Entre la salud y el empleo

Vecinos de los municipios de la bahía crean una coordinadora para denuncar los “perjuicios” del puerto

Un reportaje de Jorge Napal. Fotografía Iker Azurmendi - Jueves, 9 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

Las llamas del incendio se apagaron la semana pasada pero el debate se aviva conforme pasan los días. El tráfico de mercancías durante el primer semestre del año ha registrado un incremento del 7,2%, lo que sitúa a la dársena guipuzcoana por encima de la evolución media del conjunto de los puertos del Estado. Una inyección económica que tiene su contrapartida para los vecinos más próximos a la bahía, que viven divididos entre los defensores del empleo a toda costa y quienes denuncian el foco de contaminación continua.

El incendio ha espoleado a parte de la ciudadanía que mostraba su hartazgo, y que ha constituido la coordinadora Badian Bizi!, que presentarán hoy públicamente en Lezo. Denuncian los “perjuicios que los trabajos de carga y descarga” “provocan en la salud y en la calidad de vida”.

No es precisamente sencillo buscar un equilibrio entre la actividad de la dársena y la seguridad de los vecinos teniendo en cuenta las características de la mercancía que se manipula a diario en una de las áreas más deprimidas de Gipuzkoa, que convive entre toneladas de chatarra, virutas de hierro y la contaminación acústica del trasiego constante de vehículos.

Sin daños personales

El detector de partículas contaminantes del Gobierno Vasco instalado en Lezo registró el jueves niveles desconocidos, un nuevo episodio que ha acabado por agotar la paciencia de quienes llevan años haciendo de tripas corazón. “Unos meses antes se registró otro incendio de viruta fina alimentado por la taladrina, que no trascendió porque ocurrió de noche y lo pudieron sofocar. Encendieron los focos y pudo ser controlado. Es lo que hay. La porquería la vamos a seguir tragando, y no hay más que ver los balcones y muchos coches para apreciar el nivel de contaminación que seguimos soportando”, denuncia una vecina de Lezo. La mujer, una semana después, guarda en sus retinas muy viva la imagen de las llamas de quince metros de altura que se alzaron enloquecidas.

Pero el municipio se divide a la hora de hacer una lectura de la situación. “¿Y si cerramos las empresas, de qué vamos a comer? Si hay descarga de chatarra, hay contaminación. Nadie quiere respirar aire contaminado, pero hay que asegurar el sueldo”, decía una mujer consultada por este periódico. “No hay más que ver la de empresas que se han cerrado en Lezo… ¿Eso es lo que queremos? La gente exagera. Es chatarra y hubo fuego. Es verdad que tras el incendio hubo partículas en el aire y que picaba la garganta, pero no hubo que lamentar ningún daño personal. Yo creo que la gente exagera”, opinaba a escasos metros del Ayuntamiento, donde una veintena de personas se manifestó con máscaras el jueves pasado, pidiendo cuentas por lo ocurrido a Jesús Martiarena, alcalde jeltzale del municipio.

El máximo regidor de la localidad ha sido criticado durante estos días por un sector de la población que le acusa de tibieza en sus manifestaciones. “En ningún momento quise decir que no era contaminante la densa columna de humo, pero también es verdad que hay que señalar que ninguna persona ha sido atendida en ningún centro de salud tras el incendio”, precisa Martiarena a este periódico. “Sin ningún ánimo de entrar en polémicas”, entiende que “lo más sensato y responsable” es aguardar a que concluya la investigación y que se emitan los informes pertinentes.