Mesa de Redacción

Policromía

Por Harri Fernández - Martes, 14 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Aunque no lo crean, muchas de las esculturas griegas o romanas que han sobrevivido hasta la actualidad fueron en su día coloreadas. Donde ahora se ve el blanquecino mármol en un busto, hace 3.000 años se apreciaban vívidos colores. El paso del tiempo hizo que esos pigmentos se perdiesen, mientras que la subjetividad hace que se nos haga muy extraño asimilar a una Kore de Peplo pintada, tanto como a un griego del siglo I a.c. le resultaría verla desnuda al color de la piedra. La realidad es que una nueva apariencia implica un nuevo valor. Es lo que le ocurre al Ecce Homo de Borja. La técnica de Elías García Martínez hizo que su óleo se degradara a las pocas décadas, lo que provocó que Cecilia Jiménez no tuviese más remedio que, brocha en mano, acometer su restauración. El resultado es bien conocido: en torno a 200.000 personas han visitado el nuevo símbolo de la cultura pop mundial. Me imagino que la empresa que repintó los escudos de Gipuzkoa de las casi centenarias farolas del puente Santa Catalina de Donostia, diseñadas por Juan Alday, utilizó la paleta de colores de Jiménez y lo hizo con la misma maldad que aquella: ninguna. No sé qué es lo que me resulta más irrisorio, si ver a operarios con una pantonera de 1926 intentando acertar los colores del escudo, o dejar que adquieran un nuevo valor mientras la sociedad se indigna.