Colaboración

¿Llegarán Uber y Cabify a Euskadi?

Alex Rayón - Martes, 14 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Alo largo y ancho de todo el Estado, hemos vivido estos últimos días el cierre patronal de los taxistas. Reclaman, entre otras cosas, que se aplique la normativa de una licencia de vehículo de alquiler con conductor (VTC) por cada treinta taxis. Por detrás de las licencias VTC hay dos empresas que han entrado en el transporte de personas: Uber y Cabify.

Los taxistas argumentan que no se cumple esa relación de uno a treinta del Real Decreto 1057/2015. Es cierto: ahora mismo en el Estado, según datos de Fomento, hay poco más de 7.000 licencias VTC, por casi 65.000 de taxi. El problema es que ese RD habla de nuevas autorizaciones, no de las existentes. Quiero entender que la propuesta de los taxistas pasa por retirar autorizaciones. Actualmente su concesión está paralizada.

El origen del problema viene de más atrás. La primera pregunta que uno podría hacerse es por qué el sector del taxi funciona por licencias. Una restricción a la competencia, que limita la cantidad de personas que pueden ofrecer un producto o un servicio. Cuando el Estado quiere incentivar la inversión sin dedicar muchos recursos a ello puede limitar la competencia. Habitualmente, este límite se retira después de un tiempo. El sector de los taxis cumple todo lo anterior, salvo el último principio: sigue funcionando por licencias. El Estado quiso ayudar con la enorme inversión que suponía adquirir un vehículo privado. Hoy, el titular de una licencia incluso la puede vender, a pesar de ser una concesión del Estado. En Madrid y Barcelona, con datos del año 2017, por alrededor de 135.000 euros. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia mostraba cómo la rentabilidad de las licencias en Barcelona doblaba a la del IBEX entre 1987 y 2016. Esto choca con que desde 1999, según datos del INE, la llegada de turistas a Madrid y Barcelona no ha parado de crecer. Además, la población residente ha subido más del 15%. Es más, ahora el número de licencias es menor. Por otro lado, si se busca en Google “licencia VTC” aparecerán cientos de anuncios con rangos entre 52.000 y 75.000 euros. Como ven, hay notables diferencias, por lo que es razonable que haya disputas.

En Euskadi sí se cumple la relación de uno a treinta, más o menos. Hay 2.121 taxis frente a 83 VTC. Estas pertenecen fundamentalmente a hoteles o empresas que disponen de coches para transporte de personas desde el aeropuerto y por nuestros municipios. La diferencia es que aquí no han llegado Uber y Cabify. ¿Llegarán algún día a Euskadi?

La tecnología hace que pueda pasar más fácilmente. Si estas plataformas como Uber y Cabify florecen es porque había y hay una demanda insatisfecha. Es cierto que no hay un volumen suficiente como para que los planes que tienen para Madrid y Barcelona se cumplan en Euskadi. Sin embargo, debemos ser cautos porque sus costes podrían seguir cayendo y algún día llegar. ¿Por qué? Por la popularidad del valor que aportan a un ciudadano o turista. Que se resume en cuatro elementos: transparencia, trazabilidad, comodidad y movilidad. Es tan fácil como sacar nuestro móvil y decirle desde y hasta dónde queremos ir. En ese momento este tipo de aplicaciones, además de informarnos del tiempo de llegada, nos informan del vehículo y conductor. Al llegar éstos, nos dirá cuánto debemos pagar. Este pago se hace automáticamente a través del método vinculado a la aplicación. Y registramos en todo momento el camino que está siguiendo el conductor. Todo ello desde un elemento que para los millennials es su centro de actuación: el dispositivo móvil.

Creo que es necesario profundizar en las dos posturas y sus argumentos. Pero partamos de entender la historia de ambos bandos. Y entendamos que la sociedad evoluciona: la era digital está favoreciendo modelos como el de Uber y Cabify. Y los nativos digitales nos vamos haciendo mayores. Quizás algún día los veamos por Euskadi.

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