La Salve llena Santa María de música y fieles

La actuación del orfeón donostiarra volvió a emocionar a los cientos de personas concentradas en el templo

Un reportaje de Gorka Martínez. Fotografía Gorka Estrada - Miércoles, 15 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

la basílica de Santa María acogió ayer una de las actividades más tradicionales de la Aste Nagusia donostiarra: la misa que concluye con la interpretación de La Salve y el Ave María por parte del Orfeón Donostiarra. La celebración, que fue oficiada por el obispo de la diócesis, José Ignacio Munilla, comenzó a las 18.30 horas con la iglesia de la calle Mayor abarrotada de personas de todas las edades, desde mayores hasta familias con sus hijos pequeños. Entre los cientos de personas que asistieron a la celebración estaban también el alcalde Eneko Goia, el concejal de Cultura, Jon Insausti, el consejero de Cultura del Gobierno Vasco, Bingen Zupiria y el portavoz de la Diputación, Imanol Lasa, entre otras autoridades.

Una vez terminada la misa, a las 19.30 horas los cantantes del Orfeón Donostiarra cogieron el testigo para interpretar el Ave María y posteriormente la esperada Salve, que duró unos diez minutos y emocionó a numerosos espectadores. El acto religioso concluyó con el tradicional Agur Jesusen Ama,que fue entonado por todo el público que asistió a la ceremonia, puesto en pie.

El calor fue también protagonista durante la celebración, en parte a causa de la gran afluencia de personas. Muchas señoras fueron bien preparadas desde casa, ya que se pudieron ver muchos abanicos moviéndose para refrescar el ambiente.

Media hora antes del arranque de la Salve, aún en plena misa, la gente seguía entrando en la basílica y colocándose de pie donde podían. Algunos, también, decidieron sentarse en el suelo. La gran cantidad de fieles que llenó el templo impidió que todos ellos pudieran comulgar, según comunicó el propio obispo.

Salir de Santa María al concluir el acto fue un buen ejercicio para poner en práctica la paciencia, ya que se generaron dos colas multitudinarias y muchos de los presentes tuvieron que esperar bastantes minutos para poder abandonar el recinto. Algunos previeron el panorama y aguardaron en sus respectivos asientos a que la basílica se fuese vaciando para poder salir más cómodamente.