Tribuna abierta

Los derroteros de la política actual

Por Josu. Montalbán - Viernes, 10 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

¿Por qué derroteros andan nuestros políticos y nuestros gobiernos o representantes públicos? No seré yo el primero que piense que nuestras ideologías y doctrinas clásicas pasan por una crisis profunda, pero soy de los primeros en advertir, con mucha pena, que las formaciones políticas están abandonando los principios ideológicos clásicos no porque sean antiguos o por que sean inservibles, sino porque ejercerlos y ponerlos en práctica suponen un grado de compromiso social que los actuales líderes no parecen dispuestos a asumir. De pronto ya no sirven para casi nada las ideologías, sean de izquierdas o de derechas. Ya no hay conservadores ni liberales, no hay socialistas ni comunistas ni anarquistas, ni siquiera existen las posturas ideológicas mestizas o entremezcladas: socialdemócratas, socio-liberales o demás… Y ello ha hecho que quienes nos representan en las instituciones públicas respondan a apelativos tan poco significativos como “podemos” o “ciudadanos” o “comprometidos”, o a “plataformas cívicas” o a “alianzas diversas” o a “movimientos” varios… Y por fin no faltan quienes se bautizan con sugerentes términos que no tienen nada que ver realmente con la Política, como Liga Norte o Movimiento Cinco Estrellas, en Italia, y otros tantos grupos que han huido de los términos clásicos y normales en la nomenclatura política, probablemente para no someterse ni a los ideales y principios sociales, ni al juicio de la Política.

Ahora son mucho más importantes los liderazgos individuales que las ideas sociales y políticas. Los “principios” que sustentan dichos liderazgos están fundados en muchos casos en el físico afortunado de los líderes (cuyo patrón no tiene por qué ser la belleza sino cualquier peculiaridad del carácter);en la oportunidad de algún momento o situación que haya impactado en las vidas de los ciudadanos;en una propuesta muy concreta que siga los deseos y pretensiones ciudadanas aunque tales respondan a cualquier reacción ante una evolución complicada, conflictiva o incómoda… Europa está llena de partidos y formaciones políticas cuyos nombres no tienen nada que ver con la Política clásica. Sin embargo los Estados siguen estando gobernados por gobiernos y parlamentos clásicos, mediante formas igualmente repetidas en el tiempo, pero los partidos no quieren nutrirse de las viejas ideologías, no porque las juzguen inservibles o inútiles, sino porque ponerlas en vigor produce incomodidades e inconveniencias a la mayoría de los ciudadanos que viven cómodamente instalados en los niveles de bienestar que las viejas ideologías les han favorecido y suministrado.

¿Dónde quedaron la lucha de clases, o la lucha contra las desigualdades sociales, que siguen generando parias de la Tierra, aquellos de los que habla La Internacional? ¿Dónde ha quedado la propia Internacional, que fue el himno oficial de los trabajadores de todo el mundo, que data del último cuarto del siglo XIX?

Si se hubieran superado las injusticias o los desequilibrios económicos y sociales que motivaron su razón revolucionaria, cabría prescindir de ella, pero las desigualdades e injusticias persisten, y los pobres de la Tierra lo son a perpetuidad, entre otras cosas porque la Política no acude en su auxilio con la debida contundencia. La Internacional, que fue en su gestación un himno revolucionario y clandestino no solo protagonizó revueltas y huelgas de trabajadores que se sentían vulnerados en su condición humana y en sus derechos laborales, sino que constituyó el hábitat ambiental de quienes veían a los pobres y sentían un dolor que les hacía gritar y vocear consignas en favor del Hombre Nuevo. Si la letra original fue diseñada en francés, como correspondía a la nacionalidad de sus compositores, muy pronto fue traducida a casi todos los idiomas del mundo para constituirse en un himno universal.

Ciertamente, quizás por el desarraigo de quienes más enraizados debiéramos estar en ella, La Internacional ha dejado de ser un himno para convertirse en una reliquia que, poco a poco, va siendo desterrada del catálogo de símbolos de la izquierda social y política. Fue un “himno universal” porque la patria del género humano no es esta o aquella, y todos los lugares de la Tierra en que viven y conviven los humanos han de tener las mismas condiciones de vida, de fraternidad, de justicia, de igualdad… Lenin, ya defenestrado por los izquierdosos a los que solo les alcanzaron las formas pero no el fondo de la lucha de clases, encontraba razones profundas para seguir los impulsos de La Internacional: “Sea cual fuere el país en que recale un obrero consciente, fuese cual fuere el lugar al que lo empuje el destino, sea cual fuere su sentimiento de ser un extranjero, privado de idioma y de amigos, lejos de su patria, puede encontrar camaradas y amigos gracias a la canción familiar de La Internacional”. Y aunque es verdad que el texto ha sido matizado, y alterada su letra en base a hipersensibilidades algo diferentes, el himno ha venido manteniendo su esencia para que los obreros, y los más humildes en el escalafón humano, siguieran manteniendo su unidad reivindicativa en la lucha social.

¿Qué nos está quedando? Apenas nada porque incluso ha sido pisoteado el auténtico sentido del término “democracia”, que es ahora el sistema de gobierno más comúnmente defendido. Por cierto, un sistema cuyo principio de actuación más acendrado es actuar sobre la Economía del modo más tenue, más liberal y menos exigente, creando leyes que permitan la asignación de recursos a la Economía, que protejan los derechos de propiedad, que defiendan el “libre mercado”, siempre desde la creencia de que los gobiernos no deben interferir en las vidas de las personas. Si esta ha de ser la norma con que nos rijamos, ¿para qué sirven las ideologías que han llegado hasta hoy sustentadas en pasajes históricos tan diversos? El capitalismo es el único principio ideológico que nos rige, si bien mínimamente moldeado para conseguir que los perjuicios sociales inherentes a él no tengan consecuencias catastróficas que justifiquen drásticas revoluciones. La Economía se ha convertido en la única razón para obrar de uno u otro modo, por eso las diferencias económicas entre los ricos y los pobres, cada vez más evidentes, están marcando las líneas políticas que cada partido político desarrolla, débilmente, cuando arriba al poder.

Los partidos políticos se han desarmado ideológicamente porque no saben bien cuál ha de ser el punto de destino. Sí lo sabe, sin embargo la derecha, que nada a favor de corriente en España, solo afectada por las consecuencias de la brutal corrupción que se instaló en sus filas con gran descaro mientras practicaban su laissez faire particular. Pero la izquierda española también sobrevive desarmada ideológicamente, asustada ante el “populismo oportunista” de Podemos, que sirve para cicatrizar y cerrar heridas pero no para curar enfermedades.

Las ideologías de izquierdas han de servir para construir sociedades justas y favorecer las vidas dignas de las personas. El populismo, que algunas veces se quiere camuflar tras disfraces ideologizados, no llega siquiera a ser un remedio temporal para los males que nos acechan… ¡Ah! No lo he advertido suficientemente, y debería haberlo hecho, que la derecha sociopolítica no se sustenta en ideología alguna, se sustenta en intereses y en caprichos propios de aquel laissez faire que a mí me parece abominable.