejor muestra de la complejidad y profundidad de un problema que es estructural. La variedad de perfiles de los implicados en los sucesos, en origen y en edad, así como la diferente tipología de los delitos, desde la obsesa vigilancia y grabación de mujeres en situaciones íntimas hasta la violación pura y dura, pasando por el abuso como maniobra de distracción para el robo, nos hablan de comportamientos impermeables al clamor del mensaje de que No es no. Las denuncias contra estos delitos demuestran que la concienciación social avanza frente al silencio que rodeaba a estos casos en un pasado no tan lejano. Y la pronta localización y detención de los supuestos culpables demuestra también que la seguridad y vigilancia no es la debilidad principal en la lucha contra un delito difícil de prevenir si no es desde la raíz, que es la educación y a través de los mensajes y modelos de referencia que se proyectan sobre la sociedad, que deben pasar inexcusablemente por la igualdad de género, sin renunciar a la reflexión puntual que corresponda para mejorar, y corregir si es preciso, el trabajo que se viene realizando.