Traje y corbata

Altuna III y Martija consiguieron ayer el título del Torneo Villa de Labastida.

MANO | Altuna y Martija ganan en la labastida después de ser protagonistas de un partido sensacional

Igor G. Vico Pilar Barco - Jueves, 16 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

DONOSTIA - El pellejo de la final del Torneo Villa de Labastida vivió ayer entre escalofríos. La cita, mayúscula, creció en una montaña rusa entre la road movie de Jokin Altuna y Julen Martija, serios hasta el tuétano, que defendieron lo imposible, y la acción inapelable de Oinatz Bengoetxea y Jon Ander Albisu, recolectando pelotazos nerviosos. La mezcla fue el cóctel perfecto, que acabó por derramarse del lado colorado. Los de Aspe eligieron la vida a través de los ojos del superviviente, al mirar con cierto recelo el poder de sus contrincantes, sólidos y dominadores, pero que cayeron en el intento con las botas puestas. Altuna III y Martija consiguieron la victoria del currante, de la clase obrera, de vivir a contrapelo, manos de estibador, alma de revolucionario, al resucitar desde las entretelas en los últimos instantes y voltear un 14-18. Fue después de saberse desesperados cuando se acercaron en el luminoso a Bengoetxea VI-Albisu -casi siempre por delante- para morir en la orilla en cada golpe de ariete.

Los cuatro manistas se sacaron un gran envite de la chistera. La final de Labastida lo tuvo todo: tantos de lujo en los cuadros alegres, pegada, elegancia atrás, pimienta en el marcador, voltereta y pelos de punta.

En este escenario, los zagueros asomaron con una versión inmensa. Albisu, que fue el metrónomo de su combinación, marcó el ritmo en una gran versión: sólida y mandona. Martija, por su parte, respondió con la derecha y fue creciendo al engordar el cuentakilómetros. El cemento atrás puso los cimientos de un choque en el que afloraron los aciertos de dos puntilleros de cuna. ¿El límite es el cielo? No. No existe lo imposible.

En cualquier caso, dominadores Oinatz y Jon Ander desde los primeros compases, el enfrentamiento se desarrolló con la dureza del invierno. El dechado de virtudes de Albisu fue aprovechado por Bengoetxea VI para comenzar a erosionar la solidez de Altuna III y Martija.

Hubo pleito. Hubo respuesta. Y siete igualadas en la primera decena. Seis de ellas -los de Aspe, antes del 19-18, solo mandaron en el 5-4- fueron con remontada colorada.

La falla azul se abrió en el 10-13 y el 14-18. El ataundarra rayó a gran altura y contagió a Oinatz, cuyo pelotazo brioso amargó las andanadas de Altuna, incisivo. Ave que vuela...

Entonces, el traqueteo pasó factura al ataundarra y Bengoetxea no puso el cerrojo. El factor Altuna apareció. Fue su magia la que igualó, pero su defensa puso en órbita a su zaguero y dio otro título estival a Aspe. Una tacada de seis tantos colocó a Altuna III-Martija a dos palmos de la victoria. Una dejada en la punta que murió en la raya rompió la tendencia y, tras un tanto enredado -enorme Albisu golpeando atrás y terrible Martija en la resistencia-, un sotamano de Oinatz fue el 20-20. Y Julen se agigantó: atrapó una dejada inocente de Albisu, precedida de una escalofriante alcanzada de Jokin, para adelantarse y firmó el trofeo con un derechazo de traje y corbata.

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