Con la venia

No es por alarmar…

Por Pablo Muñoz - Domingo, 19 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Sociólogos e historiadores cifran en cien años, algo más de tres generaciones, el riesgo de que las sociedades avanzadas puedan repetir sus errores históricos. Tropezando en la misma piedra, un siglo después de su eclosión en el periodo de entreguerras (1918-1933), el fascismo asoma como fatal amenaza en nuestra sociedad occidental. La idea de este revival fascista se remonta a finales del siglo XX de la mano del Movimiento Social Italiano, los brotes de extrema derecha del Partido de la Libertad de Austria y la consolidación de formaciones minoritarias y marginales que poco a poco han ido accediendo a los parlamentos e incluso dominando instituciones. A día de hoy, y sin salir de Europa, la extrema derecha campa a sus anchas en la República Checa, Alemania, Países Bajos, Austria, Bulgaria, Dinamarca, Polonia, Suiza, Hungría, el Frente Nacional en Francia, el Movimiento Cinco Estrellas en Italia y, por encima de todos ellos como amo del mundo, el ínclito Donald Trump, cuyo radio de acción política está en sintonía con los partidos de extrema derecha europea, fundamentalmente populistas, xenófobos y nacionalistas.

Conviene ir detectando las señales que van enviando todos estos movimientos de retorno al fascismo, y para ello echamos mano del escritor y filósofo Umberto Eco, que enumera los indicios que señalan sus síntomas:

-Utilizar el miedo al diferente intimidando a las minorías que no encajan con el prototipo de ciudadano medio con sus formas de expresión cultural e incluso racial.

-El control y la represión de opciones sexuales y afectivas diferentes a las defendidas como normales.

-El rechazo frontal a las críticas, de forma que desde el poder se pueda hacer y deshacer sin dar explicaciones ni rendir cuentas.

-La desconfianza ante lo intelectual, el rechazo al pensamiento crítico y la valoración de la fuerza y la acción sobre el intelecto.

-La apelación permanente a amenazas que nunca desaparecen dejando las manos libres al poder para implantar leyes restrictivas y antidemocráticas.

-El discurso sencillo, elemental, basado en tópicos y con un mensaje contra presuntos culpables sin concretar ni demostrar su culpabilidad.

-Poner el énfasis en la importancia de la tradición y la identidad nacional, sin más propuestas que la utilización de símbolos como piezas de propaganda.

-El fascismo se reivindica como la única voz que deben escuchar las clases sociales descontentas.

-El líder es el reflejo del pueblo, el único que lo representa, y sus decisiones son tomadas como expresión de la voluntad popular.

-La búsqueda constante de culpables externos desplazando la atención sobre los errores propios.

Una mirada atenta a lo que está sucediendo a nuestro alrededor, un examen somero de las recientes actitudes de la derecha española debería ser suficiente para que a uno se le pongan los pelos de punta. Tanto el Ciudadanos de Rivera como el PP de Casado tienen demasiadas coincidencias con la descripción que señala Umberto Eco como para eludir sus aproximaciones al neofascismo por venir.

La utilización que hacen del fenómeno inevitable de la inmigración, la apropiación de los símbolos, el acaparamiento de sus víctimas, la manipulación de la información y la fijación de los enemigos interiores son señales de que la derecha extrema española vuelve a encontrarse cómoda en el fascismo.

Esta es la realidad que viene. El silencio es cómplice y no podemos quedarnos a esperar con la cabeza bajo el ala como ocurrió en la Alemania de los años 30. Y ahí estamos otra vez, preguntándonos sin mover un dedo cómo es posible que prosperen personajes e ideologías como Donald Trump, Marine Le Pen o Matteo Salvini. Y ya puestos, como Rivera o Casado.