El incendio en el Puerto de Pasaia desata una guerra entre seguros que “se alargará en el tiempo”

Entre la documentación analizada no se ha detectado ninguna anomalía en el proceso de traslado de la mercancía
El buque zarpó el martes por la noche y los operarios ya han procedido a la descontaminación del muelle mediante una barredora que ha recogido la ceniza que cubría el área portuaria

Jorge Napal Iker Azurmendi - Jueves, 9 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h.

lezo - No hay un solo documento que haga sospechar anomalía alguna en el traslado de la mercancía y en el proceso de carga y descarga de la chatarra que ardió como nunca lo había hecho en el área portuaria de Pasaia. La investigación abierta para esclarecer lo ocurrido no ha dado por el momento con ninguna pista que explique qué pudo alimentar un fuego que puso en jaque durante ocho horas a los bomberos y alarmó a la población a varios kilómetros a la redonda. No hay un solo papel que certifique negligencia alguna, pero sí existe el convencimiento de que lo ocurrido “no es normal”. La incógnita aún por despejar preludia una guerra entre seguros que, según fuentes cercanas a la investigación, “se alargará en el tiempo”.

Una semana después del incendio, la montaña de vehículos devorados por el fuego continuaba ayer intacta en el muelle del puerto de Pasaia, situado dentro del término municipal de Lezo. No se moverá un solo hierro hasta que no se esclarezca lo ocurrido. La grúa de 16 toneladas que hace una semana lanzaba a la desesperada con una cuchara 21.000 litros de agua descansaba ayer como una jirafa aletargada. El ritmo de trabajo en el ámbito portuario lo imprimía una excavadora que, en un ir y venir frenético, cargaba viruta de chatarra sobre la tolva de un camión que poco después cogía la N-636 a la altura de la salida hacia Lezo-Errenteria.

La densidad del tráfico era la habitual en este punto de la red viaria, nada que ver con el colapso que provocó la densa humareda negra que se alzó al cielo el jueves pasado, dejando de un pasmo a cientos de conductores que se aferraron al volante sin dar crédito. “De la que nos libramos gracias al viento”, comentaba ayer un operario rememorando el soplo de aire del este que desplazó la porquería hacia Donostia. El nubarrón negro se plantó en medio del cielo azul de la Bahía de La Concha, pero no era agua lo que traía.

La meteorología ha vuelto a ser cómplice estos días posteriores al siniestro en los que se ha procedido a la descontaminación del muelle. Las intensas lluvias previstas para esta pasada noche habrían supuesto un serio contratiempo por el curso imprevisible que podían haber tomado las partículas contaminantes. “Hemos utilizado una barredora para recoger la ceniza pegada al suelo. Qué duda cabe que el buen tiempo de estos días ha facilitado el trabajo”, confesaba un trabajador del puerto.

Con respecto al escenario de estos días atrás, lo único que ha cambiado es que ya no está en Pasaia el buque Christine, el mismo que descargó las 2.000 toneladas de chatarra procedente del puerto inglés de Newhaven.

Zarpó durante la madrugada del martes, depositando sobre el área portuaria el resto de vehículos prensados que continuaban en la bodega. El buque, poco después de desatarse el fuego a las 12.00 horas del jueves pasado, tuvo que ser trasladado a otro muelle por seguridad y para facilitar el trabajo de los dos remolcadores que utilizaron sus lanzas contraincendios de forma ininterrumpida durante todo el proceso de extinción, que se prolongó durante ocho horas.

Un remolcador de guardia supervisó el martes todo el operativo de descarga del resto de mercancía, que concluyó sin contratiempos. El buque ha zarpado dejando tras de sí un interrogante que, como el humo negro, se alza empujado por el viento. “Todavía no sabemos en qué términos puede plantearse la batalla judicial. Desde luego que no había ningún motivo para que el buque continuara amarrado. Esa es una medida que solo podría decretarse en el caso de que el barco supusiera en sí una amenaza. Lo único que sabemos por el momento es que todo el siniestro ha ocurrido entre empresas solventes, que hay una guerra de seguros de por medio y de que hay que buscar un responsable”, indican las mismas fuentes.

La documentación que ha sido sometida a una exhaustiva revisión no revela nada extraño en todo el proceso de transporte de la mercancía. Las imágenes de las cámaras de seguridad del área portuaria tampoco recogen nada extraño. Los trabajadores actuaron conforme al protocolo establecido. Pero nadie puede asegurar, según apuntan las fuentes consultadas, que no haya podido existir una negligencia por parte de los vendedores de la chatarra. “Por ejemplo, que no se le hubiera vaciado el depósito de gasolina a uno de los vehículos prensados”.

Incluso dando por bueno ese extremo, han tenido que intervenir otros factores que expliquen cómo es posible alimentar un fuego tan voraz entre toneladas de hierro. “Al margen de que alguien, por descuido o desidia, haya podido introducir en la cadena un depósito lleno de gasolina, es posible que se hayan dado una serie de circunstancias extraordinarias: un calor excesivo que pudo calentar muchísimo el acero, una chispa fortuita, algún residuo… todavía no lo sabemos. Lo que es evidente es que no se trata de un error de bulto porque ante la mínima sospecha no hay ningún barco dispuesto a echarse a la mar con una tripulación de diez personas, conscientes de que trasladan una mercancía ilegal”.

¿Incendio fortuito o error de bulto? La pregunta, como el humo que tiñó de negro el cielo, se alza sin respuesta. “Esto no es normal, alguien se ha tenido que equivocar”, indicaba ayer un trabajador poco después de finalizar su jornada laboral.