Arte y unión

El collado de Zarate acoge desde el pasado mes de julio y hasta el 24 de septiembre diferentes actividades artísticas y culturales a través de las cuales los artistas pretenden romper la frontera entre Navarra y Gipuzkoa.

Un reportaje de Amaia Rodríguez Oroz. Fotografía Unai Beroiz - Domingo, 19 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

La distancia entre Azkarate (Navarra) y Bedaio (Gipuzkoa) no supera los tres kilómetros. Sin embargo, una muga divide estas dos localidades y sus vecinos solo se juntan en ocasiones especiales. ¿Por qué pervive esta frontera que delimita los territorios navarro y guipuzcoano? ¿Cómo era la relación que tenían antes los vecinos de ambos lados de la muga y cómo es ahora? Reflexionar sobre estos hechos es uno de los principales objetivos de Azken Muga, un festival que nació hace ya dos años con la intención de convertirse en un proyecto colectivo de intervención efímera en la naturaleza, en el que diferentes artistas procedentes de Navarra y la CAV se unen en el alto de Zarate para seguir trabajando por la recuperación de la tradición cultural y social.

Marijose Recalde, Agurtzane Anduetza, Eskerri, Alex Morlotez, Paul Montague, Helena Santano, Germán de los Ríos, Corne Nuham, Belén Arébalo, Pablo Juarros, Go-tzon Huegun, Koko Rico, Virginia Sargal, Sandra Nuin, Javier Olaizola y Guillermo Olmo -director artístico del festival Azken Muga- son los artistas encargados de llenar el alto de Zarate con sus intervenciones en esta nueva edición del festival. La muestra artística, sin embargo, no tiene lugar únicamente en este collado, situado a los pies del monte Balerdi, en las faldas de Aralar.

Una gran mano roja en el centro de Betelu da la bienvenida a Azken Muga. Se trata de la pieza más grande de esta tercera edición que, realizada en gran parte por el escultor Guillermo Oslo, en colaboración con el colectivo Artola, sirve para reivindicar el rechazo a las agresiones sexistas. “Durante las dos ediciones anteriores habíamos realizado piezas muy llamativas, como una gran silla el año pasado de ocho metros de altura, y en esta ocasión queríamos hacer algo contra las agresiones sexistas, un tema que está muy a la orden del día”, subraya Olmo. Ha sido necesario cerca de un mes para construir esta pieza itinerante, de seis metros de altura, que pretende visitar algunas de las localidades de la CAV y Navarra.

A continuación, es necesario trasladarse hasta el alto de Zarate, donde el bosque se transforma en una galería natural en la que los artistas exponen sus obras -algunas ya se encuentran en el lugar y otras todavía están por realizar-. Allí, los árboles sostienen cuadros, el suelo se transforma en figuras humanas o surgen de la tierra setas enormes. “En Europa son muy comunes estas exposiciones tipo Land Art, pero aquí notamos una carencia grande que, con acciones como esta o como Landarte, el programa del Gobierno de Navarra, por suerte se está revirtiendo”, advierte Olmo, quien considera “muy positivas” para el mundo del arte y para la ciudadanía en general estas manifestaciones.

dos exposiciones en el interior Junto al hayedo, el espacio Zaretetxea abre sus puertas a la primera de las dos exposiciones de artes plásticas que protagonizarán el programa hasta que finalice en septiembre. En estos momentos, la sala está invadida de diferentes piezas de los artistas mencionados, que han querido llevar hasta el lugar algunas de las obras más representativas de su trabajo. Bajo el nombre Gaurko eta hemengo eskultoreak, la exposición recoge buena parte de la producción artística de Navarra y la CAV y del momento actual. “Queríamos contar con escultores de la zona que tuvieran ya una dilatada carrera y años de oficio”, comenta Oslo. Después, tomará el relevo Aralar atzo, una exposición fotográfica de Jesús Elósegui en la que se mostrará la imagen del pasado de Aralar, pastores y fiestas, miqueletes y vecinos del lugar, con formas de vida ya perdidas en el tiempo (permanecerá hasta el 24 de septiembre). Estas dos muestras se podrán visitar hasta el 26 de este mes los viernes de 18.00 a 20.30 horas, los sábados de 11.00 a 13.30 horas y de 18.00 a 20.30 horas y los domingos de 11.00 a 13.30 horas.

Según afirma Olmo, el festival no pretende ser una muestra de obras al uso, y para ello se han organizado diferentes actividades en torno a las obras. El miércoles tuvieron lugar dos performances y para más adelante se plantea ofrecer un concierto de jazz, una proyección de un documental o el bertso eguna, además de una jornada de herri kirolak, entre otras. Desde la organización afirman que estas actividades se llevarán a cabo a partir del 15 de septiembre, cuando se realizará la tradicional romería, aunque las fechas están todavía por determinar. “Todavía no sabemos con exactitud cuál es el presupuesto con el que contamos para esta edición del festival, y de él depende que podamos ofrecer más cosas o menos”, lamenta el director artístico, quien añade: “Queremos ser un festival referente en artes escénicas y plásticas, algo que consideramos fundamental para atraer visitantes y hacer llegar nuestro trabajo a más lugares del mundo”.