Cartas a la Dirección

Domingo, 19 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Al señor Anasagasti

Me tienta responderle, aunque quizá no debiera porque ya ha sido debidamente respondido por el alcalde de Donostia. Y es que también a mí me ha cabreado su desafortunado comentario. Y por más de un motivo. ¿Qué diferencia hay entre un comentario semejante y los que traducen el odio irracional del nacionalismo español más casposo hacia lo vasco? Ninguna. Ambos son producto de un cabreo inaceptable.

¿Mercenario Oyarzabal? ¿Acaso no combate el mercenario por el que más le paga? ¿No ha sido el Athletic quien pretendía pagarle más que la Real para llevárselo y que combatiera a su lado? ¿Y por qué hablar de donostiarras, además de forma inaceptable por despreciativa, cuando la Real es de toda Gipuzkoa? Por cierto, el presidente es de Deba. Por no hablar de otros directivos. Y la cláusula ¿qué? A mí lo que me duele es que el Athletic siga con su filosofía. Si ha de haber algún mérito especial en el fútbol a nivel de club, es que todos sus jugadores sean de la cantera. Harto difícil, y cada vez más, en el fútbol profesional. No creo que haya ningún otro mérito deportivo al margen del comportamiento en competición.

Termino con un ¡aúpa!, también para el Athletic, el Alavés y el Eibar, y todos los equipos vascos. Y la rivalidad en su propio ámbito. Flaco favor hacemos a este pueblo trasladando rivalidades de nivel inferior a primera línea.

El gran negocio

Se encuentran dos jóvenes después de un año sin verse, amigos desde su insistencia inútil en acudir a las colas de las delegaciones de empleo. Se saludan y entablan conversación:

“¿Qué, cómo te va?”, pregunta uno. “Fatal”, responde el otro, “sin conseguir tajo y viviendo de mis padres.

¿Y tú?”

“A toda madre, decidí buscarme la vida por mi cuenta, me metí empresario con una piedra, un cuchillo y un rascador y me estoy forrando”.

“¿Y cómo?”, interroga el parota asombrado.

Respuesta: “Pues mira, compro pantalones vaqueros a 30 euros, los machaco, rompo y desgarro a la altura de las rodillas, los deshilacho en alguna de las perneras y los vendo a 85 euros;como rosquillas, oye”.

Y pues que eso.