¡Bienvenido a la jungla de Guns N’ Roses!

Axl Rose, en el concierto que ofreció el grupo estadounidense en Bilbao el año pasado. (Juan Lazkano)

Reeditado con múltiples extras, rarezas y algún tema inédito el debut del grupo yanqui, uno de los discos más salvajes y definitorios del rock de las últimas décadas

Un reportaje de Andrés Portero - Domingo, 12 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Coincidiendo con el exitoso discurrir veraniego de esa gira interminable que les acercó a San Mamés hace algo más de un año, Guns N’ Roses han reeditado su debut, Appetite for destruction (Geffen. Universal), con el añadido de múltiples extras, rarezas, temas en directo y algún inédito. Las canciones de este álbum nunca superado por la banda, clásicos como Welcome to the jungle o Sweet child o’ mine, recuperaron para el rock la furia y el salvajismo bajo el liderazgo del macarra Axl Rose y la guitarra de Slash.

Evocar el nacimiento de Guns N’ Roses a mitad de los 80 supone rescatar muchos de los tópicos que acompañan el discurrir del rock’n’roll desde su nacimiento, lugares comunes ligados a la triada sexo, drogas y rock, al salvajismo, a las drogas, las peleas, los hoteles destrozados... En una década que tras la asimilación del punk y de la new wave volvía a estar dominada por el rock corporativo y destinado a adultos (AOR) o los sintetizadores, el maquillaje, los cardados y las vestimentas y la música de los Nuevos Románticos, ellos tiraron de tópicos (de forma natural, eran así, macarras y machistas) desde Sunset Strip, en Los Ángeles.

Tres décadas de su publicación, Appetite for destruction sigue sonando fresco y contundente en su sencillez roquera orgullosa. El trío original del grupo, compuesto por Axl Rose, el guitarrista Izzy Stradlin y un Tracii Guns que cogió la puerta para crear L. A. Guns, se había ampliado con Slash a la guitarra, Steven Adler a la batería y Duff McKagan, Rose, al bajo. Juntos grabaron un disco mítico, de espíritu punk aunque el quinteto alardeara en sus inicios de un cierto aire glam.

Bases sólidas, guitarras afiladísimas, melodías certeras, la voz chillona de Axl y una imagen atrayente (badanas, sombreros, guantes...) contribuyeron al éxito de unos Guns N’ Roses que poco tenían que ver con el hair metal descafeinado de coetáneos como Mötley Crüe, Cinderella o Poison. Lo confirma esta reedición de Appetite for destruction, un debut que sigue siendo la base de los conciertos de su gira estival de 2018 (Not in this lifetime pasó por Madrid y Barcelona) 31 años después.

jungla eléctrica El disco, con sonido muy mejorado, especialmente en la sección rítmica y en algunas guitarras cortantes, sigue sonando igual de fresco. Y su propósito se podría gritar más alto, pero no resultar más claro desde su primer tema, Welcome to the jungle: “Bienvenido a la jungla, tenemos diversión y juegos/disponemos de todo lo que necesitas, cariño, y sabemos los nombres/somos esa gente capaz de encontrar todo lo que necesitas/si tienes la pasta, cariño, tenemos tu enfermedad... estás en la jungla, vas a morir”, chilla Axl con la banda atronando detrás. La caña eléctrica (explícitamente sexual y drogota en ocasiones) sigue con It’s so easy o clásicos como Nightrain, Paradise city, la veloz y punk You’re crazy, el baladón Sweet child o’ mine... Hard rock de los 70 de espíritu punk que deja entrever el futuro del grupo al final con un Rocket queen con guiños psicodélicos que abría la puerta a la complejidad del fallido pero millonario Use your illusions.

El debut ha sido reeditado en formato doble con el añadido de un disco con caras B y rarezas que incluye hasta las maquetas de varios temas. Aunque el grupo se muestre en ellas algo verde y deslabazado en el dominio del ritmo, suponen una fotografía reveladora de sus primeros pasos en el estudio, que evidencian un sonido más crudo.

A este manjar para sus seguidores más devotos se añaden una versión inédita de Shadow of your love (quedó fuera de Appetite...), cortes raros como el acústico Patience y varios directos: uno con un sonido demoledor y otro, en el Marquee londinense y de audio más precario, pero que deja cortes impagables como su versión inicial de Knockin’ on heaven’s door y otra del Whole lotta Rosie, de AC/DC, con Axl en plan estrella.

La reedición, que en el doble CD está cuidada desde el protector del digipack, con la portada retocada y en su interior con el polémico y censurado dibujo de Robert Williams, se dispara en la caja de madera maciza Locked N’ Loaded Edition, que incluye cinco CD y siete vinilos, con extras de los EP y caras B, 25 maquetas inéditas, grabaciones de pruebas de November rain, versiones de Hearbreak Hotel, Mama Kin y Jumpin’ Jack Flash, litografías, monedas, un pañuelo... ¡Un festín para los adictos del grupo!

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