La última batalla de Pablo Ibar

El preso Pablo Ibar, junto a varios de sus abogados, en uno de los juicios anteriores celebrados en Florida (EEUU).

El miércoles arranca el nuevo juicio al preso de origen guipuzcoano condenado a muerte en Estados Unidos, cuyo veredicto podría llegar a final de año. La defensa espera que, tras casi un cuarto de siglo en prisión, al fin se demuestre su inocencia.

Un reportaje de Alex Zubiria - Lunes, 13 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Una semana antes de lo inicialmente previsto, el nuevo juicio a Ibar, acusado de tres asesinatos cometidos en Florida (EEUU) en 1994 -el de Casimir Sucharsky, dueño de un club nocturno, y dos de sus bailarinas, Sharon Anderson y Marie Rogers-, arrancará este jueves con la selección de las personas integrantes del jurado.

Será el inicio de un nuevo proceso anhelado durante dos décadas por la familia y los allegados del condenado. “Es como un nuevo inicio de todo”, apunta Krakenberg. Desde que el 24 de julio de 2000 Ibar fuese condenado a muerte, la defensa del preso no ha parado de reclamar una y otra vez la necesidad de un nuevo juicio que le posibilitase tener una defensa justa que hasta la fecha no había obtenido. En febrero de 2016, el Tribunal Supremo de Florida anuló finalmente la sentencia al considerar que las pruebas existentes eran “escasas y débiles”.

“La Fiscalía va a hacer todo lo posible por dilatar la sentencia, y para ello va a utilizar los mismos argumentos que ya se han demostrado como insuficientes. La gran diferencia esta vez va a ser que Ibar, por fin, va a contar con un equipo judicial experimentado de categoría y que le va a permitir tener una defensa muchísimo mejor que la que tuvo en 1995”, cuenta el portavoz de la plataforma.

El juicio se iniciará con la selección por ambas partes de las doce personas integrantes del jurado. Un proceso que durará entre cuatro y seis semanas. Esta elección es de vital importancia, ya que tal y como indica el código estadounidense es siempre el jurado, y no el juez, quien decide si un acusado es culpable o no. De hallarse culpable, otro jurado diferente sería el encargado de determinar la pena a aplicar.

Los candidatos responderán a un cuestionario consensuado por las dos partes. A partir de ahí solo las personas que no hayan sido descartadas por ninguna de ellas pasarán a una fase final en la que tanto la defensa como la fiscalía podrán descartar nuevos candidatos siempre y cuando se argumente.

Una vez formado el jurado, la fiscalía en primer lugar, y la defensa, posteriormente, presentarán sus argumentos y las declaraciones de cada uno de sus testigos y peritos. Con el objetivo de planificar bien el juicio, cada una de las dos partes ya conoce desde enero los nombres y alegatos del otro.

Tras ello, la fiscalía dispondrá de un nuevo turno para contrargumentar las pruebas, antes de que los dos lados presenten sus argumentos finales.

“Los abogados nos dicen que para finales de año puede darse el veredicto, pero este tiene que ser unánime. El primer juicio que tuvo Ibar en 1998 ya se declaró nulo porque el jurado no llegó a ello”, comenta Krakenberger, quien no contempla bajo ningún concepto un nuevo recurso que prolongue más tiempo el caso. “Lo único que pienso es que va a ser declarado no culpable”, añade.

De volver a ser condenado, se reabriría la posibilidad de presentar un nuevo recurso que posibilitaría alargar la estancia en prisión de Ibar diez años más a la espera de un posible nuevo juicio.

ADN en la camiseta

Solamente una única prueba de la fiscalía será nueva con respecto a los anteriores juicios. Todas las anteriores, incluido el testimonio de un vecino de Sucharsky que identificó a Ibar en la vivienda personal de este -lugar donde se produjo el triple homicidio- durante la mañana posterior del crimen, ya han sido presentada en las anteriores ocasiones.

Esta nueva prueba será una minúscula muestra de ADN parcial de Ibar, del tamaño del grosor de un pelo, hallada en la camiseta encontrada en la vivienda de la víctima y que fue usada por el asesino para cubrirse el rostro, tal y como quedó grabado por las cámaras de seguridad del domicilio de Sucharsky.

“Es una prueba tan mínima, que es posible que hasta haya sido destruida en el propio análisis”, afirma Krakenberger, al tiempo que explica que en el primer análisis que se le hizo a la prenda en 1994 se halló ADN de cinco personas: de las tres víctimas y de dos sujetos masculinos que nunca fueron identificados. “Dependiendo de qué tipo de ADN sea, este puede pasarse con solo tocar un dedo con otro. En el caso de ADN en estado líquido, como puede ser en sangre, sudor o semen, este puede llegar a traspasarse de una prenda a otra, sin que los sujetos estén presentes. De ser así, siempre sería en cantidades tan mínimas que pasan casi inadvertidas, como ocurre en este caso”, apunta.

Por este motivo, el portavoz de la asociación opina que el peso de la prueba “se cae por sí mismo”. “Entre todos los juicios y recursos la camiseta ha pasado por ocho análisis y nunca se había advertido ADN de Ibar. Esto demuestra lo poco fiable que es”, asegura.

Fin a un largo proceso

El nuevo juicio llega tras un larguísimo recorrido apelatorio y un dilatado camino preparatorio. Solo este mismo año, la defensa de Ibar ha tenido que solventar la baja de uno de sus principales abogados y la marcha de la jueza del caso a favor de un magistrado que ya había actuado en la misma fiscalía que condenó al preso hace 18 años.

En enero de 2018, Alan Ross, uno de los abogados de Ibar, es diagnosticado de una enfermedad terminal que acaba con su vida en abril. A causa de ello, el preso se ve en la obligación de contratar a Kevin Kulik y solicitar un aplazamiento del juicio para que este pueda familiarizarse con el caso.

La jueza encargada del mismo, Lisa Porter, atrasa la fecha inicial del juicio al 22 de agosto, para a continuación anunciar su retiro de la judicatura. El elegido para sustituirla es el magistrado Dennis Bailey, quien adelanta una semana, hasta este miércoles, el arranque de la causa.

En mayo, la defensa recurre sin éxito el nombramiento, ya que Bailey había actuado como fiscal auxiliar en la misma fiscalía que Chuck Morton, el magistrado que consiguió que un jurado hallase culpable al preso durante su segundo juicio en el 2000.

La primera causa contra Ibar se celebró en 1997. En ella, la fiscalía acusó al guipuzcoano y a otro hombre, Seth Peñalver, de haber sido los asesinos de Sucharsky, Anderson y Rogers. No obstante, y aunque las grabaciones de las cámaras de seguridad recogían los rostros de los asesinos, el jurado no consiguió dar un veredicto unánime, por lo que el juicio fue declarado nulo.

El 11 de enero de 1999 se inició el segundo juicio contra Ibar, quien fue defendido por un abogado de oficio que durante la celebración del proceso fue acusado de violencia doméstica y llevado a prisión. La causa es entonces aplazada hasta el 17 de abril del 2000, cuando Ibar es finalmente condenado a pena de muerte.

La defensa recurrió la sentencia identificando una serie de irregularidades en la causa y pidió la anulación de la sentencia, que finalmente llegó el 4 de febrero de 2016. Así, en total, Ibar lleva 24 años preso, de los cuáles 16 han sido en el corredor de la muerte.

Secciones