Clásicos y algo de vértigo en el Paseo Nuevo

Juan Manuel Ortega ofrece el micro a una premiada en la tómbola Antojitos.
Colas en para subir a la noria ayer por la tarde.
Gente paseando por el recinto ferial del Paseo Nuevo.
Los gasteiztarras Sara y Eneko con dos peluches.
Marta, Ane, June, Aiala y Aiora tras bajar del cohete Rocket.
La hondarribiarra Irati y su ama Agurtze frente a la noria.

Puestos veteranos imprescindibles y atracciones de alto riesgo atraen a diario a miles de ciudadanos al recinto ferial del Paseo Nuevo, una de las zonas más visitadas que nunca falla en la Aste Nagusia donostiarra.

“Damos al público lo que pide, les gusta canturrear en el micro, se trata de crear ambiente” “No da miedo ni tampoco vértigo, nos ha gustado subir a la noria y estar ahí arriba”

Un reportaje de Arantzazu Zabaleta. Fotografía Javi Colmenero - Sábado, 18 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:03h.

La tómbola Antojitos de Juan Manuel Ortega, de Logroño, es uno de los puestos fijos de la Aste Nagusia y de muchas fiestas de todo el norte de la península. En los más de 20 años que lleva visitando la ciudad han canturreado con él varias generaciones de donostiarras y su reconocible melodía sigue atrayendo público como un imán.

Y es que acercarse al micro y responder cantando a su pregunta es condición indispensable para recoger el premio. “Damos al público lo que pide, les gusta cantar”, afirma sonriente Ortega, consciente de que, sobre todo de noche y en pleno ambiente festivo, su pegadizo canturreo se convierte en todo un espectáculo que protagoniza unos cuantos vídeos en Youtube. “Se trata de crear ambientillo”, afirma, y confiesa que la animación es el 90% de la tómbola. “Alguna vez que no he acercado el micro a un niño ha venido su madre a pedir que lo hiciera”, cuenta mientras reparte un premio y otro, porque “siempre toca”. “Una feria sin tómbola, no es una feria”, resume el veterano feriante, convertido en un clásico de la Semana Grande.

También lo son las atracciones más atrevidas, como el cohete Rocket del que se bajan, sonrientes, Ane, June, Aiala, Aiora y Marta. “Es una sensación rara, es potente”, cuentan las jóvenes donostiarras de trece y catorce años que nada más bajarse del cohete van en busca de más emociones.

Peluches en la noria

“No da miedo, ni vértigo, nos ha gustado”, afirman las hondarribiarras Nagitz e Irati, de diez y once años, tras bajar de la noria, otro de los atractivos del recinto ferial del Paseo Nuevo, que está generando largas colas a diario. Agurtze, la ama de Irati, prefiere esperarles abajo mientras ellas buscan la siguiente atracción.

Al igual que ellas, también los gasteiztarras Eneko y Sara, que pasaban ayer el día en Donostia, eligieron la noria. Aunque ellos fueron algo más apretados en su cabina, ya que llevaban encima dos grandes peluches que acababan de ganar en el puesto de dardos. “¡En fiestas de Gasteiz ganamos otros cuatro!”, bromeaban con afinada puntería.

Ellos y otros miles de visitantes fueron llenando, a medida que pasaba la tarde, el Paseo Nuevo y alargando las colas de las decenas de puestos de los feriantes que, una vez anochecido, aportaron su inconfundible color y música a la postal nocturna de la Aste Nagusia donostiarra.

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