Cuando el turismo no tiene glamur

En la temporada estival son más frecuentes los comportamientos poco cívicos por parte de los turistas, aunque en Donostia sigan siendo excepción

Un reportaje de Arantxa Lopetegi - Sábado, 11 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Ha tenido y tiene Donostia una pátina de ciudad del turismo con glamur. Pero ocurre que cuando el volumen de visitantes aumenta, también se incrementan las opciones de que se den comportamientos poco elegantes.

En la temporada de verano la llegada de visitantes a la ciudad es masiva y cuando las fechas se aproximan a eventos multitudinarios se percibe en las calles la presencia de un turismo joven y, lógicamente, con la cartera menos llena y más ganas de divertirse sin tomar en cuenta muchos límites.

La llegada de la primera oleada de este tipo de turismo acostumbra a coincidir con las fiestas de San Fermín, cuando son muchos los jóvenes que se acercan a Donostia desde diversos puntos del planeta de paso hacia Iruña.

Camino a la capital de Navarra pasó unos días en la de Gipuzkoa un nutrido grupo de australianos, algunos de los cuales se alojaron en un piso de alquiler turístico en pleno centro de la ciudad.

Ana, vecina de un inmueble del corazón de Donostia, una tarde tras volver de trabajar se encontró con dos personas “de unos 40 años, no eran tan jóvenes” que trepaban por el andamio colocado para remodelar la fachada del edificio.

Habían salido por la ventana del apartamento que ocupaban hasta llegar a la cúpula del edificio y, de allí, continuaron trepando hasta llegar al pararrayos para, según dijeron, “disfrutar de la puesta de sol”.

Esta singular ocurrencia generó gran alarma entre vecinos y viandantes y, cuando acabaron de disfrutar del paisaje, abajo les esperaban varios ertzainas para pedirles cuentas.

“Nos llevamos un gran susto”, comentaba la vecina, que a su vez llamaba la atención sobre el riesgo que supone haber subido al andamio por encima de un sexto piso. “Si se llegan a caer ¿qué pasa?”, se preguntaba.

Pero este verano son más las “aventuras” que han querido vivir algunos turistas, los menos, que visitan Donostia. Recientemente los bomberos tuvieron que acudir a la desembocadura del Urumea donde dos personas decidieron, en torno a la media noche, bañarse, con el riesgo que ello supone.

Los viandantes que circulaban por la zona alertaron a los servicios de emergencia, creyendo que se hallaban ante una caída o un accidente, aunque finalmente los dos jóvenes salieron por su propio pie del agua.

Hace pocas jornadas circularon por las redes sociales las imágenes de un joven que trepaba por una fachada de la calle Matia, en el barrio donostiarra del Antiguo, para llegar a una ventana y acceder así a la vivienda que ocupaba.

Para ello, además de llegar hasta el primer piso, tuvo que pasar de un balcón a una ventana que permanecía abierta, accediendo al alféizar de la misma donde apenas podía poner el pie.

Hace pocos años también se hizo muy conocido el caso de dos turistas que decidieron descansar de la parranda en las rocas del Paseo Nuevo, de donde tuvieron que ser rescatados por un operativo montado a tal efecto.

Aunque la mayoría de las personas que llegan a Donostia disfrutan de la ciudad y de sus atractivos con total tranquilidad, estos casos aislados no dejan de tener eco entre los vecinos de la ciudad que, en ocasiones, acogen estas “gestas” entre risas y, en otras, francamente indignados.

Lo cierto es que, al menos, lo que conllevan es el desplazamiento de servicios de emergencia, que han llegado a expresar su malestar por tener que realizar este tipo de intervenciones derivadas de comportamientos inconscientes.multas El Ayuntamiento de Donostia ya ha tomado cartas en el asunto para establecer un sistema de tasas que, en cierta forma, castigue a las personas que reclamen la actuación de emergencias, haciendo referencia a los bomberos, por mala praxis.

Las multas a abonar oscilan entre los 230 y los 1.000 euros, según sea la actuación a la que tengan que responder los bomberos.

Pese a todo, el porcentaje de actuaciones de los bomberos que responden a este comportamiento es muy pequeña. Como en su día subrayó el concejal de Seguridad Ciudadana y Protección Civil del Consistorio donostiarra, Martin Ibabe, “solo cerca del 1% de las 2.000 intervenciones que llevan a cabo los bomberos en un año”.

Los supuestos que se contemplan a la hora de establecer las multas son varios, aunque se presta especial atención a los servicios que se llevan a cabo en la línea de costa, donde ya existe la señalética que informa de la prohibición de adentrarse en rocas, escolleras y otros puntos.