Cartas a la Dirección

A quien quiera escuchar

Arantza Arcay - Martes, 14 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Ha sido una sorpresa para mí llegar a casa y escuchar en el Teleberri de la noche las maravillas de acogidas en Irun. Yo venía de Irun y con bastante desencanto. El ropero: una gozada de limpieza y organización. El comedor: equipos deseando ayudar y preparar comidas que ayuden a fortalecer a nuestros hermanos refugiados que van llegando. Al mismo tiempo el empeño de algunos equipos u organizaciones en que se arregle todo con buenos bocadillos. “La Casita” un antiguo gaztetxe que ahora está rodeado de campo sin limpiar, una entrada oscura, colchonetas o sillas de playa, unas jóvenes entregando su tiempo;un muchacho con una lesión lumbar agravada por tanto caminar de un lado a otro y recostado en una colchoneta que... ¡No! No es verdad que todo sea magnífico. Yo creo que las personas que pasan por nuestro territorio tienen derecho a la ayuda eficaz, no solo buena voluntad. Pregunto al Ayuntamiento de Irun si no tiene un equipo de jardinería que preste una máquina cortadora de hierba o escobas para limpiar el entorno. Pregunto si, habiendo voluntarios para comedor, no es mejor comer alimentos cocinados que vivir de bocatas por buenos que sean. Todos esperan llegar a los lugares donde tienen familia o amigos... y me sorprende que muchos vengan de Bilbao... En la estación encontramos once chavales cargados de tristeza... otros esperando un tren donde volver a intentar el viaje... Hoy he ido a la estación de autobuses de Donostia y, de nuevo, otro grupo de chavales que solo esperaban poder llegar a reunirse con familiares. ¡Cómo se oscurece la Semana Grande con sus muchas actividades y sus fuegos y luces, ante tanto sufrimiento por huir del dolor, y buscar un poco de vida mejor!