El nadador que no se rinde

Jaime Caballero posa en el Naútico, donde dará comienzo a su reto de 25 horas seguidas nadando.
Jaime Caballero posa en el Náutico, donde mañana dará comienzo a su reto de 25 horas seguidas nadando.
El donostiarra junto a Fran Otero, un buen amigo enfermo de ELA y ya fallecido. (Foto: N.G.)

Jaime Caballero, que ha superado largas travesías por mar soportando picaduras de medusas y temperaturas muy frías, nadará 25 horas seguidas en Donostia para concienciar sobre la ELA

“Durante 25 horas no voy a parar en ningún momento;como y bebo en el agua” “Mi reto más duro fue el Canal de La Mancha en 2013;las últimas diez horas ni las recuerdo” “De pequeño era potolete y torpe;nadaba pero lo dejé entre los 14 y los 24 años”

Néstor Rodríguez Esti Veintemillas - Lunes, 13 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

donostia - Ha cruzado el Canal de la Mancha, el lago Leman y el lago Ness. Ha ido de Bilbao a Donostia, de Sotogrande a Marbella, y de Mallorca a Menorca. Ha rodeado a la isla de Ibiza. Ha completado el maratón de la isla de Manhattan. Todo ello nadando sin neopreno, sin aletas ni palas. “A pelo”. Son algunos de los retos que ha completado Jaime Caballero, nadador donostiarra muy popular por sus hazañas en el mar y que esta Semana Grande se ha propuesto otra: nadar 25 horas sin parar por Donostia y alrededores con el objetivo de concienciar sobre la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad que le ha tocado muy de cerca.

Caballero, de 42 años, saldrá del Náutico mañana martes a las 12.30 horas y tiene previsto finalizar su reto el miércoles a las 13.30, coincidiendo con el final de la travesía del Paseo Nuevo, que acaba en la playa de La Concha. Entre medias, 25 horas sin parar de nadar con un recorrido más o menos definido: “De las 12.30 hasta las cinco y media de la tarde voy a estar dando vueltas por la bahía, a veces bordeando la isla y otras no. A las seis o así vamos a salir hacia el Urumea para ir un poco por agua dulce. Como a las 19.40 es la pleamar vamos a aprovechar para ir hasta donde consideremos oportuno, el puente de hierro o donde sea. Luego volvemos y a las nueve o así saldremos de la bahía por precaución, por todos los barcos que vienen a ver los fuegos artificiales. Entonces nos metemos mar adentro y tenemos pensado ir hacia Getaria. Luego volvemos a las tres de la madrugada o así a Donostia, estamos un rato y salimos de nuevo mar adentro, pero dirección Pasajes, volvemos y a las 13.30 acabamos”.

Todo eso sin descansar. Durante 25 horas, el nadador donostiarra no se meterá en el barco, ni siquiera hará un breve parón de unos minutos en tierra firme: “Nada, nada. Lo importante es no parar”, asegura Caballero, que come y bebe en el agua: “Cada media hora bebo agua y cada hora tomo hidratos de carbono, unas veces sólido y otras líquido. Los alimentos son plátanos y pastelitos tipo Tigretón, porque suponen una aportación energética muy rápida y se pueden tragar bien. He aprendido a comer nadando. Eso sí, después de tantas horas aborrezco los plátanos y los pastelitos. En el barco llevamos una tabla de lo que tengo que comer y beber, todo está planificado. Con un silbato me acerco un poco al barco, bebo o como y sigo”.

La preparación en las semanas previas al reto también está muy bien planificada: “El último entrenamiento largo fue el pasado 31 de julio. Fueron diez horas y me entrené muy bien. Y desde entonces estoy haciendo descanso activo: meto un par de días tres horas con intensidad y luego dos días de 2.000 o 4.000 metros suaves para recuperar. En alimentación sigo los consejos del doctor Arratibel. En los seis días previos a la prueba, hago tres días de vaciado total de hidratos y los tres últimos días me meto mucho hidrato para recargar glucógeno, que es lo que me da energía para la prueba. Hablo como si supiera, pero yo...”, bromea el nadador, que reconoce estar “en muy buenas manos”.

resistencia al frío “Este es el mejor café de la ciudad”, comenta Jaime Caballero en el Náutico, donde está como en casa. El café y un agua con gas es el acompañamiento para, además de narrar su nuevo reto, repasar algunos de los anteriores, los que más le han marcado. El donostiarra, repantingado su corpachón en la silla, tiene historias para escribir una novela de aventuras en el agua.

“El más difícil, el que más costó, fue recorrer el Canal de la Mancha ida y vuelta”, dice sin dudar un solo instante. “Muy duro. Fueron 24 horas y media, pero la dureza vino sobre todo por el frío, que el agua estaba más o menos a trece grados, y las corrientes, que eran muy, muy fuertes”, dice mientras enseña la carta náutica de aquel día, que demuestra que, lejos de ir en línea recta entre Dover (Inglaterra) y el Cabo Gris-Nez (Francia), dio una vuelta tremenda tanto para ir como para volver. El fuerte oleaje, que le obligó a hacer un esfuerzo extra, y la baja temperatura del agua hicieron que durante buena parte del trayecto de vuelta el nadador donostiarra actuara por inercia. “Ni me acuerdo de las últimas diez horas”, admite. “Acabé con una temperatura corporal de 32 grados. Muy duro”, repite.

No fue ese recorrido, sin embargo, el que protagonizó con el agua más fría, ya que dos años antes había recorrido el lago Ness en doce horas y dos minutos con un agua que estaba “entre seis y nueve grados”. Lo hizo, además, sin neopreno. “Fui el primero que lo consiguió a nivel mundial en esas condiciones. Y sin aletas ni palas. El agua estaba muy fría, pero fueron menos horas que el Canal de la Mancha. Fue duro, pero no tanto”.

Y es que Jaime Caballero destaca por su capacidad para aguantar temperaturas muy bajas, prácticamente extremas para nadar. “Aguanto el frío, tengo ese aguante”, dice, “lo he demostrado. Aquí en Donostia nado casi todos los fines de semana y lo hago a pelo. Al principio me duele todo, pero ya lo tengo súper asimilado, sé que va a ser así y luego se te va pasando el dolor. Es acostumbrarse”, dice con naturalidad Caballero, que para prepararse de cara al lago Ness fue a nadar a la Laguna Negra de Soria. En la prueba, se untó el cuerpo “con una especie de grasa, que es 70% vaselina y 30% lanolina, que es digamos la forma oficial de protegerte del frío. También tuve que engordar para aguantar mejor el frío”. Tras esas doce horas en el lago Ness, dijo que había sido “horrible, la travesía más dura” de su vida, pero dos años después el Canal de la Mancha desplazó al lago Ness al segundo lugar de su particular ránking de dureza.

El riesgo de hipotermia en las dos citadas travesías fue evidente. “Sí”, reconoce, “pero tengo el apoyo médico del doctor Arratibel y también del doctor Zaballos, que también es amigo. Me ayudan mucho”. Lo que aprovecha Caballero para reconocer la labor de todos los que le acompañan en estos retos: “Es muy importante tener un equipo como el que tengo, con muchos colaboradores que van en el barco. Para ellos no es fácil, porque ten en cuenta que un barco va parado a mi ritmo”.

las medusas, el otro gran enemigo Si el frío es un factor difícil de gestionar en algunas de las travesías de Jaime Caballero, más complicado resulta aún soportar continuas picaduras de medusas, tal y como le sucedió en otro de sus grandes retos, la vuelta a la isla de Ibiza. Travesía que completó en 37 horas, “aunque dividido en tres etapas”, aclara. Fue hace tres años. Fue un reto muy complicado desde el inicio. Una fuerte tormenta obligó a acortar el primer día. Al término de las siete horas que había estado en el agua, sus acompañantes reconocieron al donostiarra que, debido al fuerte oleaje, “lo habían perdido durante media hora”. “Yo no veía el barco, pero no pensaba que me habían perdido”, recuerda ahora.

A partir del segundo día comenzó el infierno con las medusas. “Es que mira cómo estaba el agua”, dice mostrando una fotografía que guarda en su móvil y en la que se ve el mar totalmente cubierto de medusas. “¿Cuántas me picaron? No sé, muchas, las que quieras. Acabé con todo el cuerpo marcado. Espalda, tripa, brazos, incluso la cara. Es que estoy todo marcado, hace unas semanas participé en una prueba en Ibiza y fue igual. Solo acabamos cinco”, dice para regresar a esa vuelta a Ibiza, 120 kilómetros en total, que completó hace tres años: “Acabé como si hubiera estado en una pelea de gladiadores”. Pero el donostiarra consiguió soportarlo: “Es una quemadura, cada picadura es un dolor muy intenso, pero luego se va pasando. Tengo ese aguante. Es como con el frío, el tema es aguantar de cabeza. Pensaba: Venga, una más, sigue”.

La mayor fuente de motivación fue entonces un buen amigo, Fran Otero, afectado de ELA y ya fallecido pero que entonces le dio fuerzas: “Todo el rato me acordaba de los afectados, sobre todo uno muy especial, que es Fran Otero, amigo y muy referente para mí. Había venido desde Coruña para estar conmigo y no podía fallar”.

Solo una vez abandonó Caballero un reto. Fue en 2014, cuando no pudo completar la distancia entre Jávea e Ibiza debido precisamente a las medusas y al fuerte oleaje. Muy duras debieron ser aquellas condiciones para tumbar a este gigante del mar.

siempre adelante El primer reto de Jaime Caballero fue cruzar el Estrecho de Gibraltar en 2005. Unos años después, en 2008, un tío suyo murió de ELA. “Al ver la crueldad de esa enfermedad pensé que tenía que hacer algo”, cuenta. Junto a otros amigos fundó la asociación Siempre Adelante y desde entonces nada para dar a conocer la enfermedad y recaudar fondos para la investigación. Desde hace un tiempo colabora con la fundación Francisco Luzón, creada por un afectado de ELA. “La asociación es parte importante de mi vida”, dice Jaime Caballero, que además tiene su trabajo: “Sí, sí, lo de la asociación y nadar es mi tiempo libre. Tengo que sacar horas antes de ir a trabajar, por la noche... pero esto me llena mucho. En invierno nado en la piscina, pero en primavera, cuando empieza a haber más luz, vengo al mar y pienso: Qué gozada”.

El lema del donostiarra y de su asociación es “Nado porque puedo, y por los que no pueden nadar”. Lo más curioso de todo es que Caballero, capaz de estar más de un día sin parar de nadar, no era de pequeño, ni mucho menos, un portento físico. “Era más bien potolete y torpe. Hacía natación, pero lo dejé con catorce años. Empiezas a salir, risas con los amigos, y hasta los 24 no hice absolutamente nada. Entonces dejé de fumar, retomé la natación y empecé a hacer travesías populares. En 2005 crucé el Estrecho de Gibraltar, vi que se me daba bien y hasta ahora. El deporte es fundamental para mí, más por mi salud mental que por mi salud física. Se convierte en algo adictivo, me paso por lo que sea tres días sin nadar y me encuentro mal”.

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