El ‘Aita Mari’ ultima su puesta a punto para zarpar al mediterráneo a mediados de septiembre

El pesquero reconvertido en barco humanitario soltó amarras ayer para ser trasladado a dique seco El astillero Zamakona acomete los trabajos de la obra viva

Jorge Napal - Viernes, 17 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

pasaia - La cuenta atrás para que el barco Aita Mari zarpe al rescate de refugiados en el Mediterráneo ha comenzado. Si todo continúa con arreglo a lo previsto, el buque con base en Pasaia se someterá a las pruebas de mar el 3 de septiembre y, una vez que el inspector de capitanía dé el visto bueno, zarpará a la costa de Libia a mediados de mes, según informaron ayer a este periódico los responsables de la ONG guipuzcoana Salvamento Marítimo Humanitario (SMH).

La tensa espera, la complejidad de las obras y el contexto político que se vive en el seno de la UE comienzan a provocar cierto desgaste entre los voluntarios de la ONG que, pese a todas las dificultades, no piensan dar un solo paso atrás en su afán por “defender los derechos a la vida de la personas”.

Ya se ha acometido el 95% de las obras de reconstrucción del barco. “Solo falta su puesta a punto” con la instalación eléctrica y de equipos, así como algunos trabajos de fontanería.

Ya no se puede hablar de una embarcación pesquera al uso sino de un navío concebido para salvar vidas humanas. Después de dos meses amarrado en el astillero Kai Alde de Pasai Donibane, los motores del buque volvieron a rugir ayer a las 8.00 horas. Con la primera luz del día soltaron amarras para trasladarlo a dique seco, en concreto, a los astilleros Zamakona, uno de los principales constructores navales privados del Estado, donde se acometen los trabajos de obra viva del barco.

Se trata de reforzar la parte sumergida, la columna vertebral, que ayer por la mañana se exhibía en los astilleros como un enorme tiburón. “Hace falta cegar los compartimentos que han sido de uso pesquero para evitar vías de agua”, indicaba a pie de obra el donostiarra Iñigo Gutiérrez, secretario de Salvamento Marítimo Humanitario.

La coordinación entre gremios y el trabajo desinteresado de tantos voluntarios sigue siendo crucial para que el proyecto humanitario vaya tomando forma. El barco está siendo reconvertido por esta ONG guipuzcoana con el objetivo de representar “el compromiso de acción y solidaridad vasca”. Estaba previsto que el Aita Mari abandonara su base de operaciones durante este mes para unirse a la flota de embarcaciones de distintos colectivos europeos que actúan en el Mediterráneo central, y que encuentran más y más dificultades cada día que pasa.

El compás de espera está siendo complicado no solo por la demora de las obras en Pasaia, sino por la “indignación e impotencia” que provoca enfrentarse a tantas trabas a la hora de salvar vidas humanas. “La coordinación con el resto de embarcaciones es cada vez más compleja porque países como Malta siguen deteniendo barcos humanitarios que se encargan de rescatar migrantes provenientes de la costa de Libia. Ante esta situación, es una labor impagable y de titanes la que realizan barcos como el Aquarius. Zarpar del puerto de Valencia o de Barcelona con destino a la costa de Libia para regresar al cabo de los días con tantas personas a bordo es muy laborioso”, asegura Gutiérrez.

Todo ello en un contexto político en el que el Gobierno de Pedro Sánchez “ha virado”, y ya no considera excepcional la llegada de inmigrantes y refugiados al Estado en barcos de estas ONG, como ocurrió la semana pasada con los 87 pasajeros que desembarcaron en el puerto de Algeciras (Cádiz) tras ser rescatados en aguas del Mediterráneo por el Open Arms.

implicación de 25 personas A pesar de las dificultades, el Gobierno Vasco sigue muy implicado en el proyecto que permitirá que un navío vasco se incorpore a las tareas de rescate. Ha aportado 400.000 euros para la adquisición y reforma del barco, de 32 metros de eslora, sometido durante los dos últimos meses a una tremenda transformación. El Ejecutivo recibe cada dos semanas un detallado informe sobre la marcha de las obras. Con respecto a la obra muerta del barco -la parte superior- falta pintar el casco y la cubierta principal, una vez que ya se ha hecho lo propio con el puente y el guarda calor. “Entre voluntarios y gremios trabajando, estamos hablando de unas 25 personas implicadas. Hay unas diez personas que de manera totalmente altruista han estado viniendo durante todos los días de verano”, agradece Gutiérrez, que formó parte de la tripulación de la primera misión del proyecto #Maydayterraneo.

En aquella ocasión rescataron siete pateras y un total de 575 pasajeros a bordo. La nueva embarcación forma parte de la segunda edición de la campaña, en la que también participa la ONG andaluza ProemAid. “Vamos siguiendo el día a día de lo que ocurre, y nuestra labor no se limita a las labores de reparación del barco. Denunciamos vulneraciones de derechos como los que se siguen produciendo en el campo de Vial, el centro de detención de la isla griega de Quíos”.

Una veintena de ONG, explica Gutiérrez, publicaron una carta abierta para denunciar las condiciones en las que se encuentran los migrantes, en una nave industrial rodeada de una valla de tres metros de altura de alambre de espino con dos puertas controladas siempre por policías. “Nuestra labor se centra en intentar contextualizar las cosas y contrarrestar ese discurso de odio y de extrema derecha. Hay quienes han llegado a pedir que se torpedee el Aquarius. La supuesta invasión de migrantes en el Estado, si nos atenemos a las cifras, se limita al tránsito de 25.000 personas. Es decir, no llegarían a completar el aforo del viejo Estadio de Anoeta”. Desde SMH insisten en que la inmigración es “beneficiosa” para una sociedad con la pirámide de natalidad invertida. “Nos compartamos de manera irracional ante situaciones beneficiosas”, lamenta.